Domingo XIX después de Pentecostés
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Biblia comentada por los profesores de Salamanca San Lucas, XIX Llanto sobre
Jerusalén, 19:41-44. 41 Así que estuvo cerca, al ver la ciudad,
lloró sobre ella, diciendo: 42 ¡Si al menos en este día
conocieras lo que hace a la paz tuya! Pero ahora está oculto a tus
ojos. 43 Porque días vendrán sobre ti, y te rodearán de
trincheras tus enemigos, y te cercarán, y te estrecharán por todas
partes, 44 y te abatirán al suelo a ti y a los hijos que
tienes dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido
el tiempo de tu visitación.
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El Señor quiere vernos limpios, perfectos y santos, y aún en las adversidades, los tropiezos que el enemigo quiere provocarnos, nosotros estamos firmes en la fe, en el Señor.
Son numerosos los bautizados que no reconocen la presencia del Señor, lo mismo van a Misa que luego se divierten en cualquier deporte y otros lazos del demonio; bailes, juegos, disfraces, conversaciones y cantos mundanos, profanos. El Señor nos advierte que estos graves peligros para el alma no acaban bien.
Iesus lloró, se lamentó por Jerusalén, la terrible tragedia que se acercaba, se olvidaba de Elohim para imitar conductas del paganismo.
Iesus llora, por esas almas que prefieren las diversiones terrenales, y abandonan la oración y la penitencia, por amor al mundo el alma se pierde y se enemista con Dios.
Los paganos en la actualidad, hacen la guerra a Israel, y los enemigos, el mundo no encuentra el remedio de la paz. El príncipe de este mundo es el Maligno. Si aceptaran a Cristo y le obedeciesen, el enemigo acabaría derrotado.
No tiene poder el demonio cuando deseamos que el Hijo de Dios esté con
nosotros y le obedecemos con pureza de corazón. Pero el alma que no busca al
Señor se hunde en sus propias miserias.
¡Oh alma cristiana, si supieras que es lo que te conduce a la paz, al amor de Dios, es Hijo de Dios, es Dios mismo. El Señor nos llama a que le aceptemos a Él. Pues el mundo esclaviza a sus amadores, a sus seguidores, y los arruina por completo.
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La castidad cristiana 12“Todo
me es lícito”; pero no todo conviene. “Todo me es lícito”; pero yo no dejaré
que nada me domine. 13*“Los alimentos son para el vientre y el vientre para los
alimentos”; pero Dios destruirá el uno y los otros. En tanto que el cuerpo no
es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. 14Y
Dios, así como resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros por su
poder. 15¿No sabéis acaso que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré pues los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una ramera? Tal cosa ¡jamás! 16¿Ignoráis que quien se junta con una ramera, un cuerpo es (con ella) porque dice (la Escritura): “Los dos serán una carne”? 17*Pero quien se allega al Señor, un mismo espíritu es (con Él). 18Huíd de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre, queda fuera del cuerpo, más el que fornica, contra su mismo cuerpo peca. 19*¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que ya no os pertenecéis a vosotros? 20*Porque fuisteis comprados por un precio (grande). Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo. |
Todo es lícito menos el pecado que ofende a Dios. San Pablo se refiere a los alimentos, pero en la actualidad hay algo más. Pues se extiende a lo que dicen los herejes protestantes y de otras sectas, "Dios no mira como eres", y el que lo dice lleva tatuajes, porque así intenta consolarse por los engaños del demonio, tranquilizar la mala y corrompida conciencia. Los tatuajes son lepras de pecados mortales. Claro, no son verdaderos creyentes. Viven y mueren en el pecado.
Considerando otros detalles, peca gravemente contra sí mismo, el que se tatúa, pues esto es alianza y comunión con los espíritus malignos, del mismo modo profana el templo del Espíritu Santo el que fuma y se droga.
No nos
pertenecemos, y no debemos hacer con nuestro cuerpo nada de aquello que son
sugestiones del demonio, como los tatuajes, etc. Son cuevas de demonios con sus vicios y pecados.
