Anteriormente publicado en otro blog que no uso;
viernes, 20 de enero de 2012
La
pureza de la oración
Insistir
en la oración es fortalecernos, la gracia de Dios es nuestra fortaleza. La vida
sin oración es un caos, es como dejar la puerta abierta de la casa, y dejar que
todos los animales lo llenen de sus inmundicias.
Un
ejemplo de lo que le puede suceder cuando al alma deja la oración. En ciudades
incluso en los campos suelen haber casas, en un tiempo había habitantes en esas
vivienda. Supongamos que esa vivienda y sus habitantes fuesen uno, llegó que un
día tuvieron que irse, dejando la vivienda en el lugar solitario, se fueron a
vivir a otra parte, no eran precisamente personas responsables, y dejaron las
puertas abiertas, sin seguridad los hijos de las tinieblas entraron y la
ocuparon, la suciedad y la inmundicia era cada vez más, hasta que un día, los responsables
de algún ayuntamiento, el mejor modo que era para quitar aquellas inmundicias
era primero derribar y luego según el lugar desinfectar. El alma que abandona
la oración contemplativa para dedicarse a cuestiones mudadas, es como aquella
casa, aquel edificio, en que las bestias, los espíritus infernales, toman
posesión de esa alma, y la incapacita totalmente para la vida de oración.
Muchas infelices almas, se hacen apostata, porque su oración no era pura a los
ojos de Dios, o se abandona el pecado, cuando la oración es pura y sincera, o
cuando solamente se ora por las apariencias, termina por perder la fe y cometer
apostasía.
Dos
señoras, testigos de Jehová hará como tres años, que me dijo, que había
abandonado la Iglesia Católica, pero no quiso creer cuando le respondí, que
cuando un alma ora el Santo Rosario con verdadera devoción, es imposible que
renuncie a la Iglesia Santa de Dios.
El
Señor sabe quién ora con sinceridad y quien no lo hace, y precisamente cuando
esas almas intentan engañar a Dios, terminan en la apostasía. El alma del
apostata es como aquella casa que abandonó el orden y la pureza de la oración,
se alegró el enemigo infernal, ya no estaba en gracia de Dios, la soberbia, la
falta de caridad, las murmuraciones, fueron causas en que le apartaron del
camino de la salvación.
Cuando
un alma reza negligentemente, sin poner todo su corazón en la oración, pues el
demonio no siente preocupación ninguna; por el contrario, cuando el alma se
toma muy en serio el verdadero sentido de la oración, el enemigo de las almas
siente angustias y miedo, porque no puede hacer nada, pero lo que se dice nada,
cuando el alma se identifica plenamente con Cristo. El alma de verdadera
oración se hace uno con Cristo y para gloria de Dios.
Cuando
mejor hacemos nuestra oración, ya había referido, pero es conveniente
recordarlo, nuestras tentaciones no nos afecta. Cuando hacemos mal la oración,
nuestras tentaciones nos causa malas pasadas. Necesitamos, pues, la
perseverancia para orar en la contemplación.
«Los
demonios tienen una extrema aversión a la oración pura. Lo que los
aterroriza no es la multitud de los bienes, como los efectivos del enemigo
pueden aterrorizar a un ejército. No, es el recuerdo y la armonía de los tres:
intelecto y razón, razón y sentidos.» (La Filocalía
de la Oración de Jesús; Elías el Ecdicos o El Canonista, núm. 175, pág. 127.
Apostolado de la Oración, Sevilla. 1987)
Siempre es necesario
mirar nuestro interior, para ver si estamos preparado para orar devotamente. Si
la oración no es pura se convierte en burlas a Dios. Y la oración no puede
haber pureza cuando se ora a los ídolos paganos como “la Pachamama”, cuando se
trata de unificar el culto pagano con la fe de la Iglesia Católica, cuando el
bautizado intenta convencer a la Iglesia que es conveniente obedecer a las
Naciones Unidas, al Nuevo Orden Mundial, en esta clase de conducta el alma no
es guiada por el Señor sino por el diablo.
La Oración del
Padre Nuestro se opone a los poderes de este mundo y de las tinieblas. Si un
bautizado reza el Padre nuestro, pero consiente en su propia vida las
preocupaciones de este mundo no está sembrando para la vida eterna.
Nuestro enemigo
engaña siempre a aquella alma, que poniendo su corazón en las cosas terrenales,
esa alma, en los juegos, deportes, en la popularidad, en los asuntos políticos,
como si rezara bien, no tiene remordimiento de conciencia, ni examen de
conciencia suele hacer.
Hermanos,
roguemos al Señor para que no caigamos en los lazos del engaño del príncipe de
las tinieblas, vigilemos nuestra vida si estamos haciendo bien las cosas.
En los momentos más difíciles como estos, que todos estamos en nuestras casas, sin la oración nos hundiríamos más.
Son muchas personas que salen de sus casas, cuando bien podrían estar orando tranquilamente, pero sobre todo, para que los cristianos podamos volver de nuevo a las iglesias, confesar nuestros pecados. Y no caemos en pecados más graves gracias a que Dios nos ayuda cuando oramos, que no nos ha abandonado.
Cuánto más purifiquemos nuestras oraciones, menos poder puede tener el enemigo infernal sobre nosotros. La ceguera que podríamos padecer, con la oración nos iremos curando, la oscuridad interior se irá desvaneciendo, nos iremos transformando a imagen de Cristo Jesús.
Acordémonos de los verdaderos creyentes cristianos, lo pasaron peor que nosotros, fueron encarcelados, maltratados, despreciados, calumniados, hasta muertos por el Nombre de Jesús.
Recemos por nosotros mismos, para que el Señor nos ayude. Muchas veces he leído profecías que algunas personas compartían, que la Santísima Madre de Dios pedía oraciones y penitencia, sacrificios, Lourdes, Fátima, Salette, Garabandal. Estos mensajes lo que hace es recordarnos todo lo que Jesús ya nos ha pedido. Y los Santos Apóstoles y los Santos nos han recordado.
Mientras había oración, los castigos no eran de esta forma, al abandonar la oración por amor al mundo, se justificaron las costumbres ateas, impías, mundanas, el paganismo, sectarismo, libertinaje, todo tipo de inmoralidad y lujuria, y eso entre algunos de los que se decían haberse consagrado a Dios, pero sus obras manifestaron todo lo contrario.
