Tengo el siguiente sermón en una de las obras completas de San Agustín. Está publicado también en el sitio web de los agustinos.
Los buenos pastores tienen sus corazones bien dispuesto a la obediencia de la Voluntad de Dios. En las Santas Escri.turas nos habla de los pastores que hacen la obra de Dios con negligencia, hoy día los malos pastores son modernistas.
En los tiempos del profeta Samuel habían sacerdotes que se dedicaban al cuidado del Tabernáculo, que al faltarles ese amor a Dios y reverencia pecaron mucho, pero sufrieron castigo terrible en manos de los enemigos. Estos sacerdotes también hicieron sufrir a muchos israelitas que querían honrar a Dios.
Leí en una publicacion religiosa por los años 80 del siglo XX, que San Francisco de Asís le propusieron un día ser sacerdote, y respondió que para serlo tenía que ser como un ángel de Dios, con toda pureza, transparente, y él no se veía asi. Pero tennía un inmenso respetos, porque en ellos, veía a Iesus.
Obras completas de San Agustín
Sermones (1º) Tomo VII
Biblioteca de Autores Cristianos. BAC . Págs. 613/664.
SERMÓN 46
Traductor: Pío de Luis, OSA
Los pastores (Ezequiel. 34,1-16)
1. 1. Que toda nuestra
esperanza reside en Cristo y que él es toda nuestra gloria, verdadera y
salutífera, lo sabe vuestra caridad desde antes de ahora. Pertenecéis a la grey
de aquel que mira por Israel y lo alimenta 1. Pero, como
hay pastores que se complacen en que les designe por ese nombre, pero no
quieren cumplir con los deberes que comporta, examinemos lo que les dice el
profeta, según lo que hemos escuchado en la lectura. Escuchad vosotros con
atención; escuchemos nosotros con temblor.
2. Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo: Hijo de hombre,
profetiza contra los pastores de Israel 2. Acabamos de
escuchar este pasaje de boca del lector. Sobre él me he propuesto decir algo a
vuestra santidad. Él me ayudará a hablar la verdad, si no digo cosas de mi
propia cosecha. Pues si hablara de lo mío, sería un pastor que me apaciento a
mí mismo, no a las ovejas. Si, en cambio, son de él las cosas que os diga, es
Él quien os alimenta, hable quien hable. Esto dice el Señor Dios: ¡Ay
de los pastores de Israel que se apacientan sólo a sí mismos! ¿Acaso los
pastores no apacientan ovejas? 3 Es decir,
los pastores no se apacientan a sí mismos, sino a las ovejas. Este es el primer
motivo por el que se censura a estos pastores: se apacientan a sí mismos, no a
las ovejas. ¿Quiénes son los que se apacientan a sí mismos? Aquellos de quienes
dice el Apóstol: Pues todos buscan sus intereses, no los de Jesucristo 4. En nosotros,
a quienes el Señor nos puso -porque así él lo quiso, no por nuestros méritos-
en este puesto del que hemos de dar cuenta con gran peligro, se dan dos
aspectos que hay que distinguir: uno, que somos cristianos; otro, que estamos
al frente de vosotros, en atención a vosotros mismos. En el hecho de ser
cristianos miramos nuestra propia utilidad; en el hecho de estar al frente de
vosotros, la vuestra. Son muchos los que, siendo cristianos, sin estar al
frente de otros, llegan hasta Dios, quizá caminando más ligeros, al llevar una
carga menor. Nosotros, por el contrario, dejando de lado el hecho de ser
cristianos, razón por la que hemos de dar cuenta a Dios de nuestra vida,
estamos también al frente de vosotros, razón por la que debemos dar cuenta a
Dios de nuestro servicio. Si os presento esta situación incómoda es para que,
compadeciéndoos de mí, oréis por mí, pues llegará el día en que todo sea
sometido a juicio 5. Aunque para
el mundo esté lejano todavía, para cada hombre aquel día, el último de su vida,
está cercano. Con todo, Dios quiso mantener oculto uno y otro: cuándo ha de
llegar el fin del mundo y cuándo ha de ser el final de esta vida para cada uno
de los hombres. ¿Quieres no temer a ese día oculto? Cuídate de estar preparado
hasta que llegue. Puesto que los que están al frente de otros lo están
precisamente para que miren por los que son sus súbditos, en el hecho de
presidir no deben buscar su propia utilidad, sino la de aquellos a quienes
sirven. Todo el que está al frente de otros de manera que halla su gozo en
estarlo, y busca su honor y sólo mira por sus intereses, se apacienta a sí
mismo y no a las ovejas. A éstos se dirige la palabra del Señor. Escuchad
vosotros como ovejas de Dios, y considerad cómo Dios os constituyó en
seguridad: sean quienes sean los que os presidan, es decir, seamos nosotros
como seamos, el que apacienta a Israel os dio seguridad. Pues, Dios no abandona
a sus ovejas, y los malos pastores expiarán las penas merecidas y las ovejas
recibirán lo que tienen prometido.
2. 3. Veamos lo que la
palabra divina, que a nadie lisonjea, dice a los pastores que se apacientan a
sí mismos y no a las ovejas. He aquí que habéis tomado su leche, os
habéis cubierto con su lana, habéis sacrificado las gordas, y no habéis
apacentado mis ovejas. No habéis robustecido a la débil, no habéis cuidado a la
enferma; no habéis vendado a la perniquebrada, no habéis hecho volver a la
descarriada, no habéis buscado a la perdida, y habéis acabado con la fuerte. Y
se han dispersado mis ovejas, al no haber pastor 6. Se echa en
cara de los pastores que se apacientan a sí mismos y no a las ovejas, lo que
aman y lo que descuidan. ¿Qué aman, pues? Habéis tomado su leche; os
habéis cubierto con su lana. Por ello dice el Apóstol: ¿Quién
planta una viña y no come de su fruto? ¿Quién apacienta una grey y
no se nutre de su leche 7? Descubrimos
que la leche de la grey es todo lo que el pueblo de Dios dona a los que están
al frente de él para su sustento temporal. De ello hablaba el Apóstol con las
palabras que acabo de recordar 8.
4. Aunque el Apóstol prefirió trabajar con sus manos y no buscar siquiera
la leche de las ovejas 9, dijo
claramente, sin embargo, que tenía derecho a percibirla y que el Señor había
dispuesto que quienes anuncian el Evangelio vivan del mismo. Y dice que otros
apóstoles como él se sirvieron de este derecho, no usurpado, sino otorgado. Él
fue más allá todavía al no aceptar ni lo que se le debía 10. Así, pues,
él renunció a lo que se le debía, pero el otro no exigió nada que no se le
debiera: él fue más allá del derecho. Tal vez significaba a aquel que, al
conducir al mesón al enfermo, dijo: Si gastas algo más, te lo devolveré
a la vuelta 11. ¿Qué más
puedo decir de aquellos que no necesitan la leche del rebaño? Que son más
misericordiosos, o mejor, que ejercen más generosamente el deber de la
misericordia. Pueden, y lo que pueden lo hacen. Alabad a estos, pero no
condenéis a los otros. Tampoco el Apóstol exigía la dádiva; sin embargo,
deseaba que las ovejas diesen fruto y no fuesen estériles, carentes de lecha
abundante. De hecho, hallándose en cierta ocasión en gran necesidad, encadenado
por confesar la verdad, los hermanos le enviaron algo con que socorrer su
necesidad e indigencia. Les respondió dándoles las gracias con estas
palabras: Hicisteis bien en socorrer mis necesidades. Pues he aprendido
a bastarme con lo que tengo. Sé vivir en la abundancia y sufrir penuria. Todo
lo puedo en aquel que me conforta. Con todo, hicisteis bien en enviar algo para
mis necesidades 12. Mas para
mostrar qué era lo que él buscaba en lo bueno que ellos habían hecho -no fuera
que entre ellos hubiera pastores que se apacentaban a sí mismos y no a las
ovejas- no le alegraba tanto el que hubieran socorrido su necesidad como se
congratulaba porque se habían mostrado fecundos. ¿Qué buscaba allí? No
busco la dádiva -dijo- sino que exijo el fruto 13. No para
sentirme yo lleno -dijo-, sino para que vosotros no permanezcáis vacíos.
5. Así, pues, quienes no pueden hacer lo que hizo Pablo, es decir,
sustentarse con el trabajo de sus manos, acepten la leche de las ovejas, hagan
frente a su necesidad, pero no descuiden las ovejas en su debilidad. No busquen
lo dicho como si se tratase de su salario, dejando la impresión de que anuncian
el evangelio para remediar su necesidad y penuria, antes bien ofrezcan la luz
de la verdad a los hombres que necesitan recibirla. Pues son como lámparas,
según está dicho: Tened ceñidos vuestros lomos y encendidas vuestras
lámparas 14; y: Nadie
enciende una lámpara y la pone bajo el celemín, sino sobre el candelabro, para
que alumbre a todos los que están en la casa. Luzca así vuestra luz delante de
los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre,
que está en los cielos 15. Si tuvieras
una lámpara encendida en casa, ¿no le echarías aceite para que no se apagase?
Si la lámpara, después de haberle echado el aceite, no luciese, no merecería
seguir en el candelero, sino ser rota al instante. Aquello de que se vive, para
unos es de necesidad aceptarlo y para otros es de caridad darlo. No se trata de
hacer venal al Evangelio, como si él fuera el precio de aquello que consumen
para vivir quienes lo anuncian. Pues si lo venden de esta forma, venden una
realidad grandiosa a un precio insignificante. Reciban del pueblo lo necesario
para el sustento y del Señor la recompensa de su servicio. El pueblo no está
capacitado para dar recompensa a aquellos que le sirven por amor del Evangelio.
Estos han de esperar la recompensa de donde los otros la salvación. ¿Qué se les
reprocha? ¿De qué se les acusa? De haber descuidado a las ovejas, mientras se
alimentaban de su leche y se cubrían con su lana. Buscaban, por lo tanto, sus
intereses, no los de Jesucristo 16.
6. Tras haber mostrado qué significa el alimentarse con su leche,
averigüemos ahora el significado de cubrirse con su lana. Quien da leche ofrece
alimento; quien da lana otorga un honor. Son las dos cosas que esperan obtener
del pueblo quienes se apacientan a sí mismos, no a las ovejas: un salario para
hacer frente a la necesidad, y el favor del honor y de la alabanza. He aquí por
qué puede bien entenderse el vestido como honor: cubre la desnudez. Todo hombre
es débil. Y cualquiera que está al frente de vosotros, ¿qué es sino lo mismo
que vosotros? Lleva el peso de la carne, es mortal, come, duerme, se levanta;
nació, morirá. Si piensas lo que es en sí mismo, verás que es un hombre; sin
embargo, tú, honrándolo como si fuera un ángel, cubres su debilidad.
