sábado, 1 de agosto de 2026

Domingo Xº después de Pentecostés: Parábola del fariseo y el publicano

 Para el Domingo, 2 de Agosto

Nota, las lecturas suelo tomarla según los momentos. 

Sagrada Biblia Comentada  Nácar Colunga

Straubinger

F. Cantera - M. Iglesias, 


Parábola del fariseo y el publicano, ilustración de Gustave Doré para la Biblia (1843)


La oración con humildad de corazón

Decimo Domingo después de Pentecostés

 

Lecturas tomadas de Sagrada Biblia comentada, Nácar Colunga

 

 

EVANGELIO Lucas 18, 9-14

 

9 Dijo también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. 10 Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. 11 El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, adúlteros, injustos, ni como este publicano. 12 Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo. 13 El publicano se quedó allá lejos, y ni se atrevía a levantar los ojos al cielo, y hería su pecho diciendo: ¡Oh Dios!, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que bajó éste justificado a su casa, y no aquél. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

 

Propia de Lc. El auditorio de esta parábola es distinto del auditorio de la anterior (v.1-9). Por eso, su unión con ella tiene por razón el tema de la oración. Es un contexto lógico, sea de Lc o de la catequesis.

La finalidad de ella es enseñar el valor de la oración, pero con una condición esencial de la misma: la humildad. Es condición esencial, pues todo el que pide ha de reconocer lo que no tiene. Cristo, según Lc, dijo esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás. En la oración, pues, la actitud humilde es lo que hace a Dios aceptarla, mientras que la actitud soberbia del que pide con exigencia, más o menos camuflada, Dios no la escucha. Así termina la parábola con una sentencia, citada varias veces, pero que insertada aquí comenta el sentido del intento: El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado (cf. Lc 14:11; Mt 23:12).

v.9. Dos hombres suben al templo a orar. La escena presenta más bien una oración privada. Uno fariseo: soberbio, engreído por la práctica material de la Ley; despreciador de los demás, por considerarlos pecadores. El fariseo se consideraba siempre el justo. El publicano, alcabalero al servicio de Roma y predispuesto a negocios ilícitos, era considerado como gente pecadora, odiada y despreciable.

v.11-12. La oración de pie era normal. No ora: relata sus necedades, porque sólo lo que refiere, aunque fuese verdad, no evitaba el orgullo. Además alega obras de supererogación. Ayuna dos veces por semana. No había más obligación que el ayuno anual del día de Kippur, el 9 del mes de abril. Pero los fariseos ayunaban los días segundo y quinto de la semana. [Didajé, capítulo VIII]. Pagaba, además, el diezmo de todo lo que vendía o adquiría (χτάομαι = adquirir; Lev 27:30-33; Dt 14:22-28). La versión de la Vulgata (possideo) no es exacta.

 Strack-Billerbeck escribe: La oración puesta en boca del fariseo no es una invención tendenciosa, sino que expresa perfectamente la realidad. Como confirmación citan lo siguiente: Te doy gracias Yahvé, Dios mío, porque Tú me has dado parte con los que se sientan en la casa de la ciencia, y no con los que se sientan en las esquinas de las calles. Porque yo me levanto temprano, y ellos se levantan temprano, yo me levanto temprano para estudiar la Torah, y ellos se levantan temprano para atender a cosas sin importancia. Yo me fatigo y aprovecho con ello, mientras que ellos se fatigan sin ningún provecho. Yo corro hacia la vida del tiempo futuro, y ellos corren hacia la hora de la desesperación. (Strack-B., Kommentar.)

La oración del publicano, por su humildad, por reconocer lo que era ante Dios, pecador, sin levantar los ojos ni las manos al cielo, como era normal, y pedirle misericordia, le trajo la justificación. En cambio, la exhibición del fariseo, que alegaba ante Dios sus obras como si fuesen suyas, engreyéndose en su complacencia, no le trajo la justificación, que es el único término que aquí se compara (2 Sam 19:44 [LXX]; Sal 45:8; Rom 1:25). No le justifican sus obras solas. Conceptual y redaccionalmente se pensaría en Pablo. Es el único pasaje evangélico en que sale con este sentido esta palabra. Su construcción semita hace ver que sus raíces son la predicación de Cristo.

¿Cuál es su sentido original? Pues su redacción es cristiana. La oración del fariseo, conforme a la mentalidad de premios temporales a la virtud en el A.T., era un acto de gratitud a Dios. ¿Qué ha hecho, pues, de mal el fariseo? ¿Y qué había hecho el publicano para reparar su culpa? (J. Jeremías). La enseñanza original — la redacción cristiana es una potencialización histórica — es hacer ver el verdadero sentido del amor de Dios en el A.T., destacando, conforme a la valoración profética interpretativa (cf. Sal 51), el valor del arrepentimiento y la desestima de las simples obras si no van vivificadas por el espíritu.

El v.14b es discutido su sentido original aquí; aparece en otros contextos (Mt 23:12; 18:4) y se le da un tono de ética vulgar (Dibelius), que no parece estar a tono con el sentido original de la parábola, aunque, como adición sapiencial sintetiza este caso y alerta ante otros. 

 

El testimonio de San Pablo cuando oraba, para mí,  es un gran testimonio de fe, y es porque se había llenado del Espíritu Santo. 

Efesios III, 14 dice: "Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo".

En toda ocasión la oración de rodillas, es más ventajoso para crecer en humildad. Hay momentos que por la debilidad nuestra, llegamos a sentir dolor en nuestros huesos. ¡Damos gracias a Dios! 

Por el arrepentimiento Dios nos ha borrado nuestros pecados pasados y justificado en su Unigénito Hijo, Señor nuestro. Además que en cada confesión sacramental que hacemos, renovamos nuestro arrepentimiento de todos nuestros pecados del pasado.

 

Sagrada Biblia Straubinger

EPÍSTOLA  1 Corintios 12, 2-11

Los "carismas" o dones espirituales, 12:1-11.