Dios siempre es compasivo, nos ama, y abrir nuestro corazón a su Palabra, estudiando la Sagrada Biblia, nos damos cuenta que el mal no procede de Dios. Cuando Dios creó al mundo, a todas las criaturas, solo el ser humano fue creado para ser semejanza de la Santísima Trinidad. Pero, Adán y Eva, que lo tenía todo, se dejaron engañar por el diablo que se había disfrazado de una serpiente. El mundo como mundo fue bueno conforme al deseo de Dios, pero el pecado personal, que también se nos borró por el sacramento del Bautismo, volvimos a recuperar esa imagen de Dios en nuestra alma. El amor de Dios para cada uno de nosotros, no porque seamos pecadores, nos ama porque quiere ayudarnos a vencer nuestros pecados, Él es nuestra fuerza. Dios no me ama mientras yo sea obstinado en el vicio y en el pecado, ahí se encuentra obstáculo grave que evita que el amor de Dios llegue a nosotros. Dios nos llama a todos, si aceptamos a Jesús, aprendemos a obedecer, a renunciar a todo lo que hay de malo de nosotros. Pues con el pecado no somos libres, pero cuando con la ayuda de la Gracia de Dios renunciamos a nuestros pecados, después de hacer el examen de conciencia, nos acercamos al sacramento de la penitencia, nos confesamos nuestros pecados. Y la vida de gracia nos ayuda a vivir, incluso a sanar de nuestras enfermedades. Son numerosas las personas, y entre ellas se encuentran muchos bautizados, que se entregaron al mundo, y al perder la fe se imaginaban que también podría vivir renunciando a Dios. Y sucedía que, ya antes de final de año, pensando en el nuevo, miles y miles de personas decían: "Feliz año nuevo", que esto es bueno recordarlo, porque si se quiere salvar el alma, no es el año quien da la felicidad. Solo Dios puede darnos el verdadero sentido de la felicidad. Cuando un bautizado en lugar de consultar a Dios, estudiando la Sagrada Biblia y a la luz de los Santos Padres, y doctores de la Iglesia, dedican una parte de su vida, a informarse sobre lo que dicen otros: "La pandemia lo han "creado", inventado el Nuevo Orden Mundial. Pues el príncipe de las tinieblas, da su fruto en esas almas inconstantes, creer más a quienes se oponen a la Voluntad de Dios. Pero no son capaces de aprender lo que es verdaderamente importante y procede de Dios, pensando que la misericordia de Dios también es favorable para los que no renuncian las perversidades y pecados. Pues la obstinación en el pecado, por muy leve que sea, de forma deliberada, llega un momento en que no hay en el corazón un verdadero arrepentimiento.
No, actualmente no es el juicio final, que será la confirmación definitiva del primer juicio, personal a cada alma. La tierra entera se verá sometida al Juicio de Dios. No es el Juicio final, porque después vendrá un tiempo de paz para toda la Iglesia, después de esta tempestad vendrá la calma. La pandemia solo sabe Dios cuando acabará. Los planes humanos son bastantes distintos a la Voluntad de Dios, no se sabe siquiera cuando habrá una vacuna. Pero de nada sirve las vacunas, si el pecador no renuncia a sus pecados. Pues no obedecen a Dios.
«Sírvante
de castigo tus perversidades, y de escarmiento tus apostasías. Reconoce y
advierte cuan malo y amargo es apartarte de Yahvé, tu Dios, y no poseer mi
temor, oráculo del Señor, Yahvé de los ejércitos.» (Jeremías, 2,19)
Son muchas las almas que por apartarse de los mandatos del Señor, ahora están sufriendo en paga sus propios extravíos. Oigo testimonios sobre el pánico que tiene esas personas, que en el mundo se divertía y hacía divertir a otras personas con sus bromas, chistes, juegos. Descubren su propio fracaso por haber rechazado al Señor que iba a su encuentro. Porque el Señor viene a buscarnos a todos, y es una opción voluntaria de aceptar o no. Es cierto, hay muchas personas que se sienten aterrorizadas, pero es el pecado quien le lleva a esas angustias, cuando el alma se libera de los propios pecados, el temor interior ya no existe. Los remordimientos de conciencia suele estremecer a las almas en los momentos más peligroso, como esta pandemia, la peste que está llevando a miles de almas ante el juicio de Dios, presienten ya el destino amargo que les esperan, a pecadores que no renunciaron los pecados y vicios contra el propio cuerpo. Pensaban que nada malo le sucedería. Pero son miles de personas que mueren. Pero también mueren los justos que por hacer el bien, se han contagiado de enfermos. Pero la muerte del alma justa, le abre las puertas del Reino de los cielos. Algunos sacerdotes que ayudaron a otros a prepararse para morir como buenos cristianos, arrepentidos de sus pecados, y aunque pasen cierto tiempo en el Purgatorio, no es para siempre, sino que un día entrarán en el Reino de los cielos. Los pecadores impenitentes, habiendo perdido completamente el sentido de la realidad y de la eternidad. En el momento de su muerte, el miedo, el terror que tenía antes de morir, se dará cuenta que no era el final, pues continua en la eternidad, en los tormentos del infierno. El Santo temor de Dios es nuestra seguridad para evitar las desgracias del tiempo presente y en la eternidad, terrible y cruel para quienes no rompieron con sus vicios y pecados. Aquellos que en su corazón no tienen a Dios, porque les rechaza, que no cumple los Santos Mandamientos divinos, que hacen las mismas cosas que el mundo hace, cosas de muerte en el alma, que se entregan a los vicios y pecados, dicen: se preguntan "Si Dios es tan bueno, ¿por qué permite esta plaga?, ¿esta pandemia?
Dios es bueno, es compasivo, y siempre nos atiende, pero necesitamos vaciar nuestro corazón de nosotros mismos, y no dejarnos engañar por aquellos ciegos que dicen: "Dios te ama tal como eres", pues mienten a sus prójimos continuamente y no parece querer arrepentirse.
« 19Hoy cito como testigos
contra vosotros al cielo y a la tierra. Pongo delante de ti la vida y la
muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, para que viváis tú y tu
descendencia,20amando al Señor, tu Dios, escuchando su
voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que
juró dar a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob». (Deuteronomio 30, 19-20)
¿Nos damos cuenta de que elegir la vida, es decir, la obediencia plena a Dios, el alma no muere? Pero son muchos, una multitud de almas, que han escogido la muerte, El Señor ya nos ha avisado, no quiere que perezcamos, sino que nos convirtamos y nos salvemos. Consultar a Dios, estudiando su Palabra, la Sagrada Biblia, los que por ahora sobrevivimos a esta pandemia, deseamos perfeccionar nuestro amor a Dios, obedeciéndole a todo. El que no obedece al Señor, ya no sirve para nada, sino que seguirá pecando, hasta que las desgracias le aten, le dominen, y les lleve a juicio.
1Me he dejado consultar por los que no preguntaban, me han encontrado los
que no me buscaban; he dicho: «Heme aquí, heme aquí» a un pueblo que no
invocaba mi nombre.2Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que va por
mal camino, detrás de sus proyectos,3un pueblo que me irrita sin cesar, sacrifica en los jardines y ofrece
incienso sobre ladrillos… (Isaías 65, 1-3)
Más graves son los bautizados, que solamente recurren a Dios para que les quite la plaga, la peste, pero ellos no renuncian a ofender a Dios, y siguen pecando, provocando la Ira de Dios.
Como lo provoca insistentemente Jorge Mario Bergoglio por su amor al paganismo, a las falsas religiones. Que no son verdadero culto a Dios, sino a los espíritus infernales, a los demonios, la idolatría que tanto rechaza a Dios, pero no así, los que están en vías de perdición.