7. Un vestido similar había recibido Pablo mismo de la comunidad santa de
Dios, cuando decía: Me recibisteis como a un ángel. Doy testimonio de
que, si hubiese sido posible, os hubieseis sacado vuestros ojos y me los
habríais dado a mí 17. Pero, a
pesar de habérsele concedido tan grande honor, ¿acaso por este mismo honor
condescendió con los que erraban, no fuera que, si los reprendía se lo negasen,
y alabasen menos al Apóstol mismo? Si hubiese hecho esto, sería de aquellos que
se apacientan a sí mismos, no a las ovejas. Diría para sí mismo: «¿A mí qué me
importa? Cada cual haga lo que quiera; mi garbanzo está seguro; mi honor,
también. Tengo suficiente leche y lana; vaya cada cual por donde pueda». Según
esto, ¿está todo en su punto si cada cual va por donde puede? No pretendo que
seas una persona al frente de otras; parto de que eres uno más de la
comunidad: Si sufre un miembro, sufren con él los restantes 18. Por esto el
Apóstol mismo, al recordarles cómo se habían comportado con él, para no dejar
la impresión de que había olvidado el honor que le habían tributado, da
testimonio de que le recibieron como a un ángel y que, si les hubiese sido
posible, hubiesen querido sacarse los ojos, para dárselos a él 19. Y, sin
embargo, se acerca a la oveja enferma, a la apestada, para sajarle la herida,
sin transigir con la podredumbre. ¿Acaso -les dice- me he
convertido en enemigo vuestro por deciros la verdad? 20 Ve que
recibió la leche de las ovejas, como hace poco recordé, y se vistió con su
lana; y, con todo, no descuidó las ovejas, pues no buscaba sus intereses, sino
los de Jesucristo 21.
8. Lejos, pues, de mí deciros: «Vivid como queráis, estad seguros, Dios no
hace perecer a nadie; basta con que tengáis la fe cristiana. Él no hace perecer
a los que redimió, a aquellos por quienes derramó su sangre. Y si queréis
deleitar vuestro ánimo con los espectáculos públicos, id tranquilos. ¿Qué
tienen de malo? Id, celebrad, participad en esa fiesta que se celebra en todas
las ciudades en medio del regocijo de los comensales y de los que creen hallar
gozo en los festines públicos, cuando en realidad se pierden. La misericordia
de Dios es grande y todo lo perdona. Coronaos de rosas antes de que se
marchiten 22. Celebrad
banquetes en la casa de vuestro Dios cuando os venga en gana; llenaos de comida
y de vino en compañía de los vuestros: con ese fin se nos dio esta criatura:
para gozar de ella. Dios no la dio a los malvados y paganos, privándoos a
vosotros de ella». Si yo hablara así, quizá congregaría mayores multitudes; y,
aunque hubiera algunos que, al escucharme hablar así, pensaran que no hablo
sabiamente, habría unos pocos a los que ofendería, pero me congraciaría con una
muchedumbre. Si me comportara así, si no os hablara la palabra de Dios ni la de
Cristo, sino la mía, sería un pastor que se apacienta a sí mismo, no a las
ovejas.
4. 9. Después de haber
indicado lo que aman estos pastores, señala también lo que descuidan. Los males
de las ovejas están a la vista: las sanas y gordas, es decir, las que se
mantienen firmes en el alimento de la verdad y usan bien de los pastos, don del
Señor, son poquísimas. Pero aquellos malos pastores no las perdonan. Les parece
poco no preocuparse de las enfermas, débiles, descarriadas y perdidas; en
cuanto depende de ellos, matan también a estas fuertes y gordas. Estas viven
por la misericordia de Dios; con todo, por lo que se refiere a los malos
pastores, las matan. «¿Cómo -dices- las matan?» Viviendo mal, dándoles mal
ejemplo. ¿O acaso se dijo en vano a un siervo de Dios, eminente entre los
miembros del supremo pastor: Sé para todos dechado de buenas obras 23 y: Sé
un modelo para los fieles 24? Una oveja,
aunque sea de las fuertes, ve frecuentemente que vive mal el que está al frente
de ella; si aparta sus ojos de las normas del Señor y los pone en el hombre,
comienza a decir en su corazón: «Si el que está al frente de mí vive de esta
forma, ¿quién soy yo para no hacer lo que él hace?» Mata a la oveja fuerte. Si,
pues, mata a la oveja fuerte, ¿qué hará con las otras, él, que con su mala vida
mató a la que él no había robustecido, sino que la había encontrado ya fuerte o
robusta? Digo y repito a vuestra caridad: aunque las ovejas estén vivas, aunque
se mantengan firmes en la palabra del Señor y cumplan lo que oyeron a su
Señor: Haced lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen 25, con todo,
quien en presencia del pueblo vive mal, en cuanto de él depende, da muerte al
que le ve. No se lisonjee pensando que ese no está muerto. Aunque el otro viva,
él es un homicida. Sucede lo mismo que cuando un lascivo mira a una mujer
casada deseándola: ésta se mantiene casta, pero él es ya un adúltero. La
afirmación del Señor es verdadera y rotunda: Quien mire a una mujer
casada deseándola, ya cometió adulterio en su corazón 26. No llegó al
lecho de ella, pero ya se solaza en el suyo interior. De igual manera, quien
vive malvadamente en presencia de aquellos a cuyo frente está, en cuanto de él
depende, mató también a las ovejas fuertes. Quien le imita, muere; quien no le
imita, sigue con vida. Sin embargo, en cuanto depende de él, ha dado muerte a
uno y otro. Habéis sacrificado la gorda, y no apacentáis a mis ovejas 27.
5, 10. Ya oísteis lo que
aman, escuchad lo que descuidan. No habéis robustecido a la débil, no
habéis cuidado a la enferma; no habéis vendado a perniquebrada, no habéis hecho
volver a la descarriada, no habéis buscado a la perdida, y habéis acabado con
la fuerte 28, es
decir, le habéis dado muerte, la habéis masacrado. La oveja mantiene una
disposición interior de debilidad cuando no cree que le vayan a sobrevenir
tentaciones. Si la oveja así lo cree, el pastor negligente no le dice: Hijo,
al disponerte a servir a Dios, mantente en la justicia y en el temor, y prepara
tu alma para la tentación 29. Quien así
habla fortalece al débil, y de débil le hace resistente, para que, cuando crea,
no espere prosperidad en este mundo. Si se le enseña a esperar prosperidad en
este mundo, la misma prosperidad le corrompe; al llegar las adversidades, la fe
se debilita, o tal vez se apaga. Quien así edifica, no edifica sobre piedra,
sino sobre arena 30. La
piedra era Cristo 31. Los
cristianos han de imitar los padecimientos de Cristo, no han de buscar
placeres. Se fortalece al débil cuando se le dice: «Espera ciertamente las
tentaciones de este mundo, pero de todas te librará el Señor si tu corazón no
se retira de él. En efecto, para confortar tu corazón vino él a sufrir, a
morir, a que le cubrieran de salivazos 32, a que le
coronaran de espinas 33, a recibir
insultos 34 y, por
último, a ser clavado en un madero 35. Todo esto
hizo él por ti; tú nada haces por él, todo lo haces por ti».
11. Como los pastores antes señalados, son los que, temiendo herir a
aquellos a los que hablan, no sólo no les preparan para las tentaciones
inminentes, sino que hasta les prometen la felicidad de este mundo, que Dios no
ha prometido ni al mismo mundo. Dios predice que han de venir fatigas sobre
fatigas al mundo mismo hasta el fin, ¿y tú quieres que el cristiano esté exento
de ellas? Por el hecho de ser cristiano, ha de sufrir en este mundo todavía un
poco más. Así dice el Apóstol: Todos los que quieren vivir piadosamente
en Cristo sufrirán persecución 36. Si te place
más, ¡oh pastor que buscas tus intereses, no los de Jesucristo! 37, aunque diga
él: Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo sufrirán
persecución 38, di tú: «Si
vives piadosamente en Cristo, abundarás en toda clase de bienes; y si no tienes
hijos, los recibirás, los criarás a todos y ninguno se te morirá». ¿Es este el
edificio que estás levantando? Presta atención a lo que construyes y sobre qué
lo levantas. Estás edificando sobre arena. Llegará la lluvia, se desbordará el
río, soplarán los vientos, abatirá esta casa, caerá, y su ruina será grande.
Retíralo de la arena; construye sobre piedra 39: esté
fundamentado en Cristo quien quieres que sea cristiano. «Fija tu atención en
los sufrimientos inmerecidos de Cristo; mira a aquel que no tuvo pecado alguno
y restituyó lo que no había robado 40. Presta
atención a la Escritura que te dice: Azota a todo el que acepta como
hijo 41. Y prepárate
para ser azotado o en ningún modo pretendas ser acogido como hijo. Él -dice- azota
a todo el que acoge como hijo y ¿vas a ser tú la excepción? Si quedas
excluido de sufrir los azotes, quedas excluido también del número de los hijos.
Es tan verdad que azota a todo hijo, que hasta azotó a su Hijo único. El Hijo
único, nacido de la sustancia del Padre, igual al Padre en la condición
divina 42, la Palabra
por la que fueron hechas todas las cosas 43, no tenía
por qué ser azotado 44: con este
fin se revistió de carne, para no escapar al azote. Quien, pues, azota al Hijo
único sin pecado, ¿dejará libre del azote al hijo adoptado y con pecado? El
Apóstol dice que fuimos llamados a ser hijos de adopción 45. Hemos
recibido la adopción de hijos para ser coherederos con su Hijo único 46 y para
ser también su herencia: Pídeme y te daré en herencia los pueblos 47. En sus
sufrimientos nos propuso un ejemplo.
12. Para que la oveja débil no desfallezca en las pruebas futuras, no hay
que engañarla con una falsa esperanza ni quebrantarla con el pánico.
Dile: Prepara tu alma para la prueba 48. Pero quizá
comienza a vacilar, a estremecerse, a no querer acercarse: tienes el
remedio: Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados más de lo
que podéis soportar 49. En estas
dos cosas consiste el fortalecer al débil: prometerle la asistencia de Dios y
anunciarle los sufrimientos futuros. Curar a la herida consiste en prometer la
misericordia de Dios a la que es demasiado temerosa y hasta está asustada por
ello; misericordia que no consistirá en la falta de pruebas, sino en que Dios
no permitirá que sea probada por encima de sus fuerzas. Pues hay algunas ovejas
que, al oír que se anuncian tribulaciones futuras, se arman más y, en cierto
modo, estimulan su sed de beberlas: les parece pobre la medicina de los fieles
y buscan la gloria de los mártires. Hay otras, en cambio, que cuando oyen que
ineludiblemente van a llegar pruebas -que en verdad conviene que sobrevengan al
cristiano, y que no las siente nadie sino quien verdaderamente quiere ser
cristiano-, al acercarse algunas, se rompen una pata y comienzan a cojear.
Ofrécele la venda del consuelo; véndale lo que tiene roto. Dile: «No temas; no
te abandonará en medio de las pruebas aquel en quien has creído. Fiel es Dios,
que no permitirá que seas probado por encima de lo que puedes soportar 50. No escuchas
esto de mi boca; es palabra del Apóstol, quien también dice: ¿Queréis tener
una prueba de que en mí habla Cristo 51? Cuando oyes
estas cosas, las oyes de la boca de Cristo, las oyes también de la boca del
pastor que apacienta a Israel. A él se dijo: Les darás a beber lágrimas
con medida 52. Pues las
palabras del Apóstol: No permitirá que seáis probados por encima de lo
que podéis soportar 53, dicen lo
mismo que las del profeta: Con medida. Al menos no abandones al que
corrige y exhorta, al que atemoriza y consuela, al que hiere y sana.