Lo que muchas almas creen que es licito, terminan por los abusos terribles arruinando su alma. No todo vale. El vicio del fumar es otra forma de destruir la pureza del cuerpo, dejando de ser templo del Espiritu Santo y en su lugar pone una cueva de demonios.
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En 1 Corintios 3, 16-17, .
16¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de
Dios habita en vosotros? 17Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él;
porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros. Comentario bíblico. * 17. El Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros (versículo 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro y piedras preciosas (versículo 12). “Destruye, pues, el templo de Dios quien prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”.
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Nadie tiene derecho a manipular el propio cuerpo para el vicio ni el pecado, el que comete esta maldad no puede salvarse, arrastrará su pecado consigo mismo y el Señor lo castigará eternamente.
Dios es
nuestro creador, y la creación del Señor es perfecta. Pero la manipulación humana
está cargada de corrupción, defectos, y deformaciones en todos los sentidos, y
me refiero a los medicamentos de los ateos.
Notas Bíblicas
* 13 ss. Decían algunos, a la manera de los materialistas modernos:
fornicación y lujuria son cosas tan naturales y necesarias como satisfacer las
exigencias del estómago. A ellos responde el Apóstol: En verdad el estómago es
para los manjares, pero el cuerpo, como templo del Espíritu santo (versículo
19), está destinado para la gloria eterna. La Iglesia rechaza, por consiguiente,
el culto de la carne, tan fomentado en los teatros y en la literatura, y esto
no porque desprecie el cuerpo (Colosenses 2, 16 y nota), sino porque respeta la
dignidad del mismo. “Si tú dices: tengo derecho a llevar una vida regalada y
entre placeres, te responde el Apóstol: Ya no eres hombre libre y dueño de ti
mismo; ya eres esclavo del regalo y del placer” (San Crisóstomo). El cuerpo es para el Señor, etc.: Es
decir, para hacerse uno mismo con Cristo, como miembro de Él. Véase Ezequiel
18, 4 y nota. Y Él es para el cuerpo, pues será Él quien lo resucitará y
glorificará. Cf. Filipenses 3, 20 s.
* 17. Un mismo espíritu,
por participar de la divina naturaleza mediante la gracia. Cf. 6. 23; II Pedro
1, 4. “De la naturaleza del amor es transformar al amante en el amado; por
consiguiente, si amamos lo vil y caduco nos hacemos viles e inestables... Si
amamos a Dios nos hacemos divinos” (Santo Tomás).
* 19. “La impureza es un materialismo grosero, un sacrilegio que
deshonra los miembros de Cristo, una degradación del propio cuerpo, una
profanación que viola el templo del Espíritu Santo, una injusticia que desconoce
los derechos de Cristo sobre nosotros” (Bover).
* 20. Por un precio grande:
El texto dice solamente: por un precio:
el Apóstol quiere recalcar que en esa compra el precio fue enteramente pagado,
de modo que no puede dudarse que ya no somos nuestros. Véase en 7, 23, cómo
insiste en esa misma verdad para convencernos de que no podemos esclavizar
tampoco a otros hombres. “No contento con purificarnos, el Salvador nos ha
enriquecido, pues nos mereció con su muerte la gracia santificante y la
felicidad celeste. Por lo tanto, considerando que la Sangre de Cristo ha sido
el precio de nuestro rescate, ¿no nos sentimos inducidos a guardarnos más
cuidadosamente de toda caída?” (Santo Tomás).
