lunes, 12 de noviembre de 2018

Beata Ana Catalina Emmerick. Capítulo XXV, visiones del anticristo y triunfo de la Iglesia (1-2)

Las profecías hemos de tomarla en serio; lo que nos muestra la Beata Ana Catalina Emmerick, coincide también con las revelaciones de Santa Catalina de Siena, los diálogos que tuvo con Jesús, y la gran preocupación de San Pío de Pietrelcina, que reflexionando lo que Cristo le reveló, estamos siendo testigos de ello, el mal que hay en la Santa Madre Iglesia Católica, el rechazo de Benedicto XVI como auténtico Papa, que nos estaba encaminando a la Tradición Apostolica, no pudieron soportarlo los lobos, que tuvieron que echarle a un lado, porque les era un estorbo para los planes perversos. 

Jesús sufre mucho, la Iglesia sufre con Cristo, los fieles cristianos que son los bautizados por el sacramento de la Iglesia Católica, sufren mucho. 

Semanalmente fui comprando los tomos, con un importante descuento, hoy día es difícil de encontrar. Parecía que yo era el único que lo compraba en la ciudad donde resido, pues solamente recibían un ejemplar, y lo fui completando. 



Año 2012:
1ª Entrega: Volumen  I -  15 de abril  -   318 páginas.
2ª Entrega: Volumen II -  22 de abril  -   421 páginas.
3ª Entrega: Volumen III - 29 de abril . - 470 páginas.
4ª Entrega: Volumen IV - 6 de mayo -   486 páginas.
5ª Entrega: Volumen V - 13 de mayo -   458 páginas.





Antes de esta colección tenía otras ediciones, pero no estaban completa, y las editoriales, tampoco tenían ese ánimo.
 
 


Bien, como la situación de la Iglesia Católica está bastante complicada, porque muchos cristianos han perdido el amor por la oración, viven vida disipada, como si para ellos, Dios no existe, pero tampoco, la Sagrada Biblia, y no se interesan en su corazón por conocer más profundamente la Palabra de Dios. Es como si le hubieran cogido repentinamente, pues no estaban preparados para lo que le viene al mundo encima. El mundo entero también va a padecer espantosamente, el castigo que el Señor, ya nos ha advertido de lo que sucederá. Desconocer los signos de los tiempos, llevan al alma a la apostasía, a la desesperación, a la angustia, no tienen esperanza pues no tienen fe. 

El capítulo 25 de esta obra de la Beata Ana Catalina, también nos habla del triunfo de la Iglesia Católica. El Corazón Inmaculado de María es el triunfo de la Iglesia, y el terror de los impíos y de todos los demonios. 

  • «He visto al Papa en oración rodeado de falsos amigos, que muchas veces hacían lo contrario de lo que se les mandaba. » 
Es el momento de comenzar este capítulo:


 





Beata Ana Catalina Emmerick
Introducción
  • Entre el cúmulo de visiones de sucesos pasados y presentes, en algunos de los cuales interviene misteriosamente Ana Catalina, se alude reiteradas veces a la lucha de los poderes de las tinieblas contra los hijos de la luz. Algunas pueden ser consideradas proféticas, porque se refieren a acontecimientos ocurridos con posterioridad a la muerte de la vidente y a nuestra época (entonces final de la guerra de 1939). Entre otras, háyanse cuadros que juzgamos apocalípticos, como los que describen la desolación de la tierra, la apostasía de las masas, las tribulaciones de los cristianos bajo el reinado del Anticristo y el Triunfo glorioso de la Iglesia de Cristo.
  • La visión de la bestia del mar es semejante a la consignada en el Apocalipsis, con el añadido, sobre el texto canónico, de que el monstruo tiene cola de pez y varias cabezas que forman como una corona en torno de la mayor. Las notas en las páginas contribuyen a identificar algunas de estas escenas con las de San Juan, cuyo maravilloso libro era desconocido por la estigmatizada de Dülmen.





1. Maquinaciones de los malvados contra la Iglesia

(Octava de Navidad de 1819)



Ví a la Iglesia de San Pedro y a una gran multitud de hombres afanados en destruirla, mientras otros trabajaban en restaurarla. Los trabajadores estaban esparcidos por todo el mundo y me admiraba la conformidad de sus trabajos. Los obreros que trataban de destruir el templo, arrancaban pedazos del mismo; entre éstos distinguí a muchos herejes y apóstatas. Trabajaban de acuerdo a ciertas reglas los que llevaban mandiles blancos, con bolsillos, bordeados con bandas azules y llanas sujetas a la cintura. 

