La fe se ha perdido en muchos , porque la iniquidad esta creciendo.
Pío XII lo calificó de “signo de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana” (discurso del 18/II/58).
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Biblioteca de Autores Cristianos. BAC. 171. MMXIX OBRAS COMPLETAS DE SAN AGUSTÍN, XVI LA CIUDAD DE DIOS, (1º) CAPÍTULO XXII La muerte voluntaria nada tiene que ver con la fortaleza de ánimo 2. Pero lo cierto es que muchos se quitaron la vida para no caer en manos de los enemigos. No preguntamos ahora si esto se realizó, sino si esto debió haberse realizado. El sano juicio debe ser antepuesto a los ejemplos. Son éstos los que están de acuerdo con aquél, y son tanto más dignos de imitación cuanto son de una religiosidad más excelente. No se han dado muerte los Patriarcas, ni los Profetas, ni los Apóstoles, ya que Cristo, en la advertencia de huir de una ciudad a otra en tiempos de persecución (Mt 10,23), les pudo aconsejar que muriesen a sus propias manos antes de caer en las del perseguidor. Cristo ni ordenó ni aconsejó que los suyos partiesen así de esta vida: él mismo prometió que a los que partían de aquí les prepararía unas moradas eternas (n 14,2). Así que, por más ejemplos que pongan en contra los gentiles, desconocedores de Dios, el suicidio es claramente ilícito para quienes dan culto al único Dios verdadero.
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Ningún cristiano que tiene su corazón bien ordenado a la Voluntad de Dios, ninguno comete el suicidio. Sino aquellos que no conocen a Dios porque lo rechazan. Todos pueden conocer a Dios, si así lo quieren y dispuestos a obedecerle con plena libertad.
De cierto que son hijos de Satanás los que procuran la muerte de otras personas, suicidio asistido, eutanasia, aborto. Tormentos eternos para todos los que han empujado, y nunca se suele hacer por amor, sino por un profundo odio a las personas.
La eutanasia son sacrificios a los demonios, el aborto son gravísimos crimenes.
Cuando el alma lleva una vida sin Dios, les sucede terribles desgracias. Al quitarse la vida, creen que ahi se termina todo. Pero con la muerte provocada con asistencia, o sin asistencia. En torno a esas almas, están los esppíritus malignos, no lo ven, pero le gritan muchas veces, que se suicide. Los demonios desean la muerte a todos aquellos con el suicidio asistido, la eutanasia, son ateos al servicio de los demonios.
Al demonio no les convienen que los ateos crean en ellos, son necios, e incapaces de comprender algo.
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5 Ciegos ven, cojos
andan, leprosos son curados, sordos oyen, muertos resucitan, y pobres son evangelizados; 6 y
dichoso el que no se escandalizare de Mí!” (San Mateo XI, 5) Comenta Straubinger: * 5. En vez de larga respuesta, Jesús muestra a los enviados los
prodigios que estaba obrando cuando ellos llegaron, y les prueba de este modo
que Él es el Mesías, en quien se han cumplido las profecías (Isaías 35, 5 s.;
61, 1).
* 6. Dichoso el que no se
escandalizare de Mí: Es decir, dichoso el que sabe reconocer que las
precedentes palabras de Isaías sobre el Mesías Rey se cumplen realmente en Mi
(cf. Lucas 4, 21 y nota), y no tropieza y cae en la duda como los demás,
escandalizados por las apariencias de que soy un carpintero (Mat 13, 55; Marcos
6, 3), y porque aparezco oriundo de Nazaret siendo de Belén (Mateo 21, 11; Juan
7, 41 y 52), y porque mi doctrina es contraria a la de los hombres tenidos por
sabios y virtuosos, como los fariseos. Dichoso el que cree a pesar de esas
apariencias, porque ve esas obras que Yo hago (Juan 10, 33; 14, 12) y esas
palabras que ningún otro hombre dijo (Juan 7, 46), y juzga con un juicio recto
y no por las apariencias (Juan 7, 24). Porque los que dudan de los escritos de
Moisés y de los Profetas (Juan 5, 46) no creerían aunque un muerto resucitara y
les hablase. (Lucas 16, 31). ¡Y esto les pasó aún a los apóstoles con el mismo
Jesús resucitado! (Lucas 24, 11). Dichoso el que sabe reconocer, en esa felicidad
hoy anunciada a los pobres y cumplida en estos milagros, las profecías
gloriosas sobre el Mesías Rey que, junto con dominar toda la tierra (Salmo 71,
8), tiene esa predilección que Yo demuestro por los pobres (Salmo 71, 12 ss.;
Lucas 4, 18). Dichoso, en fin, el que, al pie de la Cruz, siga creyendo