6. 13. No habéis
robustecido -dice- a la débil 54. Lo dice a
los pastores malvados, a los pastores falsos, a los que buscan sus intereses,
no los de Jesucristo 55; a quienes
se gozan de su beneficio en la leche y lana, descuidando por completo las
ovejas y no robusteciendo a la enferma. Aunque también llamamos débiles a los
enfermos, entre el débil, esto es, el no fuerte, y el enfermo, es decir, el que
sufre un mal, me parece que hay alguna diferencia. Son conceptos, hermanos, que
intento distinguir de algún modo. Con un poco más de esfuerzo, quizá yo mismo u
otro más entendido o con un corazón más iluminado podamos establecer una
distinción más exacta. Entretanto, para que no os sintáis defraudados, diré lo
que pienso, por lo que se refiere a las palabras de la Escritura. En el débil
ha de temerse que venga la prueba y lo quebrante; el enfermo, en cambio, sufre
ya a causa de algún deseo, y algún deseo le impide entrar por el camino de Dios
y someterse al yugo de Cristo 56. Fijaos en
aquellos hombres que quieren vivir rectamente, que han decidido vivir de esta
forma y que, sin embargo, no están tan dispuestos a soportar los males como
preparados para realizar el bien. Sólo que la firmeza cristiana implica tanto
obrar el bien, como tolerar el mal. Los débiles son quienes parecen
enfervorizarse en obrar el bien, pero no quieren o no pueden tolerar los
sufrimientos que les sobrevienen. En cambio, quienes, llevados de un mal deseo
en cuanto amantes del mundo, se retraen de las buenas obras, yacen enfermos y
lánguidos; éstos, por su misma enfermedad, como hallándose sin fuerzas, no
pueden obrar bien alguno. Tal fue en el alma aquel paralítico al que los que lo
llevaban querían introducir donde estaba el Señor, y al no serles posible,
abrieron el techo y lo presentaron ante él 57. Es como si
quisieras hacer esto con el alma: abrir el techo y poner ante el Señor el alma
paralítica, descoyuntada en todos sus miembros, carente de toda obra buena,
cargada con sus pecados y sufriendo con el mal de su deseo. Por tanto, si están
descoyuntados todos los miembros y padeces una parálisis interior, de modo que
no puedes acceder al médico -tal vez el médico está oculto, pero dentro; es
decir, la verdadera comprensión de las Escrituras está oculta- abre el techo,
sacando a la luz lo que está oculto y pon ante él al paralítico. Ya habéis
escuchado lo que oirán quienes no hacen esto o lo realizan con
negligencia: No habéis robustecido a la débil, y no habéis vendado a
perniquebrada 58. De
esto he hablado ya. Le había quebrado el pánico que le causaban las pruebas;
aplique algo con que vendar lo quebrado, aquellas palabras consolatorias: Fiel
es Dios que no permitirá que seáis probados por encima de lo que podéis
soportar, sino que con la prueba dispondrá también el éxito para que podáis
resistirla 59.
7. 14. No habéis
hecho volver a la descarriada. Ved cómo me encuentro en peligro al hallarme
en medio de herejes. No habéis hecho volver a la descarriada, no habéis
buscado a la perdida 60. A
causa de ellos nos hallamos de algún modo entre manos de ladrones y dientes de
lobos enfurecidos; os ruego que oréis ante este peligro a que estoy expuesto.
Hay también ovejas contumaces que, cuando se las busca porque se hallan
descarriadas, dicen en su error y para su perdición que nada tienen que ver con
nosotros. -«¿Por qué nos queréis? ¿Por qué nos buscáis?» Como si la causa por
la que nos preocupamos de ellas y por la que las buscamos no fuera que se
hallan en el error y se pierden. -«Si me hallo -dice- en el error, si estoy
perdido, ¿por qué me quieres? ¿Por qué me buscas?» -«Porque estás en el error,
quiero llamarte una vez más; porque te has perdido, y quiero hallarte». -«Así
quiero errar; es así como quiero perderme». -¿Quieres errar así y así perderte?
¡Con cuánta mayor razón no lo quiero yo! Me atrevo a decirlo sin tapujos: soy
importuno. Escucho al Apóstol que dice: Predica la palabra, insiste a
tiempo y a destiempo 61. ¿A
quiénes a tiempo? ¿A quiénes a destiempo? A
tiempo a los que quieren; a destiempo a los que no
quieren. Indiscutiblemente soy importuno, me atrevo a decirlo. Tú quieres
errar, tú quieres perderte; yo no quiero. En última instancia, no quiere aquel
que me atemoriza. Si yo lo quisiera, mira lo que me dice, mira cómo me increpa: No
habéis hecho volver a la descarriada, no habéis buscado a la perdida 62. ¿Tengo que
temerte a ti más que a él? Todos hemos de comparecer ante el tribunal de
Cristo 63. No te temo
a ti, pues no puedes sustituir el tribunal de Cristo por el de Donato. Llamaré
a la oveja descarriada, buscaré a la perdida; quieras o no, lo haré. Y aunque,
al buscarla, me desgarren las zarzas de los bosques, me deslizaré por cualquier
angostura, derribaré toda valla; en la medida en que el Señor, que me
atemoriza, me dé fuerzas, recorreré todo. Llamaré a la descarriada, buscaré a
la que está a punto de perecer. Si no quieres tener que soportarme, no te
extravíes, no te pierdas.
15. Es poco decir que me duele verte descarriada y en trance de perecer.
Temo que, despreocupándome de ti, dé muerte también a la fuerte. Escucha lo que
sigue: Habéis acabado con la fuerte 64. Si me
despreocupo de la descarriada y de la que está a punto de perecer, también a la
fuerte le agradará extraviarse y perderse. Deseo ganancias exteriores, pero
temo más los daños interiores. Si me mostrase indiferente ante tu extravío, al
verlo la que está fuerte pensará que es cosa sin importancia el pasarse a la
herejía. Si no te busco a ti, que te has perdido, cuando destelle alguna
comodidad en el mundo que justifique el cambio, inmediatamente me dirá la oveja
fuerte que está a punto de perderse: «Dios está aquí y allá; ¿qué más da? Esto
es obra de hombres pendencieros; a Dios hay que adorarlo en todo lugar». Si por
casualidad le dijere algún donatista: «No te daré mi hija si no te pasas a mi
partido», es necesario que él reflexione y diga: «Si nada tuviese de malo
pertenecer a su partido, nuestros pastores no dirían tantas cosas contra ellos,
no se preocuparían tanto de sus extravíos». Si, por el contrario, dejamos de
hacerlo y nos callamos, dirá lo contrario: «Ciertamente, si fuese cosa mala pertenecer
al partido de Donato, hablarían contra ellos, los refutarían, se esforzarían
por ganarlos. Si estuvieran extraviados, los reconducirían; si estuvieran
perdidos, los buscarían». No en vano, pues, después de haber dicho antes: Habéis
matado a la gorda 65, volvió
sobre lo mismo al final:Habéis acabado con la fuerte 66. Es una
frase repetida a no ser que sea derivación de lo dicho antes: no habéis
hecho volver a la descarriada, no habéis buscado a la perdida y, al
obrar así, habéis matado a la fuerte 67.
8. 16. Por lo tanto,
escucha lo que dice a continuación acerca de estos pastores negligentes o, más
aún, malvados: Y, al no haber pastor, se han dispersado mis ovejas y se
convirtieron en presa para todas las bestias del campo 68. Cuando las
ovejas no están con el pastor, las depredan los lobos siempre al acecho, las
arrebatan los leones rugientes. Pues, aunque el pastor esté presente, para
quienes obran mal no es pastor. Se pasan a pastores que no son pastores, que se
apacientan a sí mismos, no a las ovejas. La consecuencia es un extravío fatal:
se convierten en presa de depredadores que desean saciarse con su muerte.
Depredadores son todos los que gozan con los extravíos ajenos: son bestias que
se alimentan matando a las ovejas descarriadas.
17. Y se han dispersado, y mis ovejas se han extraviado por todos
los montes y toda alta colina 69. Las bestias
que proceden de los montes y colinas son la hinchazón terrena y el orgullo del
mundo. Se exaltó la soberbia de Donato y constituyó un partido para sí.
Parmeniano, que le siguió, consolidó el error. El primero es el monte; el
segundo, la colina. Así todo padre de cualquier error, hinchado de orgullo
terreno, promete a las ovejas un descanso, buenos pastos. Y, es cierto, a veces
encuentran allí las ovejas pastos que tienen su origen en la lluvia divina, no
en el terreno rocoso del monte. También ellos tienen Escrituras, también
sacramentos. Ni la Escritura ni los Sacramentos pertenecen a los montes, pero,
aunque se encuentran allí, es malo permanecer en ellos. Extraviados por montes
y colinas, abandonan el rebaño, abandonan la unidad, abandonan las huestes
defendidas contra lobos y leones. Que Dios las haga volver para que salgan de
allí, que él las haga volver. Ahora mismo oiréis cómo las llama: mis
ovejas se han extraviado por todos los montes y toda alta colina 70, es decir,
por toda la hinchazón del orgullo terreno. Pues hay también montes
buenos: Levanté mis ojos a los montes, de donde me vendrá el auxilio 71. Pero fíjate
que tu esperanza no está en los montes: Mi auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra 72. No creas
que haces una ofensa a los montes santos cuando dices: Mi auxilio me
viene, no de los montes, sino del Señor, que hizo el cielo y la
tierra. Esto te lo gritan también los montes mismos. Monte era quien
clamaba: He oído que hay cismas entre vosotros, y que cada uno de
vosotros dice: Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo, en cambio, de
Cristo 73. Levanta los
ojos hacia este monte, escucha lo que dice, pero no te quedes en él. Escucha lo
que dice a continuación: ¿Acaso Pablo fue crucificado por vosotros? 74 Por lo
tanto, después de haber levantado los ojos a los montes, de los que te llega el
auxilio, es decir, a los autores de las Escrituras divinas, fija tu atención en
quien, con todas sus fuerzas, con todos sus huesos, grita: Señor,
¿quién es semejante a ti? 75 Y así
podrás decir con tranquilidad, sin causar ofensa alguna a los montes, mi
auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra 76. Entonces no
sólo no se enojarán contigo, sino que te amarán y te favorecerán más; si
pusieras en ellos tu esperanza, se entristecerían. Un ángel que mostraba al
hombre muchas cosas divinas y maravillosas, fue adorado por éste, como elevando
los ojos hacia el monte. Pero él, orientándolo hacia Dios, dice: No
hagas esto; adórale a él, pues yo soy siervo como tú y tus hermanos 77.
18. Se han dispersado por todo monte, por toda colina y por toda la
faz de la tierra 78. ¿Qué
significa se han dispersado por toda la faz de la tierra? Al buscar
todo lo terreno, aman lo que brilla en la faz de la tierra; por ello suspiran.