Hoy consultar a Dios es fácil, porque tenemos la Sagrada Biblia, a la Iglesia Católica, no la iglesia inventada por Bergoglio, que es cosa de este mundo y no de Dios. Pues la Iglesia Católica y Cristo son inseparables.
El Señor se nos muestra a cada uno de nosotros, si dejamos el pecado, y ahora en este tiempo, en la Cuaresma que habíamos comenzado, ahora próximo a la Pascua. Todavía el pueblo, la mayoría de los bautizados, siguen ofendiendo al Señor.
Un pueblo que quiere divertirse, que no reza, que no participa de la Sagrada Liturgia, sino que se entregan a vicios y pecados, ¿como puede pretender exigir a Dios?
Dios es bueno y compasivo en todo lo que hace, en las tormentas, en las plagas, en las pandemias, en tantas adversidades, Dios no nos abandona. Esas calamidades que ahora estamos siendo testigos, algunos jerarcas lo habían despreciado.
Aquí estoy, aquí estoy, dice el Señor, que quiere poner remedio y no quiere que perezcamos en el pecado.
Que nadie se engañe diciendo que Dios no le llama, sí, nos llama a todos, pero el que tiene su corazón ocupado en el pecado, en el vicio, en las cosas terrenales, es culpa exclusivamente de esa persona.
Apocalipsis, 3, 20-21
20. Mira
que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, yo
entraré a él y cenaré con él y él conmigo.'
21. Al que
venciere le haré sentarse conmigo en mi trono, así como yo también vencí y me
senté con mi Padre en su trono.
22. El que
tenga oídos oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
· La imagen de Cristo llamando a la puerta es de las más bellas y enternecedoras de la Biblia. Es un modo de expresar el afán divino que nos llama a una intimidad mayor, y lo hace de mil formas a lo largo de nuestra vida. «Poco a poco el amor de Dios se palpa –aunque no es cosa de sentimiento–, como un zarpazo en el alma. Es Cristo que nos persigue amorosamente: he aquí que estoy a la puerta y llamo» (Josemaria Escrivá, Es Cristo que pasa, 8).
Jesucristo
afirma los que venzan se sentarán con Él en su trono. Una respuesta parecida
dado a San Pedro, cuando prometió a los Apóstoles que se sentarían en doce
tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (cfr Mt 19,28; 20,20ss.). Por
trono se entiende potestad soberana que Cristo ha recibido del Padre. Por
tanto, la promesa de sentarse en él es un modo de expresar la participación del
triunfo y la realeza por parte de quiénes le son fieles (cfr. 1º Corintios 6,2-3)
[Sagrada Biblia, Nuevo Testamento, Eunsa)
A pesar de esta pandemia, el Señor sigue llamando, por eso, hay quienes retornan a Cristo, y encuentran consuelo y alivio en aquellos sacerdotes, también mueren, y salvan almas, salva también su propia alma. Un poco de sufrimiento en este mundo, y luego la alegría de la vida eterna.
Pero no buscan a Dios, porque si el corazón del que ama a Dios, no es capaz de cerrar los templos, para que los bautizados tengan su encuentro con el Señor, que es quien nos envía estas adversidades, y solamente recurriendo a Él con humildad, nos ayuda a que cesen las muertes. Es el hombre que está pidiendo a Dios más muertes, por eso, al perder la fe, muchos confesores huyen de los confesionarios para no purificar a las almas en la vida espiritual.
El Señor se ve como provocado, porque ya no quieren consultarle a Él, y la maldad crece por momento. Pero los malvados no van a triunfar, sino que se hundirán más en la suciedad de sus vicios y pecados, de sus poderes terrenales, pasarán en cualquier momento a los tormentos del infierno.
Cuando consideramos la Palabra de Dios, cuando la amamos, encontramos que esta plaga, la peste, nunca fue perjudicial para el alma. Sino que es un instrumento de amor de Dios para nuestra salvación eterna. No es para condenarnos, por eso renunciamos para siempre a nuestros enemigos del alma: mundo, demonio y carne, y tener una vida enteramente consagrada a Dios.
Esta pandemia a la vez es un instrumento de castigo para aquellas almas que no quieren convertirse. Son muchos los que sobreviven a estas pruebas, sin amor de Dios son pruebas duras, con el amor de Dios, comprendemos su importancia. No es diabólico, no es monstruoso, que si el alma no tiene fe y vive una vida desordenadamente, mundana, terrenal, pensarán de forma equivocada, que ni siquiera ya creen en la Palabra de Dios y se hacen más daño así mismo.
Nos acordamos, algunos, cuando Bergoglio en los jardines del Vaticano, gravísimamente había ofendido a Dios, con la adoración al "pachamama". Hasta ahora no se ha arrepentido, sino que ha continuado con esas mismas intenciones, ofender a Jesucristo, desafiar a Dios continuamente, .
2Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, detrás de sus proyectos,3un pueblo que me irrita sin cesar, sacrifica en los jardines y ofrece incienso sobre ladrillos… (Isaías 65,2-3).
Bergoglio había conseguido que aquel grupo de personas, algunas bautizadas, ofendiesen a Dios, cometiesen pecado mortal. Y de otras formas, llevan a muchos cristianos a la perdición.
Podría haber sucedido, que si la mayoría de los cristianos, se hubiesen arrepentido, que en lugar de permanecer sujeto a Bergoglio, volviese a Cristo, esta pandemia no hubiera sucedido, que el Señor sigue amando, pero no a todos, y la Biblia nos lo enseña. Pero el que engaña a su prójimo sigue con esa mentira, "Dios te ama así como eres".
El amor de Dios es siempre ordenado, como he comentado otras veces.
Esta pandemia, en realidad de donde salió? Y alguien podría preguntarse, ¿por qué se extendió desde Wuhan tan rápidamente al mundo entero?
«Y no se les ocurrió decir: «Ea, temamos a Yahveh nuestro Dios, que da
la lluvia tempranera y la tardía a su tiempo; que nos garantiza las semanas que
regulan la siega.» Todo esto lo trastornaron
vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del bien.(Jeremías 5,
24-25).
Cuanto más grave sea el pecado y la corrupción del mundo, en proporción va esos castigos.
Los poderosos del mundo no están dispuestos a la conversión de sus corazones, sino de seguir provocando más fuertemente, la ira de Dios, también está la apostasía. Cuando Dios abandona, a todos aquellos que le rechazaron, que le siguen rechazando.
Por tanto, es mayor deseo de permanecer en la propia ceguera de culpar a Dios, de lo que el pecador incorregible quiere sembrar para su propia perdición y la de otros. Nuestros pecados y culpas son los que dan frutos de muerte y para la muerte eterna.
Todo esto lo trastornaron vuestras culpas y vuestros pecados os privaron del bien.
Dios siempre desea nuestro bien, cuando creó al mundo y al ser humano, no fue para que estuviese privado de Él, pero el error es escuchar a la serpiente, como hicieron Adán y Eva, se privaron de todo el bien que el Señor les había dado.