1*En orden a las cosas espirituales no quiero, hermanos, que seáis ignorantes. 2*Bien sabéis que cuando erais gentiles se os arrastraba de cualquier modo en pos de los ídolos mudos. 3*Os hago saber, pues, que nadie que hable en el Espíritu de Dios, dice: “anatema sea Jesús”; y ninguno puede exclamar: “Jesús es el Señor”, si no es en Espíritu Santo.

4*Hay diversidad de dones, más el Espíritu es uno mismo, 5y hay diversidad de ministerios, más el Señor es uno mismo; 6y hay diversidad de operaciones, más el mismo Dios es el que las obra todas ellas en todos. 7*A cada uno, empero, se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien (común). 8*Porque a uno, por medio del Espíritu, se le otorga palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia, según el mismo Espíritu; 9*a otro, en el mismo Espíritu, fe; a otro, dones de curaciones, en el único Espíritu; 10a otro, operaciones de milagros; a otro, profecía; a otro, discreción de espíritus; a otro, variedad de lenguas; a otro, interpretación de lenguas. 11*Pero todas estas cosas las obra el mismo y único Espíritu, repartiendo a cada cual según quiere.

 Henos aquí ante un nuevo tema, el de los carismas pero que está dentro aún del otro más general de las reuniones litúrgicas, de que el Apóstol comenzó a tratar en el capítulo n. Probablemente corresponde al "en segundo lugar," que está pidiendo el "primeramente" de 11:18, y que explícitamente no encontramos en ninguna parte. Sería, pues, el siguiente de los abusos, después del de la cena eucarística, que el Apóstol intenta corregir.

En efecto, parece que en Corinto había mucha efervescencia y bastante desorientación en el asunto de los carismas. De este punto tratamos ya ampliamente en la introducción a la carta, a cuya exposición remitimos.

Comienza San Pablo diciendo a los corintios que quiere que tengan sobre este punto ideas claras (v.1). Luego, después de aludir a su anterior estado en el paganismo, les advierte de la radical diferencia en que sobre ese particular se encuentran ahora, una vez hechos cristianos (v.2-3). Aunque el texto de estos dos versículos se presenta gramaticalmente bastante irregular, su sentido general no parece dudoso. Alude el Apóstol, en primer término (v.2), a los fenómenos de excitación mántica y paroxismo de algunos cultos paganos, hacia los que en otro tiempo los corintios se dejaron arrastrar, sin que dispusieran de una norma para discernir el carácter verdadero o falso de esos fenómenos; ahora, en el cristianismo, ya no es así (v.3), sino que tienen una norma clara para discernir las manifestaciones carismáticas, y esa norma es la confesión de la soberanía de Jesucristo. Si, pues, en alguna de sus asambleas aparece un presunto carismático y grita "anatema sea Jesús," ése no es movido por el Espíritu de Dios y, por tanto, no tiene verdadero carisma, aunque acompañe sus afirmaciones de fenómenos extraordinarios 182; al contrario, si grita "Jesús es el Señor," ése habla en el Espíritu Santo. Una regla parecida había dado Dios en el Antiguo Testamento para discernir a los verdaderos profetas (cf. Dt 13:2-6). Es muy de notar la importancia que da San Pablo a la confesión del "señorío" de Jesucristo, que considera como santo y seña de la ortodoxia (cf.8:6). Proclamada esa regla de carácter general, prosigue el Apóstol ahondando en la naturaleza de los carismas. Ya antes (v.3) dio a entender que los carismas tienen todos su origen en el Espíritu Santo; ahora (v.4-n) va a recalcar y explicar más esa verdad, que es la base de todo, y a la que no estaban acostumbrados los paganos, para quienes cada divinidad concedía sus carismas especiales. Es cierto que el Apóstol no habla sólo del Espíritu, sino también de Jesucristo, a quien atribuye los "ministerios" (v.5), y del Padre, a quien atribuye las "operaciones" (v.6). Sin embargo, notemos cómo en el v.7 llama a todos los carismas indistintamente "manifestaciones del Espíritu," y cómo en el ν. 11 los atribuye todos expresamente al Espíritu. Y es que Padre, Hijo y Espíritu Santo constituyen un solo Dios, con un único principio de acción, que es la naturaleza divina. Los carismas, pues, proceden en realidad de las tres divinas personas, y es lo que el Apóstol hace resaltar en los v.4-6, pero son atribuidos de modo particular al Espíritu Santo, que es espíritu de amor y de santificación. Discuten los autores si esos tres nombres "dones-ministerios-operaciones" aluden o no a carismas diversos. Muchos responden afirmativamente, considerando entre los "dones," v.gr., la glosolalia, entre los "ministerios" la palabra de sabiduría o de ciencia (apóstoles, profetas, doctores.), entre las "operaciones" el poder de milagros. Más probable parece, sin embargo, que con estos tres nombres Pablo esté pensando en una misma realidad, es a saber, las gracias divinas en general, las cuales en cuanto "carismas" o dones gratuitos de Dios son atribuidos al Espíritu, en cuanto "ministerios" o servicios prestados en bien de la Iglesia son atribuidos a Jesucristo, fundador y cabeza de la Iglesia, en cuanto "operaciones" o actos de la omnipotencia divina son atribuidos al Padre, origen primero del ser y del poder. De hecho, en v.10 se ponen las "operaciones" entre los carismas, y en v.28-31 se atribuyen a Dios no sólo las "operaciones," sino también "carismas" y "ministerios."

El elenco de carismas nos lo da San Pablo en los v.8-10. Luego hará otra enumeración en los v.28-30. También da lista de carismas en Ef. 4:11 y en Rom 12:6-8. Como ya explicamos al comentar este último lugar, en ninguno de los pasajes tiene intención el Apóstol de hacer una enumeración completa. En cuanto a la naturaleza y significado concreto de cada uno de los carismas, no siempre es fácil de determinar, por falta de puntos de referencia. Muchas veces no tenemos otra base que el nombre con el cual se designa el carisma, lo cual es muy poco. Damos la interpretación que parece más probable.