No quieren morir, de modo que su vida quede escondida en Cristo 79. Por
toda la faz de la tierra: porque aman las cosas terrenas y, también,
porque hay ovejas descarriadas en toda la faz de la tierra. No todos los
herejes se hallan en toda la tierra, pero en toda ella hay herejes. Unos aquí,
otros allí, pero en ningún lugar faltan. Ni ellos mismos se conocen; hay un
grupo en África, otro en Oriente, otro en Egipto, otra en Mesopotamia, por
poner algunos ejemplos. Son diversos, según los diversos lugares, pero a todos
los ha engendrado una única madre, la soberbia, del mismo modo que una única
madre nuestra, la Católica, ha engendrado a los fieles cristianos extendidos
por todo el orbe. No es, pues, extraño que la soberbia produzca división, y la
caridad, unidad. Con todo, la misma madre Católica y, en ella, el pastor mismo,
busca por todos los lugares a los extraviados, fortalece a los débiles, cura a
los enfermos, venda a los que tienen algo roto; a los unos los libra de éstos,
a los otros de aquellos, que se desconocen entre sí. Ella, sin embargo, los
conoce a todos, porque con todos está mezclada. Por ejemplo, en África existe
el partido de Donato, no los eunomianos, y junto con el partido de Donato está
aquí la Católica. En Oriente, donde no existe el partido de Donato, están los
eunomianos, y con ellos está allí la Católica. Ella es como la vid que, al
crecer, se extiende por doquier; ellos, como los sarmientos inútiles, cortados
con la podadera del agricultor a causa de su esterilidad, para que la vid
quedara podada, pero no cortada 80. Los
sarmientos permanecieron en el lugar en que fueron cortados. La vid, por el
contrario, crece por todos los lugares y conoce sus sarmientos, los que
permanecieron en ella, y tiene junto a sí a los que de ella fueron cortados. De
allí hace volver a los extraviados, ya que, refiriéndose a las ramas cortadas,
también dice el Apóstol: Poderoso es Dios para injertarlos de nuevo 81. Tanto si
hablas de ovejas descarriadas del rebaño como si hablas de ramas podadas de la
vid, Dios es capaz de reconducir al rebaño las ovejas y de injertar de nuevo
las ramas, porque él es el supremo pastor, el verdadero agricultor 82. Se
han dispersado por toda la faz de la tierra; y no hubo quien las buscase ni
quien las hiciera volver 83. No hubo,
esto es, entre los pastores malos; no hubo quien las buscase, pero
un hombre.
9. 19. Por lo
tanto, pastores, escuchad la palabra del Señor: Vivo yo, dice el Señor Dios 84. Ved cómo
comienza. Estas palabras son como un juramento de Dios, una testificación hecha
con su vida. Vivo yo, dice el Señor. Murieron los pastores, pero
las ovejas están seguras: el Señor vive. Vivo yo, dice el Señor Dios. ¿Qué
pastores han muerto? Los que buscan sus intereses, no los de Jesucristo 85. ¿Habrá,
entonces, y se encontrarán pastores que no busquen sus intereses, sino los de
Jesucristo? Los habrá, y se les encontrará; ni faltan, ni faltarán en absoluto.
Veamos qué dice el Señor cuando jura que vive; veamos si dice que ha de quitar
las ovejas a los pastores malos, que se apacientan a sí mismos y no a las
ovejas, y se las dará a los pastores buenos, que apacientan las ovejas y no a
sí mismos. Vivo yo, dice el Señor Dios, no por otra cosa, sino porque
mis ovejas se han convertido en presa para todas las bestias del campo, por
falta de pastor 86. De nuevo
menciona al pastor: poco antes y ahora. No dice: porque no hay pastores. Para
tales ovejas, que andan descarriadas para su mal y para su mal perdidas, no hay
pastor, incluso si está presente, porque, hasta cuando hay luz, no la hay para
los ciegos. Y los pastores no han buscado mis ovejas; se han alimentado
a sí mismos, pero no a mis ovejas 87.
20. Por ello, pastores, escuchad la palabra del Señor 88. ¿Qué
pastores? Esto dice el Señor Dios: he aquí que yo estoy por encima de
los pastores y requeriré de sus manos mis ovejas 89. Escuchad y
aprended, ovejas de Dios. Dios reclama sus ovejas a los malos pastores, y les
pide cuentas de su muerte. Pues en otro lugar dice por medio del mismo profeta: Hijo
de hombre, te he puesto como centinela en la casa de Israel; escucharás una
palabra de mi boca y se la darás a conocer a ellos de parte mía. Si yo digo al
pecador: Vas a morir, y no se lo trasmites para que el impío se aparte de su
camino, él, como malvado, morirá por su delito; pero te pediré cuenta de su
sangre. Si, por el contrario, has advertido al malvado acerca de su camino para
que se aparte de él, y él no se apartó, él morirá por su culpa, pero tú habrás
librado tu alma 90. ¿Qué
es esto, hermanos? Veis cuán peligroso es callar. Muere el pecador y muere
justamente; muere por su impiedad y su pecado; la negligencia del pastor le ha
dado muerte. Habría podido encontrar al pastor vivo que dice: Vivo yo,
dice el Señor 91; pero al ser
negligente, debido a que no le advirtió el que estaba puesto a su frente como
vigía para que le advirtiese, el uno muere justamente y el otro es condenado,
justamente también. Si, por el contrario -dice-, anuncias al malvado a quien yo
he amenazado con la espada que va a morir, pero él se despreocupa de evitar la
espada inminente, y llega esta y le da muerte, él morirá a causa de su pecado,
pero tú has librado tu vida 92. Por esto
mismo, a nosotros nos corresponde no callar; a vosotros, en cambio, os toca
escuchar, aun cuando nosotros callemos, las palabras del pastor en las Santas
Escrituras.
10. 21. Veamos, pues, lo
que había propuesto tratar: si quita las ovejas a los pastores malos y se las
da a los buenos. Veo que, efectivamente, quita las ovejas a los pastores malos.
Por eso dice: He aquí que yo (actuaré) contra los pastores y reclamaré
mis ovejas de sus manos, los retiraré para que no apacienten mis ovejas; y no
se apacentarán más a sí mismos 93. Cuando les
digo que apacienten a mis ovejas, se apacientan a sí mismos, no a mis
ovejas. Los retiraré, para que no apacienten a mis ovejas. ¿Cómo
los retira para que no apacienten a sus ovejas? Haced lo que dicen,
pero no hagáis lo que ellos hacen 94. Como sí
dijera: «Dicen lo mío, hacen lo suyo». Si hubiera dicho: «Haced tranquilamente
lo que hacen; a ellos los condenaré por vivir mal, pero a vosotros os
perdonaré, porque habéis seguido a quienes están puestos al frente de
vosotros». Si hubiera dicho esto, habría disuadido a los malos pastores, que se
apacientan a sí mismos, no a las ovejas. Pero infunde temor no sólo al ciego
que guía, sino también al ciego que le sigue -pues no dice: Cae en la fosa el
que guía, pero no el que le sigue, sino: Si un ciego guía a otro ciego,
ambos caen en la fosa 95-; por eso
advierte a las ovejas diciéndoles: Haced lo que dicen; no hagáis lo que
hacen ellos 96. Pues cuando
no hacéis lo que hacen los malos pastores, no son ellos los que os apacientan;
cuando hacéis lo que dicen, el que os apacienta soy yo. Dicen lo que yo les
digo, pero no lo cumplen. «Estamos tranquilos -dicen-; seguimos a nuestros
obispos». Esto suelen decirlo frecuentemente los herejes, cuando la verdad
manifiesta los deja convictos: «Nosotros somos ovejas; ellos darán cuenta de
nosotros». No hay duda de que darán severa cuenta de vuestra muerte. El mal
pastor dará severa cuenta de la muerte de la oveja malvada. ¿Acaso vive la
oveja porque el pastor tenga la piel de ella marcada? Se recrimina al pastor el
haber descuidado la oveja descarriada, por lo que cayó en las fauces del lobo y
fue devorada. ¿De qué le aprovecha presentar la piel marcada? El amo reclama la
vida de la oveja. Pero he aquí que el mal pastor presenta la piel: da cuenta de
la piel. ¿Va a mentir, acaso? Lo veía desde arriba quien luego juzga; le cuenta
las palabras falsas, ve sus pensamientos. Dé cuenta el mal pastor de la piel de
la oveja muerta. «Le anuncié tus palabras, y no quiso seguirlas; me esforcé
para que no se extraviase del rebaño, y no me obedeció». Si dice esto y, al
hablar así, dice la verdad -Dios sabe si la dice-, da buena cuenta de la oveja
mala. Si, por el contrario, ve Dios que descuidó la oveja descarriada, que no
buscó a la que se perdía, ¿de qué le sirve haber encontrado la piel que poder
presentar? Tenía que haberla reconducido al rebaño, para no tener que mostrar
su piel, una vez muerta. Si, pues, no dio buena cuenta quien no la buscó cuando
estaba descarriada, ¿qué cuenta dará quien la extravió? Esto es lo que oigo: Si
el obispo de la Iglesia católica no podrá dar razón convincente de la oveja, si
no la busca cuando ella se ha apartado del rebaño de Dios, ¿qué cuenta ha de
dar el obispo hereje que no sólo no la recondujo del extravío, sino que la
impulsó a él?
22. Pero veamos -según dije- de qué manera retira Dios las ovejas a los
malos pastores. Ya lo recordé: Haced lo que dicen, pero no hagáis lo
que ellos hacen 97. No son
ellos quienes os apacientan, sino Dios, puesto que, quieran o no, para llegar a
la leche y a la lana, los pastores han de anunciar la palabra de Dios. Tú
que predicas que no se debe robar robas 98, dice el
Apóstol a los que hablan buenas cosas y las hacen malas. Tú escucha al que te
predica que no robes; no le imites a él si roba. Si quieres imitar al ladrón,
él te apacienta con su acción; te suministra veneno, no alimento. Pero si
escuchas que dice algo, no de su cosecha, sino de la de Dios -no pueden
recogerse uvas de las zarzas, pues es también palabra del Señor: Nadie
recoge uvas de las zarzas ni higos de los abrojos 99-, no debes
acusar a Dios como diciéndole: «Señor, no me has querido, porque no se pueden
recoger uvas de las zarzas; y en otro lugar me dijiste a propósito de
algunos: Haced lo que dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen 100; es decir,
que quienes obran mal son zarzas. ¿Cómo quieres que yo recoja la uva de tu
palabra de las zarzas?» Él te responderá: «Aquella uva no es producto de las
zarzas; lo que acontece a veces es que el sarmiento se enreda en el seto y
cuelga la uva en medio de espesas zarzas, pero no proviene de la raíz de éstas.
Tú, si tienes hambre y no tienes de dónde tomarlas, mete la mano con cuidado
para no lacerarte con las zarzas, es decir, no imites las acciones de los
malos; y coge la uva que cuelga en medio de las zarzas, pero que es fruto de la
vid. El alimento del racimo llegará a ti; a las zarzas está reservado el
tormento del fuego.