Ahora, Jesús, el segundo Adán, nos ha traído la vida, para los que permanecemos en Él, y en Cristo, también vencemos nuestras tentaciones, y renunciamos a nuestros enemigos del alma, como había dicho: "mundo, demonio y carne". Y el Señor nos da de nuevo la salud del alma, también del cuerpo.
Renunciar a las culpas y pecados, es volver otra vez a Cristo Jesús.
Este coronavirus ha traído de vuelta a muchos que estaban alejados de Dios, y antes de morir, confesaron sus pecados. Las pandemias, las plagas también son beneficiosas espiritualmente, porque nada podemos hacer viviendo lejos del Señor. Muchos cristianos siguen enseñando que Dios no castiga, que Dios ama de todas forma, haga lo que haga la persona, si aquello que hace es contrario a los mandamientos de Dios, el diablo y sus secuaces, dicen, "también Dios te ama así, porque es misericordioso", y creen en esa mentira, y se condenan por no amar a Dios. La obediencia a los Santos Mandamientos es amar a Dios, es abrirnos al amor de Dios.
Fin y objeto de los castigos
«11*Por
lo cual ¡vivo yo! dice Yahvé, el Señor, por cuanto has contaminado mi santuario
con todas tus ignominias y todas tus abominaciones, también Yo te castigaré; mi
ojo no perdonará, y no tendré más piedad (de
ti). 12Una tercera parte de ti morirá de peste y será consumida
de hambre en medio de ti; otra tercera parte caerá en torno tuyo al filo de la
espada; y la otra tercera parte la esparciré a todos los vientos, y
desenvainaré la espada en pos de ellos. 13Así se desfogará mi ira y
saciaré mi indignación en ellos y quedaré satisfecho; y ellos conocerán que Yo
Yahvé he hablado en mi celo, cuando desahogue en ellos mi ira. 14Y
te convertiré en desierto y en oprobio de las naciones circunvecinas, a los
ojos de todos los que pasan. 15Serás un objeto de ignominia y de
escarnio, para escarmiento y espanto de las naciones que te rodean, cuando Yo
ejecute en ti juicios con ira e indignación y con los castigos de mi cólera, 16—pues
Yo, Yahvé, he hablado— y cuando Yo arroje sobre ellos las terribles saetas del
hambre, que serán para destrucción y que Yo lanzaré para destruiros, aumentando
entre vosotros el hambre y quebrando vuestro báculo de pan; 17*y Yo
enviaré sobre vosotros el hambre y las bestias feroces, las cuales te dejarán
sin hijos; y cuando la peste y la sangre pasen por medio de ti y Yo descargue
sobre ti la espada. Yo, Yahvé, he hablado.»(Ezequiel 5, 11-17) »
* 11. Por ignominias y
abominaciones ha de entenderse el culto idolátrico. El capítulo 8 detalla
la profanación del templo.
13. En mi celo: Torres Amat pone aquí: “lleno de celo por mi gloria”.
Pero aquí se trata más bien de los celos, es decir, de la venganza del amor
despreciado, como se ve claramente en 6, 9; 8, 3; 16, 38; Zacarías 8, 2, etc.
Por eso sin duda usa Dios en este capítulo el símbolo de los cabellos cortados
para indicar la despoblación del país, expresando que ésta significa para Él
como quitarle algo muy propio suyo. Cf. Lucas 21, 18; Hechos 27, 34. (Comentario, Sagrada Biblia Straubinger)
Lo peor que le puede suceder al alma, que no comprende por la dureza de su corazón, y esto es para los bautizados que quieren seguir imitando al mundo. Porque como había comentado otras veces, que muchos cristianos solo quieren servirse de Dios y no renunciar a sus pecados y abominaciones.
Lo que uno siembre, eso recoge, dice San Pablo, el que siembra para la muerte, lo que se atrae es la muerte, las pandemias, el ser humano que no deja sus pecados está exigiendo a Dios esos castigos, y realmente lo alcanza.
16*Mas los impíos
con las manos y con las palabras llamaron a la muerte; y reputándola como
amiga, vinieron a corromperse hasta hacer con ella alianza, como dignos de tal
sociedad. (Sabiduría 1, 16)
* Los
hombres amaron a la muerte y la llamaron, como fruto de sus pecados, haciéndose
dignos de pertenecerle (Romanos 5, 12; 5, 17; 6, 23; 1º Corintios 15, 56; Proverbios
8. 36). Jesús es la resurrección y la vida (Juan 6, 55; 11, 25 y siguientes).
El que se alimenta con la Eucaristía como prenda de inmortalidad, “tiene vida
eterna y Yo le resucitaré en el último día” (Juan 6, 55). Muchos Padres creen que
los justos que vivan en la segunda venida del Señor, no morirán, sino que se
librarán de la muerte corporal (los padres griegos y San Jerónimo y
Tertuliano). Cf. 1º Corintios 15, 51 y siguientes y 1º Tesalonicenses 4, 15 y
siguientes Cuando la Sagrada Escritura dice que vendrá como un ladrón, no habla
de la muerte, como algunos suponen, sino del Retorno de Jesús. Véase 3, 2; 1º Tesalonicenses
5, 2; II Pedro 3, 10; Apocalipsis 3, 3; 16, 15; Marcos 13, 32-37; Mateo 24,
36-44; Lucas 12, 37.
Hoy por hoy, aún cuando hay enfermos del coronavirus que se recuperan, no han encontrado una vacuna. Sin embargo, es el Señor quien les ofrece una nueva oportunidad para volver a Él, o para que se conviertan a Cristo por la fe y el amor a la Iglesia Santa de Dios: de Tradición Apostólica, Romana. Volviendo a Cristo el alma sana, se recupera, obedeciendo siempre los Santos Mandamientos que se nos da para que seamos libres y tengamos verdadera paz y vida.
Hemos de creernos, de convencernos, que el mal que padece el mundo, realmente no puede ser un verdadero mal, sino un bien. Pero el mal sería los que acaban sus vidas en pecado mortal. Pues las plagas, las pandemias, tengo claro, que pertenece a la Justicia de Dios.
Sería importante, que el mundo no continuase con sus abominables proyectos, el pecado, la educación contra la moral y la dignidad del ser humano.
Que es necesario recuperar la Tradición de la Fe Apostólica, y apartarse de las tradiciones que no vienen de Dios, sino que son frutos de las tinieblas, del pecado.
Otros de los pecados, es la relación con los herejes, "diálogo interreligioso" o es este engañoso "ecumenismo" que nada tiene que ver con la Voluntad de Dios. Dios ha prohibido tener lazos con otros pueblos no creyentes, budismo, hinduismo, etc., tampoco relacionarnos con los protestantes como una unidad, que ante los ojos de Dios no existe tal unidad entre los miembros muertos.
Actualmente ciertas almas que se consagraron al Señor como sacerdote, religioso, religiosa, llegaron a profanar la iglesia, con bailes, danzas paganas, como si fuera un circo, etc., etc. La obligación de que no deben arrodillarse ante el Señor al recibir la Sagrada Comunión, con toda deliberación, porque saben lo que hacen, el mal, también atraen para sí el castigo de Dios.