todavía, como Abrahán, contra toda esperanza (Romanos 4, 18), como creyó mi
Madre (Lucas 1, 45; Juan 19, 25 y nota) y comprenda las Escrituras según las
cuales era necesario que el Mesías padeciese mucho, muriese y resucitase (Lucas
24, 26 s. y 45 s.; Juan 11, 51 s.; Hechos 3, 22 y nota). Por eso nadie puede ir
a Jesús si no le atrae especialmente el divino Padre (Juan 6, 44), porque es
demasiado escandaloso el misterio de un Dios víctima de amor (I Corintios 1,
23). Por eso muchas veces, aunque nos decimos creyentes, no creemos, porque
somos como el pedregal (Mateo 13, 21). Véase Lucas 7, 23 y nota. |
Pero al demonio no podemos vencerle con nuestras propias fuerzas, es vencio cuando con confianza acudimos a Iesus por intercesión de María Santísima. Ella nos ayuda, ruega por nosotros y los demonios huyen, pero esto se consigue con el corazón bien dispuesto. Ninguno se suicida cuando la devoción a María Santísima es verdadera. Las dudas no sirven para nada. ´
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San Mateo XI, 28-30 28Venid
a Mí todos los agobiados y los cargados, y Yo os haré descansar. 29Tomad
sobre vosotros el yugo mío, y dejaos instruir por Mí, porque manso soy y
humilde en el corazón; y encontraréis reposo para vuestras vidas. 30 Porque
mi yugo es excelente; y mi carga es liviana.” Comentario Straubinger: 28. No sólo los muy agobiados;
también todos los cargados, para que
la vida les sea llevadera. * 29. Nótese que no dice que
soy manso, sino porque soy manso.
No se pone aquí como modelo, sino como Maestro al cual debemos ir sin timidez,
puesto que es manso y no se irrita al vernos tan torpes. * 30. El adjetivo griego "jrestós" que Jesús aplica a su yugo, es el mismo que se usa en Lucas 5, 39 para calificar el vino añejo. De ahí que es más exacto traducirlo por “excelente”, pues “llevadero” sólo da la idea de un mal menor, en tanto que Jesús nos ofrece un bien positivo, el bien más grande para nuestra felicidad aun temporal, siempre que le creamos. El yugo es para la carne mala, mas no para el espíritu, al cual, por el contrario, Él le conquista la libertad (Juan 8, 31 s.; II Corintios 3, 17; Gálatas 2, 4; Santiago 2, 12). Recordemos siempre esta divina fórmula, como una gran luz para nuestra vida espiritual. El Evangelio donde el Hijo nos da a conocer las maravillas del Eterno Padre, es un mensaje de amor, y no un simple código penal. El que lo conozca lo amará, es decir, no lo mirará ya como una obligación sino como un tesoro, y entonces sí que le será suave el yugo de Cristo, así como el avaro se sacrifica gustosamente por su oro, o como la esposa lo deja todo por seguir a aquel que ama. Jesús acentúa esta revelación en Juan 14, 23 s., al decir a San Judas Tadeo que quien lo ama observará su doctrina y el que no lo ama no guardará sus palabras. Tal es el sentido espiritual de las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (13, 44 ss.). Del conocimiento viene el amor, esto es, la fe obra por la caridad (Gálatas 5, 6). Y si no hay amor, aunque hubiera obras, no valdrían nada (I Corintios 13, 1 ss.). Todo precepto es ligero para el que ama, dice San Agustín; amando, nada cuesta el trabajo: Ubi amatur, non laboratur. |
El Señor nos quita las cargas pesada, que rechacemos todo lo malo de nuestro interior.
Pero la realidad es que la mayoría no
quieren acudir a Nuestro Señor, porque se ve que se acostumbran a estar
sometido al príncipe de las tinieblas.
Recientemente un desconocido me dijo: “Yo no creo en tu Dios”, se ríen, se burlan, desprecian, y con el tiempo acaban en la más terrible desesperación.
Los ignorantes dicen: “Hay que rezar por esas almas”. Las oraciones por los suicidas nunca fue enseñada por el Magisterio Tradicional de la Iglesia. Tampoco se celebra ninguna misa por ellos, fueron juzgados y condenados por el Justo Juez. El suicida es un criminal, pecó contra el 5º Mandamiento de Dios, que es no matar, el homicidio y el suicidio significa lo mismo.
Anteriormente tratado:
Primera parte ⫸
Segunda parte ⫸ San Antonio de Padua, doctor de la Iglesia y San Vicente Ferrer: A donde empuja el suicidio, ¿Qué eternidad les espera? (2)
tercera parte ⫸
cuarta y última parte ⫸ San Antonio de Padua, doctor de la Iglesia y San Vicente Ferrer: La doctrina católica prohíbe el suicidio. (4º y último)