11. 23. Yo
sacaré -dice- mis ovejas de su boca y de sus manos, y no serán
ya alimento para ellos 101. Esto
mismo se dice en el salmo: ¿No saben todos los que obran iniquidad que
devoran a mi pueblo como a pan? 102 Y
ya no serán alimento para ellos 103, porque
esto dice el Señor Dios: He aquí que yo mismo 104. Retiré
las ovejas a los malos pastores intimándolas -como dije- que no hagan lo que
ellos hacen; es decir, que no hagan las incautas y despreocupadas ovejas lo que
hacen los malos pastores. ¿Y qué dice? ¿A quién da lo que a ellos quitó? ¿A los
pastores buenos tal vez? No lo dice la continuación del texto. ¿Qué diremos,
pues, hermanos? ¿Es que no hay pastores buenos? ¿No se dice en otro lugar de
las Escrituras: Y les daré pastores según mi corazón, y las apacentarán
con disciplina 105? ¿Cómo,
entonces, no da a los buenos pastores las ovejas que quita a los malos, sino
que, como si absolutamente en ningún lugar quedasen pastores buenos,
dice: Yo las apacentaré? Había dicho a Pedro: Apacienta mis
ovejas. ¿Qué hacer, pues? Cuando encomendó a Pedro las ovejas, no dijo
entonces el Señor: «Seré yo, no tú, quien apaciente mis ovejas», sino: Pedro,
¿me amas? Apacienta mis ovejas 106. ¿O acaso
porque ahora ya no está Pedro -ya fue recibido en el descanso de los apóstoles
y de los mártires- no hay nadie a quien el Señor de las ovejas pueda decir con
confianza: Apacienta mis ovejas? ¿Quizá, obligado por la necesidad,
dado que no quiere abandonarlas, baja él a ejercer el oficio de apacentar sus
ovejas, por no tener a quien encomendarlo? Esto es lo que parece decir a
continuación: Esto dice el Señor Dios: He aquí que yo 107, esto es,
aquel a quien decíamos: Tú que apacientas a Israel, mira;
tú que guías como a ovejas a José 108, al pueblo
establecido en Egipto. Israel, extendido ya entre los pueblos, es el mismo
José. Sabéis, en efecto, que José emigró a Egipto; esto ocurrió al venderlo los
hermanos 109. A Cristo
le vendieron los judíos; no sin motivo, también entre los apóstoles Judas fue
quien le vendió 110. Comenzó
Cristo a hacerse presente entre los gentiles, allí fue honrado, allí creció su
pueblo, no lo abandonó su pastor. Despierta -dijo- tu
poder y ven a salvarnos 111. Lo está
ya haciendo y lo hará. Dice, en efecto: He aquí que yo mismo buscaré
mis ovejas, las visitaré, como visita el pastor su rebaño 112. Los malos
pastores no se preocuparon; no las rescataron con su sangre. Como
visita -dice- el pastor su rebaño en el día. ¿En qué
día? Cuando haya tormentas y nubes 113, es decir,
lluvia y niebla. La lluvia y la niebla son el extravío en este mundo, una gran
oscuridad que surge de los apetitos de los hombres y una densa niebla que cubre
la tierra. Es difícil que en medio de esta niebla no se extravíen las ovejas,
pero el pastor no las abandona. Las busca, atraviesa la niebla con ojos
penetrantes, sin que se lo impida la oscuridad de las nubes. Las ve, llama a la
descarriada en cualquier lugar, para que se cumpla lo que dice en el
Evangelio: Mis ovejas escuchan mi voz y me siguen 114. En
medio de las ovejas dispersas buscaré a las mías, las sacaré de todo lugar en
que estuvieren descarriadas en el día de las nubes y de la tormenta 115. Cuando
es difícil encontrarlas, entonces yo las encontraré. Espesa es la niebla,
intensa la lluvia: a sus ojos nada se oculta.
24. Las sacaré de entre los pueblos, las recogeré de las regiones,
las conduciré a su tierra y las apacentaré en los montes de Israel 116.
Constituyó como montes de Israel a los autores de las Escrituras divinas.
Apacentaos allí para hacerlo con seguridad. Cuanto oigáis que procede de allí
deleite vuestro paladar; rechazad cuanto sea extraño. No os extraviéis en la
niebla, oíd la voz del pastor. Reuníos en los montes de la Sagrada Escritura;
allí se encuentran las delicias de vuestro corazón; nada hay venenoso, nada
ajeno; hay pastos ubérrimos. Basta con que vengáis sanas, que sanas os
apacentéis en los montes de Israel. Y en los riachuelos y en todo lugar
de la tierra 117. En estos
montes que os he mostrado tienen su cabecera los riachuelos de la predicación
evangélica, cuando en toda la tierra se extendió su voz 118 y
todo lugar de la tierra se hizo alegre y fecundo para las ovejas que han de ser
apacentadas. Las apacentaré en buenos pastos en los altos montes de
Israel y tendrán allí su aprisco 119, es decir,
el lugar donde descansen, donde digan: «Se está bien»; donde digan: «Es verdad,
está claro, no nos engañaron». Descansarán en la gloria de Dios, como en sus
apriscos. Y dormirán, es decir, descansarán, y descansarán
en deleites sanos 120.
25. Y pastarán pastos jugosos en los montes de Israel 121. Dije ya
quiénes son los montes de Israel, los montes buenos a los que levantamos los
ojos para que de ellos nos venga el auxilio. Pero nuestro auxilio nos viene del
Señor, que hizo el cielo y la tierra 122. Por esto,
para que no pongamos nuestra esperanza ni siquiera en los montes buenos,
dijo: Apacentaré mis ovejas en los montes de Israel 123; a su vez,
para que no te quedases en los montes, añadió inmediatamente: Yo mismo
apacentaré mis ovejas 124. Levanta
tus ojos a los montes, de donde te vendrá el auxilio; pero escucha a quien
dice: Yo mismo apacentaré. Porque tú auxilio está en el Señor, que
hizo el ciclo y la tierra 125.
26. Y yo las haré descansar, dice el Señor Dios 126. Mas, para
hacerlas descansar, antes las curó. Que comenzó curándolas, lo dice
después: Esto dice el Señor Dios: Buscaré la perdida; haré volver a la
extraviado; vendaré a la perniquebrada, robusteceré a la débil y custodiaré a
la gorda y fuerte 127: cosas
todas que no hacían los malos pastores, que se apacentaban a sí mismos, no a
las ovejas. No dice el Señor: «Pondré otros pastores buenos que hagan eso»,
sino: «Yo mismo lo haré; no confiaré mis ovejas a ninguno otro». Estad
tranquilos vosotros, hermanos; estad tranquilas vosotras, ovejas; ¿nos parece
que hemos de temer, como si faltase el pastor bueno?
12. 27. Concluye de esta
forma: Y las apacentaré con justicia 128. Ten en
cuenta que sólo él las apacienta: con justicia. Pues ¿qué hombre
puede juzgar a otro hombre? Todo está lleno de juicios temerarios. Aquel de
quien habíamos perdido toda esperanza se convierte repentinamente y se
convierte en el mejor. Aquel de quien habíamos esperado tanto, cae
repentinamente y se convierte en el peor. Tanto nuestro temor como nuestro amor
son inseguros. Qué es el día de hoy un hombre cualquiera, apenas lo sabe él
mismo. Con todo, en cierta medida, él sabe qué es hoy; en cambio, qué será
mañana, ni él mismo lo sabe. Apacienta, pues, él con justicia, repartiendo a
cada uno lo suyo: esto a éstos, aquello a aquellos, lo merecido a quienes lo
merecen, sea esto o aquello. Sabe lo que debe hacer: él apacienta con justicia
a los que redimió cuando fue juzgado. Luego él mismo apacienta con justicia.
28. Pues en el profeta Jeremías dice: Cuchichió la perdiz, reunió
huevos que no puso, amontonando sus riquezas, pero sin justicia 129. Al
contrario de esta perdiz que amontonó sus riquezas sin criterio, este pastor
apacienta con justicia. ¿Por qué sin justicia aquélla? Porque reunió lo que no
engendró. ¿Por qué éste con justicia? Porque cría lo que él engendró. Estamos
hablando del pastor bueno. Los pastores buenos o no existen o están ocultos. Si
no los hay, ¿por qué perdemos el tiempo? Si están ocultos, ¿por qué no se habla
de ellos? En aquella perdiz algunos de nuestros mayores y de los comentadores
de la Escritura que me han precedido vieron significado al diablo, que reúne lo
que no parió. Él no es creador, sino embaucador, amontonando sus riquezas sin
justicia. No le importa el que uno se extravíe de esta forma y otro de otra.
Quiere que todos se extravíen, sean cuales sean los errores. ¡Cuán distintas
herejías existen! ¡Cuán diversos son los errores! Él quiere que los hombres se
extravíen en todos. El diablo no dice: «Sean donatistas y no arrianos». Sea
aquí, sea allí, le pertenecen a él, que congrega sin criterio. «Si adora los
ídolos -dice- es mío; si permanece en la religión judía, mío es; si,
abandonando la unidad, se va a esta o aquella herejía, mío es». Así, pues,
reúne sin criterio al amontonar sus riquezas. Pero ¿qué sigue? A mitad
de sus días la abandonarán y en sus postrimerías aparecerá como necia 130. Viene
aquel que congrega de todas las partes sus ovejas. A mitad de sus días,
antes de lo que esperaba, antes de lo que pensaba, le abandonarán, y
aparecerá como necio en sus postrimerías. ¿Por qué en sus primeros días
aparecía como sabio y en los últimos como necio? Escuchad, hermanos. A veces en
la Escritura se pone sabiduría en lugar de astucia, recurriendo a un término
impropio en vez del correcto. Por esto se dice: ¿Dónde está el sabio, dónde
el docto, dónde el investigador de este mundo? ¿No ha hecho Dios necia la
sabiduría de este mundo? 131 También
esta perdiz, el mismo dragón, la misma serpiente, se mostró aparentemente sabia
cuando, por medio de Eva, engañó a Adán 132. Creyó
Adán que decía la verdad, estimó que le daba un buen consejo; le creyó a él
antes que a Dios. Según la costumbre de nuestras Escrituras -pues, ¿qué nos
importa a nosotros cómo hablen los autores del mundo?-,se habla de sabiduría en
sentido inapropiado y peyorativo. Esto lo puedes ver en el mismo libro: Era
allí la serpiente más sabia que todas las bestias 133. Esta
bestia, la más sabia de todas, es considerada como astuta y hábil en el engaño.
Luego ya no se le da crédito. Se le dice: «Renunciamos a ti; nos basta con que,
por incautos, nos hayas engañado la primera vez». De este modo, pues, en sus
últimos días aparecerá como necia. Saldrán a la luz sus engaños y, por lo
mismo, ya no habrá otros. En sus últimos días aparecerá como necio quien reunió
lo que no engendró y amontonó sus riquezas sin justicia. Al contrario que él,
nuestro Redentor apacienta con justicia.
29. Pensemos en un hereje cualquiera. Aunque no es hermano del diablo,
ciertamente es su ayudante e hijo. También a él le llamaría perdiz, animal
peleón. Como saben los cazadores, a este animal es posible cazarlo por su afán
de pelea. Los herejes pelean contra la verdad, y eso ya desde el momento en que
se separaron. Ahora, como ya están capturados, dicen: «No queremos peleas». No
tiene sentido que diga: «No quiero peleas». ¡Oh cautivo! Sin lugar a duda eres
tú el que en los primeros tiempos de tu separación acusabas de traidores,
condenabas a inocentes, buscabas la sentencia del emperador, no te sometías al
juicio de los obispos, siempre que eras vencido volvías a apelar, ante el
mismísimo emperador litigabas con todo empeño, reunías lo que no habías engendrado.
¿Dónde está ahora tu dura cerviz? ¿Dónde tu lengua? ¿Dónde tu silbido?
Ciertamente en tus últimos días te hiciste necio, te atemorizaste al carecer de
justicia. Pues no quieres juzgar lo cierto, ni sobre tu error, ni sobre la
verdad. Al contrario de ti, Cristo apacienta con justicia, distingue las ovejas
que son suyas de las que no lo son. Mis ovejas -dice- escuchan
mi voz y me siguen 134.