«El injusto que cometa aún injusticias; el sucio que se manche aún más; el justo, que siga practicando la justicia, el santo que se santifique todavía más» (Apocalipsis 21,11).
El Señor nunca quiere hacernos ningún mal, pues según lo que queramos sembrar en este mundo, pues es lo que recogeremos para la vida temporal y la eternidad. El pecador acostumbrado a sus vicios, siempre irá de mal en peor. Pero hay otros pecadores que se arrepienten, y se santifican, y Dios les ayuda. Los remedios de nuestra salvación solamente la tenemos en la Iglesia Católica, pues fuera de ella hay oscuridad y perdición. Muchos se extrañan, ¿cómo es posible que en poco tiempo esta pandemia, que había comenzado en la ciudad de Wuhan se extendieran por el mundo entero? Han intentado dar sus explicaciones, las turistas, los empresarios, comerciantes. Pero, esta pandemia ha llegado a ciudades donde no han estado en China, por ejemplo, en alguna residencia de la tercera edad en mi pueblo, ya comenzaron a morir ancianos. Y si las autoridades civiles, por un designio de Dios, ha mandado que las personas estuviesen en sus casas, para bien nuestro. Pues la misericordia de Dios es que vivamos, pero sin pecado, pues el pecado es lo que atrae la ira de Dios, los castigos.
Así de cerca parece la imagen de la Madre de Dios, pero también me hace pensar en lo que contiene la Palabra de Dios.
Estuve observando esta imagen en la foto que se ha compartido. Yo estaba convencido en un primer momento, que pudo haber sido un foto montaje, pero comencé a buscar la grabación de video, a ver si podría aparecer algo parecido. Hay otras fotos parecidas, pero que no hay grabación.
Encontré el video donde se había grabado esos momentos, y sí, en el minuto 10, y los segundos 17 y adelante, se ve la imagen en las
nubes. Y reflexionando a la luz de la Palabra de Dios,
Yo me pregunto, ¿acaso la formación de aquella nube como la presencia del Señor muestra la santidad del pastor? No siempre es así, porque en el caso de que se aparezca a un pastor de la Iglesia Jesús o María Santísima a algunos de ellos, no significa que esa alma sea santa, son avisos del Señor a fin para que retorne a Cristo Jesús, vemos que en el caso de Bergoglio, él no se arrepiente de sus blasfemias contra el Espíritu Santo, y aún hay quienes le creen un "santo", porque aparecieron esas señales en el cielo. Bergoglio no se ha arrepentido, en cuanto a insistido que hay que obedecer a la ONU, ya no a Dios, porque es que los frutos de Jorge Mario Bergoglio, no son frutos de verdadera fe, sus frutos no son espirituales. Pero que hace una mezcla entre lo que es verdadero, con otras enseñanzas heréticas, y que están en contradicción con la Palabra de Dios.
A lo largo de la historia que el Señor se llega a mostrar a ciertas almas, si están metidos en el pecado, que salgan de él, que se arrepientan de sus malos caminos. Pues comprender que estos sucesos es porque el Señor lo que quiere es la salvación de las almas. Y si no hacen caso a los signos, con el corazón y la mente embotados, se puede leer la Palabra de Dios, pero sin entenderla en su corazón. Y pierden. Lo que me recordó también que a Salomón se le apareció por
dos veces Yahvé nuestro Señor, para que no siguiera adelante con los idólatras,
pero no hizo caso, y ya no estuvo con Dios.
¿No sucede otro tanto, que esa imagen en un cielo nublado,
fuese realmente un aviso del Señor por medio de Santa María, para la conversión
de Jorge Mario Bergoglio?
EN las Santas Escrituras no es el único caso, en que el
Señor se presenta a alguna persona para que vuelva a Él. Los judíos tuvieron a
Jesús delante, y aún cuando veían con sus propios ojos, los milagros que
hacían, el corazón de ellos se endurecía de tal forma, que ni la resurrección de
los muertos, la curación de los leprosos, no hacían caso, y seguían endureciendo
su corazón, ni la multiplicación de los panes y peces, hoy día, no se cree a
Jesús, entre la mayoría de almas consagradas.
Pues parece ser que la imagen llega a ser verdadera. Pero
esas nubes, ¿no son señales que Jesús está a punto de venir?
Son distintas señales que hemos visto en el cielo, pero no hemos de creer que todas las señales vienen desde la fe. Por eso, examinándolo con atención, el Señor nos dará la respuesta, que no tiene que venir de dentro de nosotros, sino de Dios.
«25Y habrá señales en el sol,
la luna y las estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, a causa
de la confusión por el ruido del mar y la agitación (de sus olas). 26Los
hombres desfallecerán de espanto, a causa de la expectación de lo que ha de
suceder en el mundo, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. 27Entonces
es cuando verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con gran poder y grande
gloria.
28*Mas cuando estas cosas
comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se
acerca. » (San Lucas 21, 25-28).
Notas:
* 28. Esta recomendación del divino Salvador, añadida a sus insistentes exhortaciones a la vigilancia (cf. Marcos 13, 37), muestra que la prudencia cristiana no está en desentenderse de estos grandes misterios (1º Tesalonicenses 5, 20), sino en prestar la debida atención a las señales que Él bondadosamente nos anticipa, tanto más cuanto que el supremo acontecimiento puede sorprendernos en un instante, menos previsible que el momento de la muerte (versículo 34). “Vuestra redención”: así llama Jesús al ansiado día de la resurrección corporal, en que se consumará la plenitud de nuestro destino. Cf. Mateo 25, 34; Filipenses 3, 20 s.; Apocalipsis 6, 10 s. San Pablo la llama la redención de nuestros cuerpos (Romanos 8, 23). Cf. II Corintios 5, 1 siguientes; Efesios 1, 10. (Comentario de la Sagrada Biblia Straubinger)
Ciertamente, el terror y la angustia entrará hasta lo más hondo a todos aquellos que no amaron a Jesús, y que despreciaban a los hijos e hijas de Dios por el hecho de ser cristianos, por haber recibido el sacramento del Bautismo. Pero es tremenda la ceguera, no tiene cura, en todos aquellos que se han dejado convencer por el diablo, que incluso personas de otras costumbres no cristianas, que se les llamen hijos de Dios, cuando Dios Padre no los conoce como suyos, porque no han aceptado a Jesús como único Salvador del mundo, pero que el mundo, se ha negado al plan de salvación de Dios. Y como los bautizados, viviendo en este mundo, no somos del mundo.
Esa figura humana en la nube ya nos está hablando sobre la cercanía de Jesús. Pero vendrá con sus ángeles para juzgar al mundo, premio para las almas que se arrepintieron de sus pecados y se convirtieron a Él, y castigo para los que no se convirtieron. Pues los requisitos para nuestra salvación la encontramos al detalle en las Santas Escrituras, y fuera de la Iglesia Católica no puede haber salvación para nadie. Pero todos estaban llamados a pertenecer a la Iglesia Católica, un solo Pastor que es Cristo Jesús y un solo rebaño, la unidad que Cristo quiere. Es unidad, no pluralidad, no relativismo como se empeñan los que se han colocado en el camino de la perdición.
