domingo, 26 de julio de 2026

San Lucas, XIX, 41-44. Llanto por Jerusalen


Domingo XIX después de Pentecostés 


Biblia comentada por los profesores de Salamanca

 San Lucas, XIX

Llanto sobre Jerusalén, 19:41-44.


41 Así que estuvo cerca, al ver la ciudad, lloró sobre ella, diciendo: 42 ¡Si al menos en este día conocieras lo que hace a la paz tuya! Pero ahora está oculto a tus ojos. 43 Porque días vendrán sobre ti, y te rodearán de trincheras tus enemigos, y te cercarán, y te estrecharán por todas partes, 44 y te abatirán al suelo a ti y a los hijos que tienes dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra por no haber conocido el tiempo de tu visitación.

 

Comentario Bíblico

 

Propio de Lucas. Al bajar el monte de los Olivos, ya acercándose a Jerusalén, y contemplarla, y enfrente el templo herodiano, "lloró" a causa de la ciudad. Lc acompañaban la aclamación de sus discípulos y gentes galileas y algunos judíos. Pero veía lo que le aguardaba a Él y a ella. ¡Si Jerusalén hubiese conocido "en este día," como extrema tabla de salvación, toda la misión de paz mesiánica que El le traía! Pero eran muchas las pasiones que estaban en juego contra El. Y la historia de un pueblo que esperaba al Mesías para su gloria y su paz, cuando éste llegó., lo va a crucificar. Es lo que el Señor ve y por lo que derrama sus lágrimas. Pero con ellas, como garantía de su verdad, da la profecía de su castigo. Es la catástrofe de Jerusalén en el año 70.

La descripción, detallista, no supone, parece, el cumplimiento de la ruina de Jerusalén para su descripción. Son los elementos usuales para la descripción del asedio de una ciudad. Algo semejante se encuentra en Isaías para hablar del asedio de Jerusalén por los asirios (Is 29:3-7) 6, y más aún en Ezequiel (4:2.3). Si hubiera sido redactado literariamente este pasaje después de los hechos — no en sentido profético de Cristo — , posiblemente hubiera tenido una descripción más vivida, y concretamente el "incendio" del templo. Es posible objeción a la fecha de la composición de este evangelio. Cabría, sin embargo, que procediese el relato de una "fuente" anterior y que se hubiese respetado e incorporado, o por querer respetar el estilo "profético" con clisés tradicionales. En todo caso es discutible su valoración.

La descripción de esta catástrofe en Flavio Josefo y la arqueología han probado la verdad del mensaje profético del Señor.

Todo ello por "no haber conocido el tiempo de su visitación." "La visita de Dios" es frase frecuente en el A.T. para indicar castigos o premios. El "tiempo de su visitación" es todo el período mesiánico de Cristo, de enseñanza y milagros, en Galilea y Judea, en sus repercusiones en Jerusalén, y, más en concreto, sus "visitas" — enseñanzas y milagros mesiánicos — en Jerusalén (= paz).

 

 Comento: La visita del Señor siempre la debemos tener muy presente, no solamente cuando estamos en oración, o le recibimos cuando nos alimentamos con la Sagrada Eucaristía, cuando estamos en adoración. Y rezamos nuestras devociones: el Santo Rosario, las novenas en su tiempo. Son visitas en que nos preparamos nuestro corazón todos los días, el Señor no se separa de nosotros.

 El Señor quiere vernos limpios, perfectos y santos, y aún en las adversidades, los tropiezos que el enemigo quiere provocarnos, nosotros estamos firmes en la fe, en el Señor.

 Son numerosos los bautizados que no reconocen la presencia del Señor, lo mismo van a Misa que luego se divierten en cualquier deporte y otros lazos del demonio; bailes, juegos, disfraces, conversaciones y cantos mundanos, profanos. El Señor nos advierte que estos graves peligros para el alma no acaban bien.

 Iesus lloró, se lamentó por Jerusalén, la terrible tragedia que se acercaba, se olvidaba de Elohim para imitar conductas del paganismo.

Iesus llora, por esas almas que prefieren las diversiones terrenales, y abandonan la oración y la penitencia, por amor al mundo el alma se pierde y se enemista con Dios.

 Los paganos en la actualidad, hacen la guerra a Israel, y los enemigos, el mundo no encuentra el remedio de la paz. El príncipe de este mundo es el Maligno. Si aceptaran a Cristo y le obedeciesen, el enemigo acabaría derrotado.

No tiene poder el demonio cuando deseamos que el Hijo de Dios esté con nosotros y le obedecemos con pureza de corazón. Pero el alma que no busca al Señor se hunde en sus propias miserias. 

¡Oh alma cristiana, si supieras que es lo que te conduce a la paz, al amor de Dios, es Hijo de Dios, es Dios mismo. El Señor nos llama a que le aceptemos a Él. Pues el mundo esclaviza a sus amadores, a sus seguidores, y los arruina por completo. 