Enumera primeramente el Apóstol el carisma de sabiduría, que correspondería a un don para penetrar en los misterios divinos y saber exponerlos a los fieles (cf. 2:6-16; Heb 6:1); sigue el carisma de ciencia, que parece inferior al precedente, y correspondería a un don para saber exponer cual conviene las verdades elementales del cristianismo (cf. Heb 6:1). Habla luego del carisma de fe, que evidentemente no ha de confundirse con la fe salvífica general de que habla en Gálatas y Romanos, necesaria a todos los fieles, sino que sería una "fe" en grado extraordinario, de plena y viva confianza en Dios, capaz de trasladar montañas (cf. 13:2). En cuanto a los carismas de curaciones y de milagros, los mismos términos son ya suficientemente claros; parece que el segundo se distingue del primero en cuanto que tiene un campo más amplio de actuación. La profecía, mencionada también en el correspondiente pasaje de la carta a los Romanos, no aludiría tanto a la predicción del futuro, aunque tampoco eso se excluya, cuanto a poder hablar en nombre de Dios "para edificación, exhortación y consolación" de los fieles (cf. 14:3). La "discreción de espíritus" parece corresponder a un don para poder determinar el origen de los fenómenos carismáticos, si proceden del bueno o del mal espíritu, en caso de no ser aplicables reglas fáciles, como la del v.3. Por lo que respecta a la glosolalia o géneros de lenguas, remitimos a lo dicho al comentar Act 2:4. Y en cuanto a la interpretación de lenguas, sería un don complemento del anterior, cuyo significado es fácil de entender (cf. 14:5-28).

Queda, finalmente, otro aspecto, además del de su origen del mismo Espíritu, que es también de suma importancia para determinar la naturaleza de los carismas: el de que el Espíritu los distribuye a cada uno según quiere en orden a la común utilidad (v.7). De este aspecto, a fin de que lo entiendan mejor, va a tratar San Pablo largamente en la siguiente narracion valiéndose de la imagen del cuerpo humano. 

 

* 1. En los capítulos 12, 13 y 14 responde San Pablo a la consulta sobre los carismas o dones especiales del Espíritu Santo (el griego dice literalmente los pneumáticos) concedidos abundantemente a los cristianos por el divino Espíritu, según era visible en la Iglesia. Véase Hechos 2, 1 ss; 8, 17; 19, 6 y notas. Fillion hace notar que esas manifestaciones espirituales “se han enrarecido poco y poco y aun desaparecieron casi completamente”'. Dejan de mencionarse en la Escritura desde el final del tiempo de los Hechos.

* 2. A los que mirasen nuestra fe como un ciego dogmatismo gregario y servil, opone San Pablo aquí un verdadero alarde de vida espiritual. Jesús es la luz, y no quiso que se le siguiera en tinieblas con “la fe del carbonero” (Juan 12, 46), porque la vida eterna consiste en conocerlo bien a Él y por Él al Padre (Juan 17, 3). De ahí que el gran Apóstol no quiere que los cristianos ignoren los misterios del Espíritu (versículo 1). y opone la Ley de Cristo (versículo 3) —que no es ídolo mudo, porque habló y sus Palabras son la verdad que hace libres a los que las buscan y conservan (Juan 8, 31 s.)— a la oscura esclavitud de los paganos que, sin vida espiritual propia, se dejaban pasivamente conducir a la superstición por mentores semejantes a aquellos sacerdotes de Bel cuyos subterfugios descubrió tan admirablemente el profeta Daniel (Daniel 14, 1-21). Cf. II Corintios 1, 23; 13, 4; Gálatas 4, 8 y notas.

* 3. He aquí la regla general para distinguir los espíritus: todas las manifestaciones de palabra o de hecho que se oponen a Jesús, esto es, a su gloria o a su enseñanza, son malas. Nótese que el Espíritu Santo, que por voluntad del Padre es el glorificador de Jesús (Juan 16. 14), es también quien nos anima y capacita para confesar que Jesús es el Señor (cf. Marcos 9, 38; I Juan 5, 1 y 5; Fil. 2, 11 y nota). Las almas iluminadas por el Espíritu Santo se elevan a la espiritualidad propia de los hijos de Dios (Romanos 8, 14) merced a la mansión en ellas del divino Espíritu (2, 11 ss.; 3, 17ss. y notas). “El Espíritu Santo es fuente de un gozo sin fin que consiste en la asimilación de Dios. ¡Convertirse en Dios! Nada puede apetecerse de más bello” (San Basilio).

* 4 ss. Los mejores autores señalan en los versículos 4-6 la mención sucesiva del Espíritu Santo, del Verbo encarnado y del Padre, de donde se deducen preciosas enseñanzas sobre la doctrina de la Santísima Trinidad y la distinción de las divinas Personas. Véase 8. 6 y nota.

* 7. Es decir, no para Él sino para toda la Iglesia (versículos 12 ss.), lo cual comporta gravísima responsabilidad en quien recibe los dones, como se ve en la parábola de los talentos (Mateo 25, 14 ss). Ello explica que haya habido profetas infieles a su misión, y nos muestra que la posesión de esos dones no es por sí misma un indicio suficiente de santidad.

* 8 ss. Se trata de los diversos carismas o inspiraciones y dones especiales, ministerios apostólicos y operaciones sobrenaturales. Véase versículos 28-30; Romanos 12, 6-8; Efesios 4, 11. Buzy hace notar cómo San Pablo coloca por encima de la ciencia la sabiduría o conocimiento de los designios íntimos de Dios. Cf. 2, 10 ss. y notas.

* 9. Se refiere, como observan Fillion, Buzy, etc., no a la fe teologal sino a la fe que obra milagros, y cuyos efectos son enumerados a continuación (cf. Mateo 17, 20). Véase 13, 2 y nota.