Recordemos aquel precioso aviso:
Ascensión del Señor
Hechos de los Apóstoles, 1, 9-11)
9Dicho
esto, fue elevado, viéndolo ellos, y una nube lo recibió (quitándolo) de sus ojos. 10Y
como ellos fijaron sus miradas en el cielo, mientras Él se alejaba, he aquí que
dos varones, vestidos de blanco, se les habían puesto al lado, 11*los cuales les dijeron: “Varones de Galilea,
¿por qué quedáis aquí mirando al cielo? Este Jesús que de en medio de vosotros
ha sido recogido en el cielo, vendrá de la misma manera que lo habéis visto ir
al cielo.”
Nota al versículo 11.Varones de Galilea:
Se señala aquí cómo los once apóstoles que le quedaron fieles, eran todos
galileos. Sólo Judas era de Judá. Vendrá
de la misma manera, es decir, sobre las nubes, según Él mismo lo
anunció. Véase Mateo 24, 30; Lucas 21, 27; Judas 14; Apocalipsis 1, 7; I
Tesalonicenses 4, 16 s.; cf. también Apocalipsis 19, 11 ss. Consoladora promesa
que explica, dice Fillion, la gran alegría con que ellos se quedaron (Lucas 24,
52). Y en adelante perseveraban en la “bienaventurada esperanza” (Tito 2, 13)
de la venida de Cristo (I Corintios 7, 29; Filipenses 4, 5; Santiago 5, 7ss.; I
Pedro 4, 7; Apocalipsis 22, 12).
Bendición URBI ET ORBI del Papa Francisco 27-3-2020
Minuto 10, 17-29 segundos
Nota: El mensaje de Jorge Bergoglio no tiene carácter espiritual, pues se preocupa del estado del planeta, no considera la conversión del corazón, ni la penitencia, ni la vida eterna, no considera la salvación de las almas, sino que intenta exigir que la Voluntad de Dios se adapte a las cosas de este mundo. ¡Qué equivocado está Bergoglio!, no es capaz de conocer los signos de los tiempos.
Jesús cuando ha resucitado, ya no duerme, sino que está despierto. Si durmió en aquel tiempo, es para que los Apóstoles tuvieran confianza que estando con Jesús, siempre hay ganancia. Jesús no duerme. Por eso, también nosotros debemos mantenernos despiertos para que ninguna maldad nos domine.
No todos los cristianos hemos visto la bendición de esta persona, pues no está con la Tradición de la Fe Apostólica, y defiende precisamente, organizaciones que está combatiendo contra los intereses de Cristo Jesús.
San Alfonso María de Ligorio nos ofrece un ejemplo terrible, de un sacerdote que se metió en el camino de la impureza, y en más de una ocasión, la Santísima Virgen María, quiso salvarle, pero él aferrado a su lujuria, a sus impurezas.
Dios nos ama,
todos los sabemos bien, y lo decimos frecuente, pero parece que cuando decimos
esta verdad, esta realidad de que Dios nos ama, mayormente se dice sin sentirlo
desde el corazón, y de ahí sigue, luego el olvido de Dios.
El amor que Dios nos tiene
nos debe llevar por los caminos de Dios, nunca los nuestros.
La ingratitud, el egoísmo de
nuestra oración, significa que está vacío de amor a Dios.
Ojalá escuchéis
hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» (Salmo 95
(94), 8)
Cuando un pecador se olvida
de profundizar sinceramente en la oración, va perdiendo méritos para el Señor.
La costumbre de pecar, es eso, hundirse más en un pozo lleno de inmundicias,
con todos los malos olores inimaginables en este mundo, que finalmente ya no se
reconoce los avisos del Señor que nos invita a convertir nuestro corazón a
Cristo.
El corazón endurecido ya ha
perdido la capacidad de reconocer que Dios si puede castigar por las malas
obras, a los pecadores que no quieren buscar la misericordia de Dios en el
sacramento penitencial.
Cuántas veces el enemigo
infernal, conocemos aquello que ha llegado a convencer a los más duros
corazones, “no existe el infierno”, pero sí llegan a creer en la misericordia
de Dios, y no abandonan su pecado. Y es por lo que otro de los engaños del
príncipe de las tinieblas. Dios como es Misericordioso no castiga.
Cuando escuchamos hablar
alguien así, y aun teniendo la Biblia por delante, o e Catecismo, o lo que nos
enseña el Magisterio de la Iglesia Católica, la Sagrada Tradición, la doctrina
de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia Católica, los ejemplos de nuestro
tiempo, que ya no se reconoce, el demonio les seduce y les hace creer, “Dios no
castiga”.
Cuando sucede una tragedia,
como un terremoto, un huracán, “eso es malo porque no viene de Dios, y Dios no
castiga así”; estas personas no están interesadas por la oración, no están
interesadas en buscar el Amor de Dios. Pues sólo desde el rechazo a la vida de
santidad, es decir, cuando uno se entrega de lleno al mundo, ya no tiene el
amor de Dios, y es por eso se hunde cada vez más en el lodo de la
inmundicia.
Por lo que veo, que cuando
se piensa: “Dios no castiga”, porque no tiene el Amor del Padre (en 1º. Jn 2,
8). Todo aquel que tiene o busca ese amor de Dios, se convence por sí mismo de
la realidad, que Dios castiga, pero sólo si no te conviertes de corazón. Los
castigos de Dios es una invitación del amor de Dios y camino a la santidad. El
corazón embrutecido, y por una falsa religiosidad, consigue tener la aprobación
de otras personas, y se convierte en ciego que guía a ciegos.
En las Sagradas Escrituras
también leemos, que esas adversidades climatológicas, “desastres naturales”.
Hemos convencernos desde el amor de Dios, que no hay desastres, el Señor no
envía desastre, sino avisos para que todos nos convirtamos de corazón, con toda
el alma.
En una de las obras de San
Alfonso María de Ligorio, Preparación para la muerte, es decir, que debemos
prepararnos con una vida de santidad para bien morir, en gracia de Dios, es una preparación
para la vida eterna. Más de cien veces habla del castigo de Dios, y como
podemos evitar esos castigos. Nosotros, todo ser humano hemos sido creados para
la inmortalidad, y la eternidad junto a Dios la debemos comenzar
inmediatamente, bueno, ya que es que teníamos que haber comenzado desde todos
nuestros años pasados, desde que el Señor nos ha llamado a conversión, aunque
algunos hayamos tenido la desdicha de no vivir en el pasado en santidad, desde
el momento en que tenemos la seguridad de que Dios siempre ha estado a nuestro
lado, porque nos ama, debemos perseverar en el fiel cumplimiento de su
Santísima Voluntad.
Veamos este ejemplo, los
peligros gravísimos que acarrean los abusos a la Divina Misericordia de Dios.