13. 30. Aquí descubro a
todos los buenos pastores en uno solo. Pues no faltan los buenos pastores, pero
se hallan en uno solo. Los que están divididos son muchos. Aquí se anuncia uno
solo, porque se encarece la unidad. En verdad, si aquí no se habla de pastores
sino de un solo pastor, no se debe a que el Señor no haya encontrado a quien
confiar sus ovejas. Entonces las confió porque encontró a Pedro; más aún, hasta
en el mismo Pedro de encareció la unidad. Eran muchos los apóstoles y sólo a
uno se dice: Apacienta mis ovejas 135. ¡Lejos de
mí decir que faltan ahora buenos pastores; lejos de mí pensar que lleguen a
faltar; lejos de su misericordia el que no los engendre y constituya como
tales! En efecto, si hay buenas ovejas, hay también buenos pastores, pues de
las buenas ovejas salen buenos pastores. Pero todos los buenos pastores están
en uno, forman una unidad. Apacientan ellos: es Cristo quien apacienta. Los
amigos del esposo no profieren su voz propia, sino que gozan de la voz del
esposo 136. Por lo
tanto, es él mismo quien apacienta cuando ellos apacientan. Dice: «Soy yo quien
apaciento», pues en ellos se halla la voz de él, en ellos su caridad. Quería
que el mismo Pedro a quien confiaba sus ovejas, como si fuera su otro yo,
formase unidad consigo, para de este modo confiarle las ovejas. Porque así
Cristo sería la cabeza y Pedro representaría al cuerpo, es decir, a la Iglesia,
y como esposo y esposa serían dos en una sola carne 137. Por lo
tanto, al confiarle las ovejas, ¿qué le pregunta antes como para no
confiárselas a otro distinto de sí? Pedro, ¿me amas? Y
respondió: Te amo. De nuevo: ¿Me amas? Y
respondió: Te amo. Y por tercera vez: ¿Me amas? Y
respondió: Te amo 138. Asegura
la caridad para consolidar la unidad. Así, pues, él mismo, siendo único,
apacienta en éstos; y éstos apacientan formando parte del que es único. No se
habla de los pastores, y se está hablando. Se glorían los pastores, pero quien
se gloríe, que se gloríe en el Señor 139. Esto es
apacentar para Cristo, apacentar en Cristo, apacentar con Cristo y no
apacentarse a sí mismo fuera de Cristo. No pensaba en la penuria de pastores,
como si el profeta anunciase como venideros estos malos tiempos, cuando
dijo: Yo apacentaré a mis ovejas 140, como
diciendo: no tengo a quien confiarlas. En efecto, cuando aún vivía Pedro, y
cuando aún se hallaban en esta carne y en esta vida los apóstoles mismos,
entonces dice aquel pastor único, en quien todos forman una unidad: Tengo
otras ovejas que no son de este redil; es preciso que yo las atraiga, para que
haya un solo rebaño y un solo pastor 141. Así,
pues, estén todos en el único pastor, anuncien todos la única voz del pastor,
de modo que la oigan las ovejas y sigan a su pastor, no a éste o al otro, sino
al único. Anuncien todos, unidos en él, una sola voz; no tengan diversas
voces. Os ruego, hermanos, que todos anunciéis lo mismo y no haya entre
vosotros divisiones 142. Oigan las
ovejas esta voz ajena a división, expurgada de toda herejía, y sigan a su
pastor que dice: Mis ovejas oyen mi voz y me siguen 143.
31. ¿Quieres saber, hereje, cómo no posees la voz del pastor y cuán
peligrosamente te siguen las ovejas a ti, vestido con piel de oveja, aunque por
dentro lobo rapaz? 144 Escuchan
tu voz; veamos si es de Cristo. Una oveja débil, descarriada de su rebaño,
busca la Iglesia, desconociendo dónde está el rebaño; busca a cuál agregarse,
dónde entrar. Háblale; escuchemos para ver si es la voz de Cristo. Veamos si es
la voz del cordero o la de la perdiz. La oveja de Dios busca su rebaño. Suponte
que una oveja del Oriente viene al África y busca su rebaño; topa contigo,
quiere entrar en tu basílica. Su cara desconocida te sorprende ya sea a ti, ya
a tu ministro. Ya de pie, ya sentado a la puerta, pregunta el ministro a la
oveja que busca su rebaño; mejor, el rebaño de Dios. Quiere unirse a sus
compañeras de rebaño, allí donde cree que se encuentra. Preguntas: «¿Eres
cristiano o pagano?» Como oveja de Dios, responde: «Soy cristiano». Preguntas
si tal vez es catecúmeno y quiere acceder a los sacramentos. Te responde:
«Estoy ya bautizado». Le preguntas a qué comunión pertenece. Te responde: «Soy
católico». Al rechazarle, rechazas a un cristiano, a un bautizado, a un
católico. ¿Quiénes son los que tú tienes dentro? Recházalo, pues, repruébalo.
Rechazado por ti, es aceptado por Cristo. ¡Ojalá que también quienes están
contigo reconozcan quién eres y a mitad de tus días te abandonen! 145 Ciertos
hermanos nuestros fueron ayer a su basílica. Aunque son malos hermanos, son,
sin embargo, hermanos. Considerad, hermanos míos, la diferencia existente entre
la confianza en la verdad y el temor de la falsedad. Cuando reconocéis a alguno
de ellos en esta nuestra asamblea, ¡cómo gozáis! Se debe a que está en vosotros
quien busca lo que se había perdido 146. A veces
os insinúan: «Escuchará y se largará». Pero vosotros replicáis: «Primero que
escuche; luego que se marche». -«Escuchará y se mofará». -«Primero que escuche;
luego que se mofe. Alguna vez entrará en razón; alguna vez se dará cuenta.
Alguna vez le abandona su comunidad cristiana; se queda sólo consigo mismo,
renuncia a su error, da gracias a su Dios». Ellos, en cambio, ¿qué le dicen?
-«¿Quiénes sois?» -«Somos cristianos». -«No, sois espías». Y los otros
replican: -«Somos católicos». Intentaron injuriarlos; con acertada
deliberación, se arrepintieron. ¡Ojalá se arrepientan también de permanecer
allí, como se arrepintieron de injuriar a los que allí entraron. Con todo, ¿a
quiénes expulsaron? A cristianos, a bautizados, a católicos. No quiero decir a
quienes retuvieron consigo; a los que expulsaron los estoy viendo; a quiénes
dejaron dentro, ¡que ellos mismos lo digan!
32. Hablen, pues. Veamos si es la voz de Cristo, la voz del pastor, la voz
que siguen las ovejas. Sea que la pronuncie un hombre bueno, sea que la
pronuncie un hombre malo, veamos si es la voz del pastor. 14. Una
oveja débil busca la Iglesia; una oveja descarriada busca la Iglesia. ¿Qué le
dices tú? «La Iglesia está en la facción de Donato». Yo busco la voz del
pastor. Léeme eso en el profeta, en el salmo; léemelo tomándolo de la Ley, del
evangelio, del Apóstol. En esas fuentes yo leo que la Iglesia está extendida
por toda la tierra, y que el Señor dice: Mis ovejas escuchan mi voz y
me siguen 147. ¿Cuál es
la voz del pastor? Y que en su nombre se predique la penitencia y la
remisión de los pecados por todos los pueblos, comenzando por Jerusalén 148. He aquí
la voz del pastor; reconócela y síguela, si eres su oveja.
33. «Pero unos entregaron los códices, otros ofrecieron incienso a los
ídolos, Fulano y Mengano». ¿Qué me importa a mí lo que hizo Fulano y Mengano?
Si lo hicieron, no son pastores. Tú da a conocer la voz del pastor, porque ni
siquiera a propósito de ellos anuncias la voz del pastor. Eres tú el que acusa,
no el Evangelio, no el profeta, no el apóstol. Creo sólo a aquel de quien me
hablan esas voces, a nadie más. Pero aduces las actas; yo también. Si creo en
las que presentas tú, cree tú también en las que presento yo. Si no creo en las
que presentas tú, tampoco creas en las que presento yo. Déjense de lado los
documentos humanos, suenen las voces divinas. Preséntame una palabra de la
Escritura en favor de la parte de Donato; escucha voces interminables en favor
de la extensión de la Iglesia por toda la tierra. ¿Quién puede contarlas?
¿Quién las contará todas? Sin embargo, para recordar solamente unas pocas, pon
atención a la ley, el primer testamento de Dios: En tu descendencia
serán benditos todos los pueblos 149. Y en el
salmo: Pídeme y te daré como herencia los pueblos y como posesión tuya
los confines de la tierra 150. Harán
memoria y se volverán al Señor todos los confines de la tierra. Y lo adorarán
en su presencia todas las familias de los pueblos, porque suyo es el reino y él
dominará a los pueblos 151. Cantad
al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, tierra entera 152. Lo
adorarán todos los reyes de la tierra, todos los pueblos le servirán 153. ¿Quién se
bastará para contar tales textos? Casi en cada página no suena otra cosa que
Cristo y la Iglesia extendida por todo el orbe. Presénteseme una frase en favor
del partido de Donato ¿Es mucho pedir? Afirman que la Iglesia extendida por
toda la tierra habría de perecer. ¿Va a perecer la que tantos testimonios
predicen que ha de permanecer? En toda la ley, los profetas, en el Cantar de
los cantares, no se halla ni una vez esa afirmación en boca del pastor. Pues ni
ellos pudieron decir algo de verdadero sin la palabra de Dios, que es Cristo.
34. Escucha la voz de la Palabra y escúchala de boca de la Palabra.
Admirado de la fe del centurión, dijo: En verdad os digo que no he
encontrado fe tan grande en Israel. Por esto os digo que vendrán muchos de
oriente y de occidente, y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de
los cielos 154. Vendrán
muchos de oriente y de occidente: he aquí la Iglesia de Cristo, he aquí el
rebaño de Cristo. Tú verás si eres oveja. No se te oculta el rebaño que está en
todas partes. No podrás responder a tu juez, que no quieres que sea tu pastor;
no podrás -repito- responder a tu juez; «No lo sabía, no lo vi, no lo oí». ¿Qué
es lo que no supiste? Ni hay quien se esconda de su calor 155. ¿Qué es
lo que no viste? Vieron todos los confines de la tierra la salvación de
nuestro Dios 156. ¿Qué es
lo que no oíste? En toda la tierra se oyó su voz y en los confines del
orbe de la tierra sus palabras 157.
35. Con razón se exige de vosotros la voz de Cristo, la voz del pastor; voz
que oigan y sigan las ovejas. No encontráis qué decir, no tenéis la voz del
pastor. Oídla y seguidla. Abandonad la voz del lobo, seguid la voz del pastor;
o aportad la voz del pastor. 15. «La aportamos» -dicen-.
Oigámosles: «También nosotros aportamos la voz del pastor». Oigámosla: «En el
Cantar de los cantares -dicen- habla la esposa al esposo, la Iglesia a Cristo».
Conocemos el Cantar de los cantares, canto sagrado, canto amoroso del amor
santo, de la santa caridad, de la santa dulzura. Ardo en deseos de oír en él la
voz del pastor, la voz del dulcísimo esposo. Di, si tienes qué decir. Oigamos.
«La esposa -afirman- dice al esposo: Indícame tú, a quien ha amado mi
alma, dónde pastoreas, dónde sesteas 158. Y él
-añaden- responde: En el mediodía». Yo te aducía a ti testimonios
claros, que no podían interpretarse de otra manera: Pídeme y te daré
los pueblos en heredad y como posesión los confines de la tierra 159. Harán
memoria y se volverán al Señor todos los confines de la tierra 160. ¿Qué es
lo que me presentas del Cantar de los cantares? Lo que tal vez no entiendes.
Tales cantares, en efecto, son enigmáticos; son pocos los que los entienden y
se abren a los pocos que llaman 161. Retén y
acepta respetuosamente lo manifiesto, para merecer que se te abra lo oscuro.