* 11 ss. Como hay muchos miembros, pero un solo cuerpo, así hay también muchos carismas. pero un solo Espíritu. Ninguno se juzgue despreciado si otros están dotados de un don más apetecido. Cada uno guarde su puesto y el don que el Espíritu le ha concedido, pues que no se trata de dones personajes (versículo 7 y nota) y todos los carismas son inútiles sin la caridad (12-26). Véase Romanos 12, 3 y 6; Efesios 4, 7. “No hay felicidad mayor que la de saber que, de toda eternidad, Dios tenía un destino elegido especialmente para cada uno, por su infinito amor, de modo que en ese destino estará para nosotros el máximum de la dicha que a cada uno conviene, tanto en la eternidad como desde ahora. Pretender cambiar esa posición por iniciativa propia sería, no solamente querer superar el amor de Dios y su sabiduría, sino también alterar el fin que Él mismo se propuso al crear a cada uno. Véase 15, 38 ss. Por lo demás, si bien las palabras según quiere se refieren al divino Espíritu, también es, en cierta manera, según quiere cada cual, es decir según acepta y desea. Porque el mismo Dios nos advierte que Él llena de bienes a los hambrientos (Lucas 1, 53) y nos invita a abrir bien la boca para poderla colmar (Salmo 80, 11 y nota). En un mercado donde todo se da gratis, el que pide poco es un necio (cf. Isaías 55. 1 y nota). Sólo se trata de hacerse pequeño como un niño para recibir lo que se niega a los sabios y a los prudentes (Lucas 10, 21). Tal es el sentido de las palabras de San Agustín: “Si quieres ser predestinado, hazte predestinado”.


domingo, 26 de julio de 2026

San Lucas, XIX, 41-44. Llanto por Jerusalen


Domingo XIX después de Pentecostés 


Biblia comentada por los profesores de Salamanca

 San Lucas, XIX

Llanto sobre Jerusalén, 19:41-44.


41 Así que estuvo cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: 42 ¡Si al menos en este día conocieras lo que hace a la paz tuya! Pero ahora está oculto a tus ojos. 43 Porque días vendrán sobre ti, y te rodearán de trincheras tus enemigos, y te cercarán, y te estrecharán por todas partes, 44 y te abatirán al suelo a ti y a los hijos que tienes dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de tu visitación.

 

Comentario Bíblico

 

Propio de Lucas. Al bajar el monte de los Olivos, ya acercándose a Jerusalén, y contemplarla, y enfrente el templo herodiano, "lloró" a causa de la ciudad. Lc acompañaban la aclamación de sus discípulos y gentes galileas y algunos judíos. Pero veía lo que le aguardaba a Él y a ella. ¡Si Jerusalén hubiese conocido "en este día," como extrema tabla de salvación, toda la misión de paz mesiánica que El le traía! Pero eran muchas las pasiones que estaban en juego contra El. Y la historia de un pueblo que esperaba al Mesías para su gloria y su paz, cuando éste llegó., lo va a crucificar. Es lo que el Señor ve y por lo que derrama sus lágrimas. Pero con ellas, como garantía de su verdad, da la profecía de su castigo. Es la catástrofe de Jerusalén en el año 70.

La descripción, detallista, no supone, parece, el cumplimiento de la ruina de Jerusalén para su descripción. Son los elementos usuales para la descripción del asedio de una ciudad. Algo semejante se encuentra en Isaías para hablar del asedio de Jerusalén por los asirios (Is 29:3-7) 6, y más aún en Ezequiel (4:2.3). Si hubiera sido redactado literariamente este pasaje después de los hechos — no en sentido profético de Cristo — , posiblemente hubiera tenido una descripción más vivida, y concretamente el "incendio" del templo. Es posible objeción a la fecha de la composición de este evangelio. Cabría, sin embargo, que procediese el relato de una "fuente" anterior y que se hubiese respetado e incorporado, o por querer respetar el estilo "profético" con clisés tradicionales. En todo caso es discutible su valoración.

La descripción de esta catástrofe en Flavio Josefo y la arqueología han probado la verdad del mensaje profético del Señor.

Todo ello por "no haber conocido el tiempo de su visitación." "La visita de Dios" es frase frecuente en el A.T. para indicar castigos o premios. El "tiempo de su visitación" es todo el período mesiánico de Cristo, de enseñanza y milagros, en Galilea y Judea, en sus repercusiones en Jerusalén, y, más en concreto, sus "visitas" — enseñanzas y milagros mesiánicos — en Jerusalén (= paz).

 

 Comento: La visita del Señor siempre la debemos tener muy presente, no solamente cuando estamos en oración, o le recibimos cuando nos alimentamos con la Sagrada Eucaristía, cuando estamos en adoración. Y rezamos nuestras devociones: el Santo Rosario, las novenas en su tiempo. Son visitas en que nos preparamos nuestro corazón todos los días, el Señor no se separa de nosotros.

 El Señor quiere vernos limpios, perfectos y santos, y aún en las adversidades, los tropiezos que el enemigo quiere provocarnos, nosotros estamos firmes en la fe, en el Señor.

 Son numerosos los bautizados que no reconocen la presencia del Señor, lo mismo van a Misa que luego se divierten en cualquier deporte y otros lazos del demonio; bailes, juegos, disfraces, conversaciones y cantos mundanos, profanos. El Señor nos advierte que estos graves peligros para el alma no acaban bien.

 Iesus lloró, se lamentó por Jerusalén, la terrible tragedia que se acercaba, se olvidaba de Elohim para imitar conductas del paganismo.

Iesus llora, por esas almas que prefieren las diversiones terrenales, y abandonan la oración y la penitencia, por amor al mundo el alma se pierde y se enemista con Dios.

 Los paganos en la actualidad, hacen la guerra a Israel, y los enemigos, el mundo no encuentra el remedio de la paz. El príncipe de este mundo es el Maligno. Si aceptaran a Cristo y le obedeciesen, el enemigo acabaría derrotado.

No tiene poder el demonio cuando deseamos que el Hijo de Dios esté con nosotros y le obedecemos con pureza de corazón. Pero el alma que no busca al Señor se hunde en sus propias miserias. 

¡Oh alma cristiana, si supieras que es lo que te conduce a la paz, al amor de Dios, es Hijo de Dios, es Dios mismo. El Señor nos llama a que le aceptemos a Él. Pues el mundo esclaviza a sus amadores, a sus seguidores, y los arruina por completo. 

La castidad cristiana

12“Todo me es lícito”; pero no todo conviene. “Todo me es lícito”; pero yo no dejaré que nada me domine. 13*“Los alimentos son para el vientre y el vientre para los alimentos”; pero Dios destruirá el uno y los otros. En tanto que el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. 14Y Dios, así como resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros por su poder.