La castidad cristiana

12“Todo me es lícito”; pero no todo conviene. “Todo me es lícito”; pero yo no dejaré que nada me domine. 13*“Los alimentos son para el vientre y el vientre para los alimentos”; pero Dios destruirá el uno y los otros. En tanto que el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. 14Y Dios, así como resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros por su poder.

15¿No sabéis acaso que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré pues los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una ramera? Tal cosa ¡jamás! 16¿Ignoráis que quien se junta con una ramera, un cuerpo es (con ella) porque dice (la Escritura): “Los dos serán una carne”? 17*Pero quien se allega al Señor, un mismo espíritu es (con Él). 18Huíd de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre, queda fuera del cuerpo, más el que fornica, contra su mismo cuerpo peca. 19*¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios, y que ya no os pertenecéis a vosotros? 20*Porque fuisteis comprados por un precio (grande). Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo. 

 

Todo es lícito menos el pecado que ofende a Dios. San Pablo se refiere a los alimentos, pero en la actualidad hay algo más. Pues se extiende a lo que dicen los herejes protestantes y de otras sectas, "Dios no mira como eres", y el que lo dice lleva tatuajes, porque así intenta consolarse por los engaños del demonio, tranquilizar la mala y corrompida conciencia. Los tatuajes son lepras de pecados mortales. Claro, no son verdaderos creyentes. Viven y mueren en el pecado. 

Considerando otros detalles, peca gravemente contra sí mismo, el que se tatúa, pues esto es alianza y comunión con los espíritus malignos, del mismo modo profana el templo del Espíritu Santo el que fuma y se droga.

No nos pertenecemos, y no debemos hacer con nuestro cuerpo nada de aquello que son sugestiones del demonio, como los tatuajes, etc. Son cuevas de demonios con sus vicios y pecados.

Lo que muchas almas creen que es licito, terminan por los abusos terribles arruinando su alma. No todo vale. El vicio del fumar es otra forma de destruir la pureza del cuerpo, dejando de ser templo del Espiritu Santo y en su lugar pone una cueva de demonios. 

 

En 1 Corintios 3, 16-17, . 16¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros.

Comentario bíblico.

* 17. El Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros (versículo 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro y piedras preciosas (versículo 12). “Destruye, pues, el templo de Dios quien prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”.

 

 

Nadie tiene derecho a manipular el propio cuerpo para el vicio ni el pecado, el que comete esta maldad no puede salvarse, arrastrará su pecado consigo mismo y el Señor lo castigará eternamente.

Dios es nuestro creador, y la creación del Señor es perfecta. Pero la manipulación humana está cargada de corrupción, defectos, y deformaciones en todos los sentidos, y me refiero a los medicamentos de los ateos.

 

 



Notas Bíblicas

* 13 ss. Decían algunos, a la manera de los materialistas modernos: fornicación y lujuria son cosas tan naturales y necesarias como satisfacer las exigencias del estómago. A ellos responde el Apóstol: En verdad el estómago es para los manjares, pero el cuerpo, como templo del Espíritu santo (versículo 19), está destinado para la gloria eterna. La Iglesia rechaza, por consiguiente, el culto de la carne, tan fomentado en los teatros y en la literatura, y esto no porque desprecie el cuerpo (Colosenses 2, 16 y nota), sino porque respeta la dignidad del mismo. “Si tú dices: tengo derecho a llevar una vida regalada y entre placeres, te responde el Apóstol: Ya no eres hombre libre y dueño de ti mismo; ya eres esclavo del regalo y del placer” (San Crisóstomo). El cuerpo es para el Señor, etc.: Es decir, para hacerse uno mismo con Cristo, como miembro de Él. Véase Ezequiel 18, 4 y nota. Y Él es para el cuerpo, pues será Él quien lo resucitará y glorificará. Cf. Filipenses 3, 20 s.

* 17. Un mismo espíritu, por participar de la divina naturaleza mediante la gracia. Cf. 6. 23; II Pedro 1, 4. “De la naturaleza del amor es transformar al amante en el amado; por consiguiente, si amamos lo vil y caduco nos hacemos viles e inestables... Si amamos a Dios nos hacemos divinos” (Santo Tomás).

* 19. “La impureza es un materialismo grosero, un sacrilegio que deshonra los miembros de Cristo, una degradación del propio cuerpo, una profanación que viola el templo del Espíritu Santo, una injusticia que desconoce los derechos de Cristo sobre nosotros” (Bover).