¿Cómo vas a penetrar en lo oscuro si desprecias lo manifiesto?
36. En la medida en que pueda, voy a exponer, hermanos, aquellas palabras.
El Señor me asistirá para que veáis cuál es su comprensión correcta. En primer
lugar -y esto lo advierten todos con facilidad, hasta los no instruidos-,
distinguen mal las mismas palabras. Ahora lo oiréis, ahora lo comprobaréis. En
efecto, así se expresa el texto mismo de la lectura. La esposa habla al esposo: Indícame
tú, a quien ha amado mi alma, dónde pastoreas, dónde sesteas 162. Que esto
lo dice la esposa al esposo, la Iglesia a Cristo, no lo ponemos en duda ni
nosotros ni ellos. Pero escucha la totalidad de las palabras de la esposa. ¿Por
qué quieres atribuir ya al esposo lo que aún pertenece a la esposa? Indica todo
lo que tiene que decir la esposa; luego responderá el esposo. Escucha más
claramente el texto con la distinción de palabras que voy a proponer; no
hallarás nada más. Indícametú, a quien ha amado mi alma, dónde
pastoreas, dónde sesteas al mediodía. Son todavía palabras de la
esposa: dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía. Y advierte que
es ella quien está hablando todavía. Pues sigue así: No sea que tal vez
me quede como oculta entre los rebaños de tus compañeros 163. Pienso
que todos, sabios e ignorantes, saben distinguir el género masculino del
femenino. Oculta, ¿de qué género es? Lo pregunto a cualquiera: ¿del
género masculino o del femenino? Indícame tú, a quien ha amado mi alma 164 -dice-.
Al decir a quien, se está dirigiendo a un varón, se dirige al
esposo. Que está hablando la mujer al varón lo indican las palabras que
siguen: Dime dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía, no sea que
quede como oculta. Escucha que dice oculta para que todo
lo dicho te resulte manifiesto. Indícame tú, a quien ha amado mi alma,
dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía, no sea que tal vez quede como
oculta entre los rebaños de tus compañeros 165. Hasta
aquí, las palabras de la esposa. Aquí comienzan claramente las palabras del
esposo: Si no te reconoces a ti misma -reconoce a todas luces que
habla una mujer-; a ti misma, ¡oh hermosa entre las mujeres!; si no te
reconoces a ti misma, ¡oh hermosa entre las mujeres!, sal tras las huellas de
los rebaños y apacienta tus cabritos junto a las chozas de los pastores 166, no del
pastor. Mira cómo amenaza el pastor; mira cómo, aunque él es dulce, ante el
peligro prescindió de todo miramiento. ¡Cuán tiernamente habló ella!: «Indícame
tú, a quien ha amado mi alma, dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía.
Llegará, en efecto, el mediodía, cuando los pastores corren hacia la sombra;
tal vez se me oculte dónde pastoreas y dónde sesteas tú; y quiero que me lo
indiques, no sea que me quede como encubierta, es decir, oculta, y no sea
conocida. Yo estoy manifiesta, mas para que no caiga entre los rebaños de tus
compañeros como oculta, como encubierta». Todos los herejes salieron de Cristo;
todos cuantos se hicieron pastores malos y tienen sus rebaños bajo nombre
cristiano, fueron sus compañeros, participaron de su convite. Se llaman
compañeros (sodales), cual partícipes de un mismo banquete. En la lengua
latina se habla de sodales, como si se tratase de comensales (simuledales),
por el hecho de que comen de la misma mesa. Escucha al que en el salmo arguye a
los malos compañeros de mesa, es decir, a los participantes de un mismo
banquete: Si me hubiese ultrajado el enemigo -dice-, lo
habría soportado, y si hubiese dicho contra mí cosas graves, me habría
escondido de él; pero has sido tú, mi amigo y conocido, mi guía, que tomabas
conmigo dulces manjares 167. Por lo
tanto, muchos comensales, ingratos a la mesa del Señor, salieron fuera; los
malos comensales se hicieron mesas aparte para sí, levantaron altar contra
altar: en medio de ellos temió ella caer en su extravío.
37. Yo podría aceptar mejor que el mediodía del mundo es la parte de Egipto
y aquellas regiones quemadas por el sol, donde no aparece la lluvia. En efecto,
se llama mediodía al lugar donde el medio día es como una hoguera. Allí, a
pesar de todo, hay un desierto lleno de millares de siervos de Dios. Por lo
tanto, si queremos considerar el mediodía como referido a lugares, ¿por qué no
pastorea más bien allí y allí descansa, máxime cuando antes se ha dicho: Los
eriales del desierto serán fértiles 168? Pero si
juzgas que el mediodía se corresponde con África, te lo concedo. Sea África el
mediodía; séalo. Aquí están los malos compañeros. La Iglesia del otro lado del
mar, que navega en alguno de sus miembros se dirige por mar a África, está
preocupada de no extraviarse, invoca a su esposo y le dice: «Sé que abundan los
herejes en África, que son numerosos los que rebautizan en África; sé también
que allí hay también de los tuyos. Advierte que he oído una cosa y la otra.
Pero quiero escuchar de tu boca quiénes son los tuyos. Indícame tú, a
quien ha amado mi alma, dime dónde pastoreas, dónde sesteas al mediodía 169; en
aquel mediodía donde oigo que hay dos partidos, uno el de Donato y otro el que
está unido al mundo entero. Dime adónde tengo que ir, no sea que tal vez quede
como oculta, es decir, desconocida, entre los rebaños de tus
compañeros 170, caiga en
los de los herejes, que intentan poner piedra sobre piedra para destrucción, o
venga a parar a manos de los rebautizantes; indícamelo». Y él, que recomienda
la unidad del pastor, que en la lectura de hoy dijo: Yo las apacentaré 171, reprocha
a los pastores que quisieron ser muchos y perdieron unidad; él mismo responde
con severidad, sin medias tintas, en conformidad con la magnitud del peligro: «Si
no te reconoces -le dice- a ti misma, ¡oh hermosa entre las
mujeres! 172,. Eres
hermosa entre las mujeres, pero reconócete a ti misma. ¿Dónde te reconoces? En
todo el orbe de la tierra. Si eres hermosa, hay unidad en ti. Donde hay
división, hay fealdad, falta de hermosura. Si no te reconoces a ti
misma: has creído en mí, reconócete. ¿Cómo creíste en mí? Del mismo modo
que también los malos compañeros confiesan que la palabra se hizo carne, nació
de la Virgen, fue crucificada, resucitó, subió al cielo. Si en éste has creído,
en éste han creído también ellos. Conócete a ti y a mí. A mí, en el cielo; a
ti, en todo el orbe de la tierra». Cristo habla a cualquier miembro de la
iglesia como a la Iglesia misma. ¿Cómo, pues, la Iglesia busca a la Iglesia?
Sigo su forma de hablar. Indícame tú, a quien ha amado mi alma, dime
dónde pastoreas, dónde sesteas 173. ¿Qué
busca? A la Iglesia. Y él, como mostrándosele, le dice: En el mediodía,
como ellos quieren. Respóndanme cómo la Iglesia busca a la Iglesia. Indícame
tú, a quien ha amado mi alma. ¿Quién habla? La Iglesia. ¿Qué quiere que se
le diga? Dónde pastoreas, dónde sesteas, es decir, dónde está la
Iglesia. Habla la Iglesia y pregunta dónde está la Iglesia; y, según ellos
piensan, le responde él: En el mediodía. Si está solamente en el
mediodía, en África -como ellos dicen-, ¿cómo pregunta ella dónde está ella
misma? ¿O acaso una porción de la Iglesia transmarina pregunta con razón por el
mediodía, para no extraviarse? Cristo habla a cada miembro de su Iglesia como a
su Iglesia y le dice: Si no te reconoces a ti misma, ¡oh hermosa entre
las mujeres!, sal 174. Salir es
propio de los herejes. O reconócete, o sal, porque, si no te reconoces, has de
salir. Salir, ¿a dónde? Tras las huellas de los rebaños, siguiendo
los malos rebaños. Para que no pienses que, si sales, sigues a las ovejas,
escucha lo que viene continuación: Sal tras las huellas de los rebaños
y apacienta tus cabritos 175, no ya
ovejas. Sabéis, hermanos, dónde estarán los cabritos. Todos los que salieron de
la Iglesia estarán a la izquierda. A Pedro, que permanece dentro, le
dice: Apacienta mis ovejas 176; al
hereje, que sale: Apacienta tus cabritos 177.
38. «Existe -afirman- otro testimonio». Pero, sin duda, contra ti. Exponlo,
escuchémoslo. Irá igualmente en contra tuya, como el anterior que pensabas que
iba a favor tuyo. «Vosotros -dicen- pensáis que mediodía está por Egipto.
Nosotros interpretamos el mediodía de distintos modos: podemos entenderlo como
Egipto por su lugar geográfico, y también como el África misma». Escucha qué
entiendo por mediodía: entiendo el fervor de los hombres espirituales, que arde
con el fuego de la caridad y resplandece con la luz de la verdad. Pues se dice
en cierto salmo: Hazme conocer tu derecha y a los eruditos de corazón
en sabiduría 178. La
derecha, no los cabritos; los eruditos de corazón en sabiduría:
ellos son el mediodía. Por eso dice el profeta: Y tus tinieblas serán
como mediodía 179. De muchas
maneras podemos entender el mediodía. Pero entiendo cabalmente el África.
Acepto tu interpretación quizá mejor de lo que yo pensaba antes de tú
recordármelo: sea el África el mediodía. La iglesia transmarina teme caer en
manos de los rebautizantes, teme ir a parar, como desconocida, en los rebaños
de los compañeros, y pide a su esposo que le anuncie dónde pastorea, dónde
sestea al mediodía 180, porque,
en el mismo mediodía, en unos lugares apacienta, en otros no; en unos sestea,
en otros no. Escuche el consejo, venga a la Iglesia católica, no caiga en los
rebaños de los compañeros, no apaciente sus propios cabritos. Pero saca a
relucir ya el otro testimonio que anunciabas ibas a decir. «El profeta -dice-
habla así: Dios vendrá del Áfrico 181, y ¿dónde
está el Áfrico? Sin duda en África». ¡Qué testimonio! ¡Dios vendrá del
Áfrico. ¿Vendrá Dios del África? ¡Los herejes anuncian que en África
nace otro Cristo, y va por todo el mundo! ¿Qué es, te suplico, Dios
vendrá del Áfrico? Si dijerais: Dios permaneció en África, con poca
vergüenza lo diríais. Pero ahora decís también: «Vendrá del África». Sabemos
dónde nació Cristo, dónde padeció, dónde subió al cielo, desde dónde envió a
los discípulos, dónde los llenó con Espíritu Santo, dónde los mandó a
evangelizar todo el mundo: le obedecieron y se llena del Evangelio el orbe de
la tierra. ¡Y tú dices: Dios vendrá de África!
39. «Exponme, pues -dirás tú- cómo se entiende Dios vendrá del
Áfrico». Cita la frase entera y tal vez entonces la entenderás. Dios
vendrá del Áfrico, y el santo del monte umbroso 182. Exponme
ahora: Si ciertamente vendrá del África, ¿cómo puede venir del monte umbroso?