15¿No sabéis acaso que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré pues los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una ramera? Tal cosa ¡jamás! 16¿Ignoráis que quien se junta con una ramera, un cuerpo es (con ella) porque dice (la Escritura): “Los dos serán una carne”? 17*Pero quien se allega al Señor, un mismo espíritu es (con Él). 18Huíd de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre, queda fuera del cuerpo, más el que fornica, contra su mismo cuerpo peca. 19*¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que ya no os pertenecéis a vosotros? 20*Porque fuisteis comprados por un precio (grande). Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo. 

 

Todo es lícito menos el pecado que ofende a Dios. San Pablo se refiere a los alimentos, pero en la actualidad hay algo más. Pues se extiende a lo que dicen los herejes protestantes y de otras sectas, "Dios no mira como eres", y el que lo dice lleva tatuajes, porque así intenta consolarse por los engaños del demonio, tranquilizar la mala y corrompida conciencia. Los tatuajes son lepras de pecados mortales. Claro, no son verdaderos creyentes. Viven y mueren en el pecado. 

Considerando otros detalles, peca gravemente contra sí mismo, el que se tatúa, pues esto es alianza y comunión con los espíritus malignos, del mismo modo profana el templo del Espíritu Santo el que fuma y se droga.

No nos pertenecemos, y no debemos hacer con nuestro cuerpo nada de aquello que son sugestiones del demonio, como los tatuajes, etc. Son cuevas de demonios con sus vicios y pecados.

Lo que muchas almas creen que es licito, terminan por los abusos terribles arruinando su alma. No todo vale. El vicio del fumar es otra forma de destruir la pureza del cuerpo, dejando de ser templo del Espiritu Santo y en su lugar pone una cueva de demonios. 

 

En 1 Corintios 3, 16-17, . 16¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros.

Comentario bíblico.

* 17. El Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros (versículo 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro y piedras preciosas (versículo 12). “Destruye, pues, el templo de Dios quien prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”.

 

 

Nadie tiene derecho a manipular el propio cuerpo para el vicio ni el pecado, el que comete esta maldad no puede salvarse, arrastrará su pecado consigo mismo y el Señor lo castigará eternamente.

Dios es nuestro creador, y la creación del Señor es perfecta. Pero la manipulación humana está cargada de corrupción, defectos, y deformaciones en todos los sentidos, y me refiero a los medicamentos de los ateos.

 

 



Notas Bíblicas

* 13 ss. Decían algunos, a la manera de los materialistas modernos: fornicación y lujuria son cosas tan naturales y necesarias como satisfacer las exigencias del estómago. A ellos responde el Apóstol: En verdad el estómago es para los manjares, pero el cuerpo, como templo del Espíritu santo (versículo 19), está destinado para la gloria eterna. La Iglesia rechaza, por consiguiente, el culto de la carne, tan fomentado en los teatros y en la literatura, y esto no porque desprecie el cuerpo (Colosenses 2, 16 y nota), sino porque respeta la dignidad del mismo. “Si tú dices: tengo derecho a llevar una vida regalada y entre placeres, te responde el Apóstol: Ya no eres hombre libre y dueño de ti mismo; ya eres esclavo del regalo y del placer” (San Crisóstomo). El cuerpo es para el Señor, etc.: Es decir, para hacerse uno mismo con Cristo, como miembro de Él. Véase Ezequiel 18, 4 y nota. Y Él es para el cuerpo, pues será Él quien lo resucitará y glorificará. Cf. Filipenses 3, 20 s.

* 17. Un mismo espíritu, por participar de la divina naturaleza mediante la gracia. Cf. 6. 23; II Pedro 1, 4. “De la naturaleza del amor es transformar al amante en el amado; por consiguiente, si amamos lo vil y caduco nos hacemos viles e inestables... Si amamos a Dios nos hacemos divinos” (Santo Tomás).

* 19. “La impureza es un materialismo grosero, un sacrilegio que deshonra los miembros de Cristo, una degradación del propio cuerpo, una profanación que viola el templo del Espíritu Santo, una injusticia que desconoce los derechos de Cristo sobre nosotros” (Bover).

* 20. Por un precio grande: El texto dice solamente: por un precio: el Apóstol quiere recalcar que en esa compra el precio fue enteramente pagado, de modo que no puede dudarse que ya no somos nuestros. Véase en 7, 23, cómo insiste en esa misma verdad para convencernos de que no podemos esclavizar tampoco a otros hombres. “No contento con purificarnos, el Salvador nos ha enriquecido, pues nos mereció con su muerte la gracia santificante y la felicidad celeste. Por lo tanto, considerando que la Sangre de Cristo ha sido el precio de nuestro rescate, ¿no nos sentimos inducidos a guardarnos más cuidadosamente de toda caída?” (Santo Tomás).

Comento: La visita del Señor siempre la debemos tener muy presente, no solamente cuando estamos en oración, o le recibimos cuando nos alimentamos con la Sagrada Eucaristía, cuando estamos en adoración. Y rezamos nuestras devociones: el Santo Rosario, las novenas en su tiempo. Son visitas en que nos preparamos nuestro corazón todos los días, el Señor no se separa de nosotros. 

El Señor quiere vernos limpios, perfectos y santos, y aún en las adversidades, los tropiezos que el enemigo quiere provocarnos, nosotros estamos firmes en la fe, en el Señor.

 Son numerosos los bautizados que no reconocen la presencia del Señor, lo mismo van a Misa que luego se divierten en cualquier deporte y otros lazos del demonio; bailes, juegos, disfraces, conversaciones y cantos mundanos, profanos. El Señor nos advierte que estos graves peligros para el alma no acaban bien.

 Iesus lloró, se lamentó por Jerusalén, la terrible tragedia que se acercaba, se olvidaba de Elohim para imitar conductas del paganismo.

 Los paganos en la actualidad, hacen la guerra a Israel, y los enemigos, el mundo no encuentra el remedio de la paz. El príncipe de este mundo es el Maligno. Si aceptaran a Cristo y le obedeciesen, el enemigo acabaría derrotado.

No tiene poder el demonio cuando deseamos que el Hijo de Dios esté con nosotros y le obedecemos con pureza de corazón. Pero el alma que no busca al Señor se hunde en sus propias miserias.