La ingratitud de
Udon
Tritenio, Canisio y otros
refieren que en Magdeburgo, ciudad de la Sajonia, había un hombre llamado Udon,
el cual siendo joven fue de tan cortos alcances que era la burla de sus
condiscípulos. Hallándose un día muy afligido por su incapacidad, fue a encomendarse
a la Virgen Santísima delante de una imagen suya, María se le apareció en
sueños y le dijo: «Udon, te quiero consolar, y no solamente te quiero
alcanzar de Dios la sabiduría suficiente para librarte de las burlas, sino
también un talento tan grande que cause admiración. Además te prometo que
cuando haya muerto el obispo serás elegido en su lugar». Todo se efectuó
como dijo María: progresó luego en las ciencias, y obtuvo el obispado de
aquella ciudad. Pero Udon fue tan desagradecido con Dios y su Bienhechora
que dejando toda devoción llegó a ser el escándalo de todos. Mientras
una noche estaba en la cama con una sacrílega compañera, oyó una voz que le
dijo: “Udon cesa de divertirte en ofensa de Dios, bastante ha durado esto”
La primera vez que oyó estas palabras se enojó pensando que sería algún hombre
que pretendía corregirle; pero viendo que las repitieron en la segunda y
tercera noche, empezó a recelar que aquella voz fuese del cielo. A
pesar de esto continuó en su mala vida; más, después de tres
meses que Dios le concedió para que se arrepintiera, he aquí el
castigo que sufrió. Se hallaba una noche en la iglesia de San Mauricio un
devoto canónigo llamado Federico, rogando a Dios que se dignase poner remedio
al escándalo que daba el prelado, cuando he aquí que se abrió la puerta
de la iglesia empujada por un fuerte viento. Luego entraron dos
jóvenes con antorchas encendidas en las manos, y se colocaron a los lados del
altar mayor, entraron después otros dos, los cuales tendieron un tapete delante
del mismo altar y pusieron sobre de él dos sillas de oro. Entró luego otro
joven en traje de militar en espada en mano, el cual deteniéndose en medio de
la Iglesia gritó: «¡Oh, Santos del cielo que tenéis vuestras sagradas
reliquias en esta iglesia, venid a pronunciar la gran justicia que hará el
Supremo Juez!» A estas voces aparecieron muchos santos, y también los
doce Apóstoles como asesores de este juicio, y en fin entró Jesucristo, quien
se sentó en una de aquellas dos sillas. Después apareció María acompañada de
muchas santas vírgenes, y el Hijo la hizo sentar en la otra silla. Entonces
ordenó que trajesen el reo, que era el desdichado Udon. San Mauricio habló
pidiendo justicia de parte de aquel pueblo escandalizado por su vida infame. Todos
levantaron la voz diciendo: «Señor, merece la muerte» «Que muera, pues», dijo
el Juez eterno. Más antes de que ejecutase la sentencia (véase cuan grande es
la piedad de María), la compasiva Madre salió de la iglesia para no asistir
a un acto de justicia tan tremendo: y luego el celestial ministro de la
espada que entró con los primeros se acercó a Udon, le hizo saltar de un golpe
la cabeza del cuerpo, y desapareció la visión. La Iglesia se hallaba a oscura;
y cuando el canónigo iba temblando a encender luz a una lámpara, se volvió y
vio el cuerpo de Udon sin cabeza, y el cielo todo ensangrentado. Habiendo
amanecido, el pueblo acudió a la iglesia, y el canónigo le refirió toda la
visión y el final de aquella horrible tragedia. En el mismo día el infeliz Udon
condenado, apareció a un capellán suyo que ignoraba todo lo que había pasado en
la iglesia. El cadáver de Udon fue echado a una laguna, y su sangre quedó para
perpetua memoria en el pavimento de la iglesia, que está cubierto siempre con
una alfombra, y desde entonces se acostumbra levantarlo cuando toma posesión el
nuevo obispo, a fin de que a la vista de semejante castigo piense en arreglar
bien su vida, y en no ser ingrato a las gracias del Señor y de su Santísima
Madre. (San Alfonso María de Ligorio, «Las glorias de María» T. II.
Discurso II, punto 2, página 53. Editorial Apostolado Mariano. Sevilla).
**************
No hubo piedad para Udon, la
Santísima Virgen María no intercedió por el ingrato, los santos suplicaron
venganza contra el injusto. El canónigo había rogado a Dios que pusiera fin a
tan horrendo escándalo, y todo el pueblo…
«Dijo [Jesús] a
sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por
quien vienen!» (Lc 17, 1)
«No deis escándalo ni a
judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios »(1 Cor. 11, 32)
No nos alarmemos, pues en
una ocasión, compartí hace años, este ejemplo de Udon, y hubo quienes no
llegaron a comprender el sentido. Y comenzaron a sembrar cizaña con
insultos.
Cuando el pastor que debe ser responsable, solo a la Voluntad de Dios, si se aparta de Él, ya no tendrá piedad.
El pecador si se aparta del
camino de la piedad y de la santidad, está rompiendo con los lazos de salvación
que Jesucristo nos enseña y a por medio de María Santísima. Ni a Cristo Jesús,
ni a María Santísima le agrada la perdición de las almas, lo leemos en las
Santas Escrituras, acordémonos las lágrimas de sangre que Jesús derramó antes
de ser detenido y luego darle muerte. Nuestros pecados nos embrutecen, nos
deshumaniza totalmente, el pecado mortal vuelve a la persona como una bestia
infernal, las impurezas es un desprecio a la bondad de Dios, es despreciar la
intercesión de la Santísima Madre de Dios. Nadie en el mundo obligó a Udon a
ser castigado. Pero Udon no es un único personaje, puede ser
cualquiera que haga oídos sordos a la voz de Dios. Cuando la devoción a la
Santísima Madre de Dios, no hay sinceridad, no hay deseo de conversión, la
situación personal puede agravar por momentos.
En este relato, vemos
también un fuerte viento, advertencia del Señor. Los fuertes
vientos, huracanes, o los terremotos, las inundaciones, etc. no son
nada graves en comparación con un solo pecado mortal.
Ojalá escuchéis hoy la voz
del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.» (Salmo 95 (94),
8)
Udon no quiso escuchar la
voz del Señor y endureció su corazón, esto sucede con todos los pecadores.
Cuando no oramos, o lo hacemos atropelladamente, cuando no meditamos, cuando
echamos a perder nuestra vida con los entretenimientos mundanos, los
pensamientos impuros, un sin fin de cosas que gravemente perjudica nuestra
vida, apartándola de Dios bruscamente, cuando nos dejamos seducir por la mundanidad. Udon tuvo
la oportunidad de arrepentirse, pero no lo hizo. Desde lo más alto, se
lanzó a lo más bajo e inmundo, por la impureza.
Cuando un alma se consagra al Señor y comete pecado mortal, San Alfonso María
de Ligorio, dice que es más fácil que se convierta un cristiano vicioso que un
sacerdote impuro.
La impureza no
se relaciona con la salvación de las almas. La costumbre de pecar, aparta al
alma del temor de Dios, que ni siquiera ya hacen caso de las advertencias del
castigo.