(Fotos en distintas fuentes de Internet)



 


Estaban vestidos con toda clase de trajes; entre ellos había hombres altos y corpulentos, con uniformes y estrellas; pero éstos no trabajaban, sino que indicaban en los muros, con la llana, dónde y cómo habían de demoler. Vi con espanto que entre ellos había sacerdotes católicos. 

 


 
 
 


A veces, cuando no sabían cómo demoler, se acercaban a uno de los suyos, que tenía un gran libro, en el cual parece que estaba indicado cómo estaba hecho el edificio y la manera de derribarlo. Después señalaban con la llana una parte de él, para que fuera destruida, la cual, en efecto, se derrumbaba. Los que derribaban el edificio, obraban tranquila y seguramente, pero con timidez, secretamente, puestos como en acecho.

He visto al Papa en oración rodeado de falsos amigos, que muchas veces hacían lo contrario de lo que se les mandaba. Vi a un hombre malvado, negro y de baja estatura, trabajar muy activamente contra la iglesia. Mientras el templo era destruido por éstos en alguna parte, lo reedificaban otros por otra parte, pero sin energía ni vigor. Vi a muchos eclesiásticos a quienes conocía, entre ellos el Vicario General, cuya vista me causó mucha alegría. Pasó sin turbarse por entre los demoledores y dispuso lo necesario para la conservación y restauración del templo. Vi también a mi confesor llevar una gran piedra, dando un buen rodeo.


Vi a otros sacerdotes, perezosos, rezar las horas con su breviario y llevar, muy de tarde en tarde, alguna piedrecita bajo los hábitos o alargársela a otros. Parecía que ninguno tenía confianza ni gusto en el trabajo, puesto que trabajaban sin dirección y sin saber lo que hacían. Aquello era aflictivo. Ya estaba destruida la parte anterior de la iglesia y no quedaba en pie más que el Sagrario. Yo estaba muy triste, pensando dónde se hallaría aquel hombre con veste roja y bandera blanca, que se me había representado otras veces sobre la misma Iglesia, salvándola de la destrucción.


2. La Santísima Virgen Protege la Iglesia
 



Entonces ví a una gran Señora, llena de majestad, que venía por la gran plaza que hay delante del templo. Tenía un manto extendido, sujeto con ambos brazos y se movía apaciblemente en el aire. Se detuvo en lo alto de la cúpula y extendió su manto, que brillaba como el oro, sobre todo el recinto de la iglesia. Los demoledores dejaron de trabajar en aquel momento. Quisieron proseguir su obra de destrucción, pero no pudieron acercarse al espacio protegido por el ancho manto. Entretanto los que trabajan en reedificar la iglesia, mostraban extraordinaria actividad. Vinieron muchos hombres oscuros, ancianos e impedidos y muchos jóvenes vigorosos; mujeres y niños, sacerdotes y seglares, y muy pronto estuvo casi del todo restaurada la iglesia.

Vi venir un nuevo Pontífice en procesión, era mucho más joven y enérgico que el anterior. Fue recibido con gran solemnidad. Parecía que iba a consagrar la Iglesia, pero oí una voz que decía que el templo no necesitaba nueva consagración, pues la parte principal de él, el tabernáculo, no había sido destruido. Debía celebrarse una doble fiesta en toda la Iglesia: un jubileo universal y la restauración de la Iglesia. Antes que el Papa comenzara la fiesta, había preparado a los suyos y estos expulsaron de la asamblea, sin contradicción ninguna, a una multitud de eclesiásticos, unos de mucho rango, otros de poca significación, los cuales salieron murmurando, llenos de cólera. 


  • Benedicto XVI tomó el timón cuando el escándalo del abuso sexual por parte de sacerdotes se hizo público.

  • Este impío participó en distintos rituales paganos, como consagración a los espíritus inmundos, con la brujería, la hechicería. 

La Santa Sede reconoció que el papa Benedicto XVI expulsó entre 2011 y 2012 a cerca de 400 sacerdotes por asuntos relacionados con abuso sexual a menores. 

El Pontífice tomó a su servicio a otros eclesiásticos y también a seglares, donde empezó la gran solemnidad de la Iglesia de San Pedro. 

  • Vi a otros sacerdotes, perezosos, rezar las horas con su breviario y llevar, muy de tarde en tarde,
No es la Iglesia de Cristo, la Beata lo llama una iglesia maldita, es la anti iglesia. Que más adelante, si Dios quiere, también podremos reflexionar sobre ese punto. 

La ocupación más importante de todo cristiano, es consagrarse a la vida de oración, porque uno no se consagra a Dios para luego vivir con las prisas del mundo, y que nuestra entrega a Dios será más perfecta, cuanto nos dedicamos a la oración con perseverancia. No nos ayuda las prisas en la oración. 

[Continuará]


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