 

 

 


 

Considerando otros detalles, peca gravemente contra sí mismo, el que se tatúa, pues esto es alianza y comunión con los espíritus malignos, del mismo modo profana el templo del Espíritu Santo el que fuma y se droga. 

No nos pertenecemos, y no debemos hacer con nuestro cuerpo nada de aquello que son sugestiones del demonio, como los tatuajes, etc.

Los pensamientos y actos lujuriosos nunca fueron naturales, 

 

En 1 Corintios III, 16¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros.

 

Comentario Bíblico:

* 17. El Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros (versículo 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro y piedras preciosas (versículo 12). “Destruye, pues, el templo de Dios quien prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”.

 

 

 

Nadie tiene derecho a manipular el propio cuerpo para el vicio ni el pecado, el que comete esta maldad no puede salvarse, arrastrará su pecado consigo mismo y el Señor lo castigará eternamente.

Dios es nuestro creador, y la creación del Señor es perfecta. Pero la manipulación humana está cargada de corrupción, defectos, y deformaciones en todos los sentidos, y me refiero a los medicamentos de los ateos.



* 13 ss. Decían algunos, a la manera de los materialistas modernos: fornicación y lujuria son cosas tan naturales y necesarias como satisfacer las exigencias del estómago. A ellos responde el Apóstol: En verdad el estómago es para los manjares, pero el cuerpo, como templo del Espíritu santo (versículo 19), está destinado para la gloria eterna. La Iglesia rechaza, por consiguiente, el culto de la carne, tan fomentado en los teatros y en la literatura, y esto no porque desprecie el cuerpo (Colosenses 2, 16 y nota), sino porque respeta la dignidad del mismo. “Si tú dices: tengo derecho a llevar una vida regalada y entre placeres, te responde el Apóstol: Ya no eres hombre libre y dueño de ti mismo; ya eres esclavo del regalo y del placer” (San Crisóstomo). El cuerpo es para el Señor, etc.: Es decir, para hacerse uno mismo con Cristo, como miembro de Él. Véase Ezequiel 18, 4 y nota. Y Él es para el cuerpo, pues será Él quien lo resucitará y glorificará. Cf. Filipenses 3, 20 s.

* 17. Un mismo espíritu, por participar de la divina naturaleza mediante la gracia. Cf. 6. 23; II Pedro 1, 4. “De la naturaleza del amor es transformar al amante en el amado; por consiguiente, si amamos lo vil y caduco nos hacemos viles e inestables... Si amamos a Dios nos hacemos divinos” (Santo Tomás).

* 19. “La impureza es un materialismo grosero, un sacrilegio que deshonra los miembros de Cristo, una degradación del propio cuerpo, una profanación que viola el templo del Espíritu Santo, una injusticia que desconoce los derechos de Cristo sobre nosotros” (Bover).

* 20. Por un precio grande: El texto dice solamente: por un precio: el Apóstol quiere recalcar que en esa compra el precio fue enteramente pagado, de modo que no puede dudarse que ya no somos nuestros. Véase en 7, 23, cómo insiste en esa misma verdad para convencernos de que no podemos esclavizar tampoco a otros hombres. “No contento con purificarnos, el Salvador nos ha enriquecido, pues nos mereció con su muerte la gracia santificante y la felicidad celeste. Por lo tanto, considerando que la Sangre de Cristo ha sido el precio de nuestro rescate, ¿no nos sentimos inducidos a guardarnos más cuidadosamente de toda caída?” (Santo Tomás).

domingo, 19 de julio de 2026

VIII Domingo después de Pentecostés, San Lucas XVI.

 

VIII Domingo después de Pentecostés

Textos sagrados: Sagrada Biblia Straubinger

San Lucas XVI 

1Dijo también, dirigiéndose a sus discípulos: “Había un hombre rico, que tenía un mayordomo. Este le fue denunciado como que dilapidaba sus bienes. 2Lo hizo venir y le dijo: « ¿Qué es eso que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no puedes ser mayordomo»*[1]. 3Entonces el mayordomo se dijo dentro de sí mismo: « ¿Qué voy a hacer, puesto que mi amo me quita la mayordomía? De cavar no soy capaz; mendigar me da vergüenza. 4Yo sé lo que voy a hacer, para que, cuando sea destituido de la mayordomía, me reciban en sus casas». 5Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: « ¿Cuánto debes a mi amo?» 6*Y él contestó: «Cien barriles de aceite». Le dijo: «Aquí tienes tu vale; siéntate en seguida y escribe cincuenta». 7*Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?» Éste le dijo: «Cien medidas de trigo». Le dijo: «Aquí tienes tu vale, escribe ochenta». 8*Y alabó el señor al inicuo mayordomo, porque había obrado sagazmente. Es que los hijos del siglo en sus relaciones con los de su especie, son más listos que los hijos de la luz.

 

San Lucas XVI

Sagrada Biblia Comentada Nácar—Colunga.

 

La trama es sencilla. Un administrador infiel va a ser destituido. Con ello, su fama y porvenir se hunden. La narración no resalta otros detalles intermedios, que podían suponerse; pero son elementos que no interesan a la finalidad propuesta. Este hombre, antes de ir a su dueño a rendir cuentas, se previene para el futuro, haciendo favores con fraude, ya que debe ser hombre débil que no puede ponerse a trabajar, y el mendigar le avergüenza: les rebaja en las cuentas parte de lo que debían.

 


El administrador infiel son los lobos rapaces, usurpadoras de los Apóstoles y de la sucesión del Apóstol Pedro. Obispos que pierden el Reino de Dios por su codicia terrenal que son muchas. Más en los tiempos del conciliábulo Vaticano II, y muchas almas se pierden por las enseñanzas de los pastores.


[1]

*1 Nácar Colunga, Nuevo Testamento, primera edición septiembre 2002:

Segunda impresión, octubre 2010

 

El administrador, cuando se enteró le iba a su cargo razonó así: para otros trabajos no valgo, voy a congraciarme con los que deben algo a mi amo quito la tasa que él había añadido al precio que había puesto su amo, así ganaría amigos entre los deudores de su amo. El amo cuando se enteró de los hechos por el administrador, alabó su astucia.  