En otras reflexiones sobre
los castigos de Dios, si no son seguidos, nos ayudará a no dejarnos engañar por
aquellos corazones duros y mal dispuesto que dicen "Dios no castiga",
y el diablo está desesperado, está que le rechina los dientes, porque no todos
caen en esta mentira. Y si se habla sobre los castigos de Dios, es para que
vivamos en Gracia de Dios, no una vida mundana, que nos hace miopes y hasta
ciegos.
Pero hemos de tener el convencimiento, que mientras perseveremos en la Voluntad
de Dios, siempre, viviendo en su Gracia Divina, aunque tengamos debilidades, no
debemos procurar la desgracia del pecado mortal.
Cuando escuchamos la voz del Señor comenzamos a hacer mucha limpieza en nuestro
interior, y el Señor nos va ayudando, no podemos ser perezosos. no debemos
serlo para nuestro bien, para nuestra libertad y salvación eterna.
El que se arroja en el pecado mortal, está exigiendo la muerte para sí mismo.
La
pandemia del Covid-19 también es otra llamada a la conversión del corazón, por
lo que el cristiano debe ordenar sus pensamientos hacia Dios, y de ningún modo
parecerse a aquel infeliz Udón, ni tampoco a Salomón y tantos otros, que no
quisieron escuchar la voz del Señor que les llamaba al arrepentimiento.
Tampoco se debe maldecir a esta pandemia,
pero son muchos que no se convertirán, no se arrepienten de sus pecados. Pues
habiendo sobrevivido, si retornan a sus vicios y pecados, son abandonados
definitivamente de Dios, y entran en la segunda muerte, que son los tormentos
del infierno.
La Santísima Virgen María siempre
intercede por los pecadores que acuden a ella, con el propósito de no volver al
pecado. Pero si no obedecen al Señor. La Virgen María no siempre va a
interceder, porque el pecador ama más sus vicios y pecados, y rechazan todas
las oportunidades que se le ha presentado.
Terminan abandonados de Dios, las almas
que se entrega a la idolatría, al adulterio, al paganismo.
Muchos consagrados habiendo perdido de vista la Palabra de Dios, por tanto, se rebelan contra la Voluntad de Dios, cuando piensan que la pandemia es lo peor. No es así, pues existe algo terriblemente más peligroso que todas las plagas y pandemias juntas, que es el pecado, por lo que el ser humano, no teme ser contagiado con la peste infernal. Y se complacen en ofender a Dios con sus vicios y pecados, la pandemia precisamente es un instrumento de justicia.
No sabemos ni el día ni la hora en que vendrá el Señor, y mientras que el mundo, es decir, la sociedad tan enemistada con el Señor, se llenará de inmenso terror, de ahogo, de desesperación, porque conocerá la realidad de lo que es la eternidad, que no todo acaba con la muerte en este mundo, que aquellos que rechazando toda exhortación de la Santa Iglesia Católica de Tradición Apostólica, desearán querido no haber nacido. Pero los que obraron conforme a la Voluntad de Dios, renunciando a sus pecados y vicios, comenzaron a vivir y perseverar en la Voluntad de Dios, se llenarán de alegría.
Cuando vemos signos de los tiempos, la hemos de examinar cuidadosamente, para que el demonio no se burle de nosotros por medio de otros mal intencionados. Pero esta vez, que esas imágenes en el cielo son reales. Algunas veces he visto extrañas formaciones entre las nubes. Por lo que no debo permanecer indiferente tampoco.
Como expuse el ejemplo de Udon, con su mal ejemplo. También Salomón ofendió gravemente a Dios, que ni siquiera hizo caso cuando el Señor le estaba llamando.
«1El rey Salomón, además de la hija del Faraón, amó a muchas
mujeres extranjeras, moabitas, amonitas, edomitas, sidonías y jeteas, 2de las naciones de que había dicho Yahvé a los hijos de Israel:
'No entréis a ellas, ni entren ellas a vosotros, porque de seguro arrastrarán
vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se unió Salomón con amor.
3Tuvo setecientas mujeres de sangre real y trescientas
concubinas, y las mujeres torcieron su corazón. 4Cuando envejeció Salomón, sus mujeres arrastraron su corazón
hacia los dioses ajenos; y no era su corazón enteramente de Yahvé, su Dios,
como lo había sido el de David, su padre;'5y se fue Salomón tras de Astarté, diosa de los sidonios, y tras
de Milcom, abominación de los amonitas;' 6e hizo Salomón el mal a los ojos de Yahvé, y no siguió
enteramente a Yahvé, como David, su padre. 7Entonces edificó Salomón, en la montaña que está frente a
Jerusalén, un excelso a Gamos, abominación de Moab, y a Milcom, abominación de
los hijos de Amón;' 8y de modo semejante hizo para todas sus mujeres extranjeras, que
allí quemaban perfumes y sacrificaban a sus dioses. 9Se irritó Yahvé contra Salomón porque había apartado su corazón
de Yahvé, Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces 10y le había mandado, cuanto a esto, que no se fuese tras los
dioses ajenos; pero él no siguió lo que Yahvé le había mandado.' 11Yahvé dijo a Salomón: “Pues que así has obrado y has roto mi
alianza y las leyes que yo te había prescrito, yo romperé de sobre ti tu reino
y se lo entregaré a un siervo tuyo. » (1º. Reyes 11,1-13) (Sagrada
Biblia Nácar-Colunga)
Es muy peligroso ser popular, estar en el poder, ya se cree que se tiene derecho para hacer todo lo que uno quiera hacer, que no será castigado. Los pactos con los paganos, con los políticos que no aceptan a Dios, llevarse bien, para evitar problemas, la familiaridad con personas libertinas. Esto empuja a la perdición, a ser abandonado a los deseos desordenados del corazón, el amor al mundo.
Los cristianos deben obedecer a Dios por encima de otros mandatos que alejan de Dios. Pues el que obedece a Dios, siempre obedecerá las leyes justas.
Cuando Bergoglio sigue insistiendo en las costumbres paganas, es porque ya tiene su corazón apartado de Dios. Y muchos bautizados tienen a Bergoglio como la persona más importante, en contra de los Santos Mandamientos de Dios. Así no podemos salvarnos. Son signos en los cielos, que nos habla de que el Juicio de Dios ha comenzado al mundo entero, y ha comenzado por la Casa de Dios que es la Iglesia. Son muchos los pastores que en vano vinieron a este mundo. Son muchos sacerdotes que han fallecido por el Covid-19. En el Juicio de Dios sigue al momento, el juicio al mundo. Pero ahora, la Justicia de Dios, de nuevo está obrando, para salvación de unos, y castigos de otros. Cuando el seminarista, el sacerdote, obispo, cardenal, o quien ocupe desordenadamente la Sucesión de Pedro, no está con Dios. Ya sea el religioso, la religiosa que no obedece los votos prometidos a Cristo. Nuestro corazón debe ser enteramente para Yahvé nuestro Señor, si hay cosas terrenales, no debemos consentir que sean nuestros dominadores.