El partido de Donato trae su origen de Numidia. Los númidas fueron los primeros
en ser enviados a engendrar discordia, tumultos y escándalos, buscando causar
una gran calamidad. Fueron los númidas quienes los enviaron. En concreto,
Segundo de Tígisi. Dónde está Tígisi es manifiesto para todos. Los clérigos
enviados se reunieron en congregación apartándose de la Iglesia; no quisieron
que se unieran los clérigos de Cartago; pusieron un inspector, y fueron
recibidos por Lucila. El causante de todo este desastre fue un hereje númida.
En Numidia, de donde vino aquí tan gran mal, apenas se encuentra una simple
hoja de árbol; de hecho, ellos habitan en grutas. ¿Cómo puede hablarse de monte
umbroso en Numidia? Respóndeme. No cites sólo hasta: Dios vendrá de
Áfrico; exijo que cites también lo que sigue: Y el santo del monte
umbroso. Pero muéstrame que el partido de Donato proviene de un monte
umbroso de Numidia. Allí encuentras todo pelado, campos sin duda fértiles, pero
de trigo, no de olivos, no amenos por la existencia de otros árboles. ¿Dónde
existe en Numidia el monte umbroso de donde surgió este escándalo?
16. 40. «Exponme, pues
tú -dice- qué significa: Dios vendrá del Áfrico y el santo del monte
umbroso 183». Mira con
qué facilidad te lo voy a exponer. En primer lugar, escucha lo que dice el
Señor: Convenía que Cristo padeciese y resucitase al tercer día, y que
en su nombre se predicase la penitencia y la remisión de los pecados a todos
los pueblos, comenzando por Jerusalén 184. Mira de
dónde vendrá. Al decir: comenzando, predijo que desde allí había de
venir él en la persona de sus santos a otros pueblos. Lee en el libro de Josué
la repartición de la tierra de Israel entre todas las tribus. Claramente allí
se dice: Jebús del Áfrico, que es Jerusalén 185. Lee,
busca y hallarás. ¡Ojalá creas una vez que lo hayas encontrado! ¡Ojalá depongas
tu animosidad! Jebús del Áfrico, que es Jerusalén 186. El
Señor dice: Comenzando por Jerusalén 187; esto
es, Dios vendrá del Áfrico. ¿Cómo, pues, del monte umbroso? Lee
ahora el Evangelio. Cristo subió al cielo desde el monte de los Olivos. Sigue.
¿Qué hay más luminoso? Oyes: Del Áfrico; oíste: del monte
umbroso. Leemos la ley; leemos el Evangelio. Oíste: Comenzando por
Jerusalén 188;
oye: a todos los pueblos. Continúa leyendo en el mismo profeta
las palabras que despreciaste, las que pasaste por alto: Dios vendrá
del Áfrico, y el santo del monte umbroso; su sombra cubrirá los
montes y de su gloria está llena la tierra 189. A
todos los pueblos, comenzando por Jerusalén 190. Dios
vendrá del Áfrico, y el santo del monte umbroso, es decir, del monte de los
Olivos, de donde subió al cielo, desde donde envió a sus discípulos, donde en
el momento de la ascensión dice también: No os pertenece el saber los
tiempos que el Padre puso en su poder, pero recibiréis el poder de lo alto y
seréis mis testigos -ved cómo empieza el Evangelio- y seréis mis
testigos en Jerusalén, y en Judea, y en Samaria y hasta el confín de la tierra 191. Por lo
tanto, al llegar Cristo-Dios, su nombre y la predicación de su Evangelio se
extienden desde Jerusalén, esto es, desde el Áfrico, y desde el monte umbroso,
esto es, desde el monte de los Olivos, dado que el evangelio ha alcanzado
renombre en todos los pueblos. Cubrirá los montes su sombra 192, es decir,
su refrigerio, su protección. Y de su alabanza está llena la tierra 193. Cantad,
pues, con toda la tierra el cántico nuevo, no el cántico viejo con un rincón de
la tierra.
17. 41. Todavía añaden
algo más. «Cierto Simón de Cirene -dicen- fue requerido para llevar la cruz del
Señor 194». Lo hemos
leído, pero quiero saber cómo eso puede ayudar a tu causa. «Cirene -dicen- está
en África; por ello fue requerido para llevar la cruz». Tal vez desconoces
dónde está Cirene; está en Libia, en la Pentápolis, vecina al África, y
pertenece más bien al Oriente. Puedes conocerlo por la distribución del
territorio en provincias hecha por los emperadores. Es el emperador oriental
quien envía jueces a Cirene. Respondo brevemente: Donde está implantado el
partido de Donato no está Cirene; donde está Cirene no se halla el partido de
Donato. La verdad manifiesta deja convicto al error. Indíqueme una Cirene donde
está el partido de Donato; indíqueme un partido de Donato donde está Cirene.
Está claro, hermanos, que en la Pentápolis se halla la Iglesia católica; que el
partido de Donato no está implantado allí. Seguros, riámonos de quienes son
dignos de lágrimas y lloremos por quienes son dignos de risa. ¿Qué dices?
Mencionas como gran mérito de este Cireneo el haber llevado la cruz del
Señor 195 y
dices que es africano. Pero pertenece a la provincia de Oriente. Pues la
denominación Libia responde a dos territorios: una, que propiamente pertenece
al África, otra, una parte de la provincia de Oriente, contigua a África,
limítrofe con ella. Pero supongamos que el Cireneo fue africano. ¿Lo consideras
dichoso porque fue requerido a llevar la cruz del Señor? ¡Cuánto más
afortunadamente diría otro que la Iglesia de Cristo había quedado en Arimatea!
En efecto, José, aquel rico de Arimatea, teniendo ante sus ojos el reino de
Dios, se acercó a la cruz del Señor sin ser requerido ni obligado. Cuando los
demás estaban llenos de miedo, pidió a Pilatos que fuera sepultado el cuerpo
del Señor, lo depuso de la cruz, cumplió con las honras fúnebres, lo guardó en
el sepulcro y fue alabado en el Evangelio 196. Por el
hecho de que este hombre piadoso, que tanta atención prestó al cuerpo del
Señor, era de Arimatea, ¿permaneció la Iglesia allí? O si es que os agrada más
el que es requerido, es decir, obligado a llevar la cruz, rectamente obran los
emperadores católicos que os obligan a volver a la unidad.
1 Sal 79,2
2 Ez 34,1-2
3 Ez 34,2
4 Flp 2,21
5 Si 12,14
6 Ez 34,3-5
7 Ez 34,3-5
8 Cf 2Ts 3,8
9 2Ts 3,9
10 1Co 9,12
11 Lc 10,35
12 Flp 4,11-14
13 Flp 4,17
14 Lc 12,35
15 Mt 5,15-16
16 Cf Flp 2,21
17 Ga 4,14-15
18 1Co 12,26
19 Cf Ga 4,15
20 Ga 4,16
21 Cf Flp 2,21
22 Cf Sab 2,8
23 Tt 2,7
24 1Tm 4,12
25 Mt 23,3
26 Mt 5,28
27 Ez 34,3
28 Ez 34,4
29 Si 2,1
30 Cf Mt 7,24.26
31 1Co 10,4
32 Cf Mt 27,30 y par
33 Cf Mt 27,29 y par
34 Cf Mt 27,31 y par
35 Cf Mt 27,35 y par
36 2Tm 3,12
37 Cf Flp 2,21
38 2Tm 3,12
39 Mt 7,24-27
40 Sal 68,5
41 Hb 12,6; Dt 8,5
42 Cf Flp 2,6
43 Cf Jn 1,3
44 Cf Mt 27,26 y par
45 Cf Rm 8,14-16; Ga 4,5
46 Cf Rm 8,17
47 Sal 2,8
48 Si 2,1
49 1Co 10,13
50 Cf 1Co 10,13
51 2Co 13,3
52 Sal 79,6
53 Cf 1Co 10,13
54 Ez 34,4
55 Cf Flp 2,21
56 Cf Mt 11,29
57 Cf Mc 2,4
58 Ez 34,4
59 1Co 10,13
60 Ez 34,4
61 2Tm 4,2
62 Ez 34,4
63 2Co 5,10
64 Ez 34,4
65 Ez 34,4
66 Ez 34,4
67 Ez 34,4
68 Ez 34,5
69 Ez 34,5-6
70 Ez 34,6
71 Sal 120,1
72 Sal 120,2
73 1Co 1,11-12
74 1Co 1,13
75 Sal 34,10; 82,2
76 Sal 120,2
77 Ap 19,10; 22,9
78 Ez 34,6
79 Cf Col 3,3
80 Cf Jn 15,1-2
81 Rm 11,23
82 Cf Jn 15,1
83 Ez 34,6
84 Ez 34,7-8
85 Cf Flp 2,21
86 Ez 34,8
87 Ez 34,8
88 Ez 34,9
89 Ez 34,10
90 Ez 33,7-9
91 Ez 34,8
92 Ez 33,2-9
93 Ez 34,10
94 Mt 23,3
95 Mt 15,14
96 Mt 23,3
97 Mt 23,3
98 Rm 2,21
99 Mt 7,16
100 Mt 23,3
101 Ez 34,10
102 Sal 13,4
103 Ez 34,10.
104 Ez 34,11
105 Jr 3,15
106 Jn 21,15-17
107 Ez 34,10
108 Sal 79,2
109 Cf Gn 37,12-36
110 Cf Mt 26,15
111 Sal 79,3
112 Ez 34,11-12
113 Ez 34,12
114 Jn 10,27
115 Ez 34,12
116 Ez 34,13
117 Ez 34,13
118 Cf Sal 18,5
119 Ez 34,14
120 Ibid.
121 Ibid.
122 Cf Sal 120,1-2
123 Ez 34,14
124 Ez 34,15
125 Sal 120,2
126 Ez 34,15
127 Ez 34,16
128 Ibid.
129 Jr 17,11
130 Jr 17,11
131 1Co 1,20
132 Cf Gn 3,6
133 Cf Gn 3,1
134 Jn 10,27
135 Jn 21,17
136 Cf Jn 3,29
137 Cf Mt 19,5; Gn 2,24
138 Jn 21,15-17
139 Cf 2Co 10,17
140 Ez 34,15
141 Jn 10,16
142 1Co 1,10
143 Jn 10,27
144 Cf Mt 7,15
145 Jr 17,11
146 Cf Lc 15,5.9; 19,10
147 Jn 10,27
148 Lc 24,47
149 Gn 22,18
150 Sal 2,8
151 Sal 21,28-29
152 Sal 95,1
153 Sal 71,11
154 Mt 8,10-11
155 Sal 18,7
156 Sal 97,3
157 Sal 18,5
158 Ct 1,7
159 Sal 2,8
160 Sal 21,28
161 Cf Mt 7,7
162 Ct 1,7
163 Ibid.
164 Ct 1,8
165 Ct 1,7
166 Ct 1,8
167 Sal 54, 13-15
168 Jl 2,22
169 Ct 1,7
170 Ibid.
171 Ex 34,15
172 Ct 1,8
173 Ct 1,7
174 Ct 1,8
175 Ibid.
176 Jn 21,17
177 Ct 1,8
178 Sal 89,12
179 Is 58,10
180 Cf Ct 1,7
181 Ha 3,3
182 Hb 3,3
183 Hb 3,3
184 Lc 24,46-47
185 Jos 15,8
186 Ibid.
187 Lc 24,47
188 Ibid.
189 Hb 3,3
190 Lc 24,47
191 Hch 1,7-8
192 Hb 3,3
193 Sal 95,1
194 Cf Mt 27,32
195 Cf Mt 27,32
196 Cf Mt 27,57-60