Comentario Biblia de Jerusalén, 5ª Edición.

 

16 8 (a) Según la costumbre entonces tolerada en Palestina, el mayordomo tenía derecho a autorizar préstamos de los bienes de su amo y, como no percibía sueldo, a resarcirse aumentando en el recibo la cantidad prestada, para que en el reembolso pudiera beneficiarse de la diferencia como de un excedente que representaba su interés. En el caso presente, sin duda no había prestado en realidad más que cincuenta medidas de aceite y ochenta cargas de trigo; al rebajar el recibo a su cantidad real. no hace más que privarse del beneficio ciertamente usurario que había negociado. Su «injusticia», v. 8, no está, pues, en la reducción de recibos, que no es más que el sacrificio de sus intereses inmediatos. hábil maniobra que su amo puede alabar, sino más bien en las malversaciones anteriores que han motivado su despido v. 1.

 

Mi reflexión, el mayordomo habría añadido un precio distinto al que su amo tenía, encarecer el producto en su propio beneficio.

Hoy día se encarece mucho con el IVA, y los pobres muchas veces no pueden comprar lo necesario en alimentación, Y son malas acciones. Uno compra poca cosa y en el momento de pagarlo, la factura es demasiado alta.

Las personas pobres que van a la compra en supermercados, son victimas de los empresarios codiciosos. Incluso pagar la luz, el agua.

La codicia, la rapiña, la usura, los impuestos son senderos que acaban en ruina eterna. Los prestamos bancarios es el peor de toda codicia. Lo sufren las personas que caen en sus trampas.

Ser piedra de tropiezo para el débil, el alma se perjudica así misma.

 

Notas Straubinger

* 6. El barril corresponde al bat hebreo = 36,4 litros.

* 7. Cien medidas hebreas son 364 hectolitros.

* 8. Los hijos de la luz son los hijos del reino de Dios. Jesús no alaba las malas prácticas del administrador, sino la habilidad en salvar su existencia. Como el administrador asegura su porvenir, así nosotros podemos "atesorar riquezas en el cielo" (Mateo 6, 20) y no hemos de ser menos previsores que él. Aun las “riquezas de iniquidad” han de ser utilizadas para tal fin. Es de notar que no se trata de un simple individuo sino de un mayordomo y que las liberalidades con que se salvó no fueron a costa de sus bienes propios sino a costa de su amo, que es rico y bueno. ¿No hay aquí una enseñanza también para los pastores, de predicar la bondad y la misericordia de Dios, que viene de su amor (Efesios 2, 4), guardándose de “colocar pesadas cargas sobre los hombros de los demás?” (Mateo 23, 4). Cf. Jeremías 23, 33-40 y nota; Catecismo Romano III 2, 36; IV, 9, 7 siguientes

domingo, 28 de junio de 2026

San Lucas X, 32-42. 5º Domingo después de Pentecostés

 

Los lobos rapaces llegan a encontrarse incluso en la propia familia, compañeros de trabajo, entre los estudiantes, entre los vecinos, debemos ser muy vigilantes para que no nos destruyan, y menos en la fe. 

Sagrada Biblia Straubinger

San Mateo Capítulo X, 32-42

Exhortaciones y consuelos

 

32 “Pues todo el que me confesare delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre celestial; 33mas a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial. 

34*No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. 35He venido, en efecto, a separar 

al hombre de su padre,

a la hija de su madre,

a la nuera de su suegra;

36y serán enemigos del hombre los de su propia casa. 

37Quien ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. 38*Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de Mí. 39*Quien halla su vida, la perderá; y quien pierde su vida por Mí, la hallará.” 

40* Quien a vosotros recibe, a Mí me recibe, y quien me recibe a Mí, recibe a Aquel que me envió. 41Quien recibe a un profeta a título de profeta, recibirá la recompensa de profeta; quien recibe a un justo a título de justo, recibirá, la recompensa del justo. 42*Y quienquiera diere de beber tan sólo un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, a título de discípulo, en verdad os digo, no perderá su recompensa.”



* 34. La verdad es como una espada. No puede transigir con las conveniencias del mundo. Por eso los verdaderos discípulos de Jesucristo serán siempre perseguidos. El Señor no envía sus elegidos para las glorias del mundo sino para las persecuciones, tal como Él mismo ha sido enviado por su Padre. Cf. Juan 17, 18; Lucas 12, 51 s.; 22, 36 y nota.

* 38. Cf. 16, 24 ss.

* 39. Quien halla su vida, esto es, quien se complace en esta peregrinación y se arraiga en ella como si fuera la verdadera vida. Ese tal, ya habrá tenido aquí “sus bienes” como dijo Jesús al Epulón (Lucas 16, 25) y no le quedará otra vida que esperar. Véase el ejemplo de los Recabitas en Jeremías 35. Otros traducen; “quien conserva su alma”, esto es, quien pretende salvarse por su propio esfuerzo, sin recurrir al único Salvador, Jesús. Véase Lucas 14, 26 ss.; 17, 33 y notas.

* 40. A Mí me recibe: Jesús mismo vive en sus discípulos; es lo que da su significación a este comportamiento. Y cuando Jesús habla del “ethos” de la relación filial con Dios, de la actitud abierta y sin reservas frente al Padre y del amor fraterno recíproco que ha de unir a los hijos de Dios, el sentido de esta actitud se fundamenta asimismo partiendo de la persona de Jesús. “El que por Mí recibiere a un niño como éste, a Mí me recibe; y el que escandalizare a uno de estos pequeños que creen en Mí, más le valiera que le colgasen al cuello una piedra de molino de asno y le arrojaran al fondo del mar” (Mateo 18. 5-6) (Guardini).

* 42. Si los que sólo apagan la sed física de un discípulo de Cristo, obtendrán su recompensa ¿cuánto más la recibirán los ministros de Cristo que apaguen en las almas la sed de verdad?

 

 

Comentario Bíblico Nacar—Colunga

Tomo V, Evangelios.

Comentarios al Evangelio de San Mateo, X, 32-42 


La Persecución Contra los Apóstoles (v. 16-23, Mc 13:9-13; Lc 3:10; 21:12-18).