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Comento: La visita del Señor siempre la debemos tener muy presente, no solamente cuando estamos en oración, o le recibimos cuando nos alimentamos con la Sagrada Eucaristía, cuando estamos en adoración. Y rezamos nuestras devociones: el Santo Rosario, las novenas en su tiempo. Son visitas en que nos preparamos nuestro corazón todos los días, el Señor no se separa de nosotros. El Señor quiere vernos
limpios, perfectos y santos, y aún en las adversidades, los tropiezos que el
enemigo quiere provocarnos, nosotros estamos firmes en la fe, en el Señor. No tiene poder el demonio cuando deseamos que el Hijo de Dios esté con
nosotros y le obedecemos con pureza de corazón. Pero el alma que no busca al
Señor se hunde en sus propias miserias. |
Considerando otros detalles, peca gravemente contra sí mismo, el que se tatúa, pues esto es alianza y comunión con los espíritus malignos, del mismo modo profana el templo del Espíritu Santo el que fuma y se droga.
No nos
pertenecemos, y no debemos hacer con nuestro cuerpo nada de aquello que son
sugestiones del demonio, como los tatuajes, etc.
Los pensamientos y actos lujuriosos nunca fueron naturales,
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En 1 Corintios III, 16¿No
sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en
vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él;
porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros.
Comentario Bíblico: * 17. El
Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros
(versículo 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos
entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro
y piedras preciosas (versículo 12). “Destruye, pues, el templo de Dios quien
prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar
sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”.
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Nadie tiene derecho a manipular el propio cuerpo para el vicio ni el pecado, el que comete esta maldad no puede salvarse, arrastrará su pecado consigo mismo y el Señor lo castigará eternamente.
Dios es nuestro creador, y la creación del Señor es perfecta. Pero la manipulación humana está cargada de corrupción, defectos, y deformaciones en todos los sentidos, y me refiero a los medicamentos de los ateos.
* 13 ss. Decían algunos, a la manera de los materialistas modernos:
fornicación y lujuria son cosas tan naturales y necesarias como satisfacer las
exigencias del estómago. A ellos responde el Apóstol: En verdad el estómago es
para los manjares, pero el cuerpo, como templo del Espíritu santo (versículo
19), está destinado para la gloria eterna. La Iglesia rechaza, por consiguiente,
el culto de la carne, tan fomentado en los teatros y en la literatura, y esto
no porque desprecie el cuerpo (Colosenses 2, 16 y nota), sino porque respeta la
dignidad del mismo. “Si tú dices: tengo derecho a llevar una vida regalada y
entre placeres, te responde el Apóstol: Ya no eres hombre libre y dueño de ti
mismo; ya eres esclavo del regalo y del placer” (San Crisóstomo). El cuerpo es para el Señor, etc.: Es
decir, para hacerse uno mismo con Cristo, como miembro de Él. Véase Ezequiel
18, 4 y nota. Y Él es para el cuerpo, pues será Él quien lo resucitará y
glorificará. Cf. Filipenses 3, 20 s.
* 17. Un mismo espíritu,
por participar de la divina naturaleza mediante la gracia. Cf. 6. 23; II Pedro
1, 4. “De la naturaleza del amor es transformar al amante en el amado; por
consiguiente, si amamos lo vil y caduco nos hacemos viles e inestables... Si
amamos a Dios nos hacemos divinos” (Santo Tomás).
* 19. “La impureza es un materialismo grosero, un sacrilegio que
deshonra los miembros de Cristo, una degradación del propio cuerpo, una
profanación que viola el templo del Espíritu Santo, una injusticia que desconoce
los derechos de Cristo sobre nosotros” (Bover).
* 20. Por un precio grande:
El texto dice solamente: por un precio:
el Apóstol quiere recalcar que en esa compra el precio fue enteramente pagado,
de modo que no puede dudarse que ya no somos nuestros. Véase en 7, 23, cómo
insiste en esa misma verdad para convencernos de que no podemos esclavizar
tampoco a otros hombres. “No contento con purificarnos, el Salvador nos ha
enriquecido, pues nos mereció con su muerte la gracia santificante y la
felicidad celeste. Por lo tanto, considerando que la Sangre de Cristo ha sido
el precio de nuestro rescate, ¿no nos sentimos inducidos a guardarnos más
cuidadosamente de toda caída?” (Santo Tomás).