Cristo dice a sus apóstoles que les envía como "ovejas en medio de lobos." San Jerónimo pensaba que estos lobos eran los escribas y fariseos [ML 26:63., debido a la lucha del fariseísmo contra Cristo. Pero el contexto de Mateo tiene otra perspectiva, pues también les habla de persecuciones por parte de los tribunales gentiles. Por eso se puede extender a ambos enemigos. En un escrito rabínico de finales del siglo I se compara a Israel, en medio de paganos, a una oveja rodeada de setenta lobos [ Strack-B., Kommentar. I p.574; cf. 4 Esd 5:18: cf. Bornkamm, Theol. Wórt. N.T. IV, 309]. El lobo en el N.T. suele significar los falsos profetas (Mt 7:15; Act 20:29), o también un peligro no fácilmente identificable (Jn 10:12). Aquí no son herejes (v.17-25): deben de ser judíos-fariseos-enemigos de Cristo y sus apóstoles. No se olvide la redacción "eclesial" de Mt.

Por ser este medio al que los envía difícil, les dice: "Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas." El sustrato aramaico de "prudentes" es 'arumim, como se dice de la serpiente del paraíso (Gen 3:1). Por eso su sentido es de hábiles, astutos, prudentes; gentes hábiles para conducirse en la práctica [ Mt 25:2ss; Spicq, Le vertu de simplicité dans VAnden et le Nouveau Testament: Rev. Scienc. Phil. Théol. (1933) 1-26]. La simplicidad la imitarán de las palomas. El término griego que lo expresa es ¿xepatot, lo que no tiene mezcla, y el substrato aramaico debe de ser temimím, "perfectos." Tendrán esa perfección de la paloma que es la simplicidad.

Sobre el 320 decía el rabí Juda bar Simón: "Dios decía de los israelitas: Conmigo son simples como palomas, pero con los pueblos del mundo son astutos como serpientes." [Strack-B., o.c., I p.574.] La paloma aparece también en la literatura rabínica como símbolo del ave que no se deja tomar [Lagrange, Évang. s. Sí. Math. (1927) p.202. El texto citado de Ber. r. 38a.].

Si, en ese medio de apostolado al que los envía, los enemigos se van a portar como lobos, los apóstoles les deberán oponer la simplicidad de la verdad sin doblez, pero no la ingenuidad sin precaución, sino con la sabia conducta que dicte la prudencia. El apostolado no es ímpetu incontrolado, sino verdad con prudencia. Por eso, “sed cautos con los hombres” (v.17a), porque os van a perseguir. No es que se condene el sufrir por él ni el martirio, que abiertamente se enseña, pero no deberán ponerse imprudentemente en manos de los “lobos.” Pues si el apostolado requiere dolor, también exige predicación; es esencia del apostolado (Rom 10:14-20).

En esta obra de apostolado tendrán un triple enemigo: los tribunales judíos, los paganos y el seno mismo de la familia. Serán perseguidos por su amor y llevados para dar testimonio de Él:

 

1) Ante los sanedrines. Se refiere — además del Gran Sanedrín de Jerusalén — a los sanedrines locales que había en las villas de más de 120 hombres y se componían de 23 miembros y menos en los tiempos anteriores a la Mishna [felten, Storia dei tempi del N.T. vers. del al. (1932) II p.l 1:14; Strack-B., o.c., I p.576.]. Estos, en sus sinagogas, os flagelarán.

No es que esto se hiciera en la sinagoga, pero sí debía ejecutar la sentencia el ministro de la misma, el hazzán, y entre éstas se cita la flagelación [Makkoth 3:12; Bonsirven, Textes n.1943: cf. 2 Cor 11:24.]. San Pablo mismo lo confirma: “Ellos saben que yo era el que encarcelaba y azotaba en las sinagogas a los que creían en ti” (Act 22:19; cf. 26:11; 5:40; cf. Dt 25:2ss).

2) Ante “los gobernadores” de las provincias y ante los reyes, para dar testimonio ante ellos y los gentiles. La historia de los apóstoles y de la Iglesia primitiva lo hace ver claramente (Jn 21:18-19; Act 12:1-4; 24,lss; 25,lss). El furor judío tomó la iniciativa.

3) En el seno mismo del hogar. Ya los profetas anunciaron estas divisiones en sus profecías (Is 3:5; Jer 9:4). Basta ver hoy el fanatismo de un hogar musulmán contra un miembro suyo que se haga cristiano. Sin embargo, este texto no se refiere a los apóstoles, que no tuvieron en su hogar estas contradicciones. Ni Pedro (Mt 8:15), ni Juan y Santiago (20:20ss), ni los demás apóstoles. Las madres de algunos siguieron a Cristo hasta la cruz. No está, pues, en su contexto histórico. Tal vez Mateo le dé un valor genérico, global, de las persecuciones que han de experimentar los apóstoles, incluso de los allegados, y que sintetiza Mateo a continuación de forma redonda: “Seréis aborrecidos de todos por mi nombre.”

Sin embargo, en esta persecución, “el que perseverare hasta el fin, ése será salvo,” con cuyo término se expresa hasta el fin de la vida de cada uno, ante las persecuciones que surjan, ya que es una perspectiva universal. El término “perseverar” (υπομένειv) aquí usado, y que sólo sale aquí en Mt, pertenece al vocabulario cristiano primitivo de martirio. “Cuando os persigan en una ciudad, huid a una tercera. En verdad os digo que no acabaréis las ciudades de Israel antes de que venga el Hijo del hombre.” Los evangelios no transmiten este tipo de persecuciones ni huidas en la primera misión ni en ella hay relación especial con esa “venida” del Hijo del hombre. Simplemente quiere decir que no deben exponerse temerariamente a la muerte, sino, si es caritativamente posible, que huyan a otra ciudad como lugar de refugio. Este mismo sentido de prudencia tiene la expresión “no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel.” en su retirarse de unas ciudades a otras en orden a esto. San Agustín ha tratado este punto sobre la declinación del martirio [San Agustín, Epist. 228, d Honoraíum: ML 33:1013v.].