* 20. Por un precio grande: El texto dice solamente: por un precio: el Apóstol quiere recalcar que en esa compra el precio fue enteramente pagado, de modo que no puede dudarse que ya no somos nuestros. Véase en 7, 23, cómo insiste en esa misma verdad para convencernos de que no podemos esclavizar tampoco a otros hombres. “No contento con purificarnos, el Salvador nos ha enriquecido, pues nos mereció con su muerte la gracia santificante y la felicidad celeste. Por lo tanto, considerando que la Sangre de Cristo ha sido el precio de nuestro rescate, ¿no nos sentimos inducidos a guardarnos más cuidadosamente de toda caída?” (Santo Tomás).

Comento: La visita del Señor siempre la debemos tener muy presente, no solamente cuando estamos en oración, o le recibimos cuando nos alimentamos con la Sagrada Eucaristía, cuando estamos en adoración. Y rezamos nuestras devociones: el Santo Rosario, las novenas en su tiempo. Son visitas en que nos preparamos nuestro corazón todos los días, el Señor no se separa de nosotros. 

El Señor quiere vernos limpios, perfectos y santos, y aún en las adversidades, los tropiezos que el enemigo quiere provocarnos, nosotros estamos firmes en la fe, en el Señor.

 Son numerosos los bautizados que no reconocen la presencia del Señor, lo mismo van a Misa que luego se divierten en cualquier deporte y otros lazos del demonio; bailes, juegos, disfraces, conversaciones y cantos mundanos, profanos. El Señor nos advierte que estos graves peligros para el alma no acaban bien.

 Iesus lloró, se lamentó por Jerusalén, la terrible tragedia que se acercaba, se olvidaba de Elohim para imitar conductas del paganismo.

 Los paganos en la actualidad, hacen la guerra a Israel, y los enemigos, el mundo no encuentra el remedio de la paz. El príncipe de este mundo es el Maligno. Si aceptaran a Cristo y le obedeciesen, el enemigo acabaría derrotado.

No tiene poder el demonio cuando deseamos que el Hijo de Dios esté con nosotros y le obedecemos con pureza de corazón. Pero el alma que no busca al Señor se hunde en sus propias miserias.

 

 

 


 

Considerando otros detalles, peca gravemente contra sí mismo, el que se tatúa, pues esto es alianza y comunión con los espíritus malignos, del mismo modo profana el templo del Espíritu Santo el que fuma y se droga. 

No nos pertenecemos, y no debemos hacer con nuestro cuerpo nada de aquello que son sugestiones del demonio, como los tatuajes, etc.

Los pensamientos y actos lujuriosos nunca fueron naturales, 

 

En 1 Corintios III, 16¿No sabéis acaso que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, le destruirá Dios a él; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros.

 

Comentario Bíblico:

* 17. El Espíritu de Dios que nos convierte en templo de Dios, habitando en nosotros (versículo 16), ha de ser nuestro maestro (cf. 2, 12), sin lo cual no podemos entender las cosas de Dios ni, en consecuencia, edificar según ellas con oro y piedras preciosas (versículo 12). “Destruye, pues, el templo de Dios quien prescinde de escuchar como maestro al Espíritu Santo y pretende edificar sobre el fundamento de Cristo, según su propia iniciativa”.

 

 

 

Nadie tiene derecho a manipular el propio cuerpo para el vicio ni el pecado, el que comete esta maldad no puede salvarse, arrastrará su pecado consigo mismo y el Señor lo castigará eternamente.

Dios es nuestro creador, y la creación del Señor es perfecta. Pero la manipulación humana está cargada de corrupción, defectos, y deformaciones en todos los sentidos, y me refiero a los medicamentos de los ateos.



* 13 ss. Decían algunos, a la manera de los materialistas modernos: fornicación y lujuria son cosas tan naturales y necesarias como satisfacer las exigencias del estómago. A ellos responde el Apóstol: En verdad el estómago es para los manjares, pero el cuerpo, como templo del Espíritu santo (versículo 19), está destinado para la gloria eterna. La Iglesia rechaza, por consiguiente, el culto de la carne, tan fomentado en los teatros y en la literatura, y esto no porque desprecie el cuerpo (Colosenses 2, 16 y nota), sino porque respeta la dignidad del mismo. “Si tú dices: tengo derecho a llevar una vida regalada y entre placeres, te responde el Apóstol: Ya no eres hombre libre y dueño de ti mismo; ya eres esclavo del regalo y del placer” (San Crisóstomo). El cuerpo es para el Señor, etc.: Es decir, para hacerse uno mismo con Cristo, como miembro de Él. Véase Ezequiel 18, 4 y nota. Y Él es para el cuerpo, pues será Él quien lo resucitará y glorificará. Cf. Filipenses 3, 20 s.

* 17. Un mismo espíritu, por participar de la divina naturaleza mediante la gracia. Cf. 6. 23; II Pedro 1, 4. “De la naturaleza del amor es transformar al amante en el amado; por consiguiente, si amamos lo vil y caduco nos hacemos viles e inestables... Si amamos a Dios nos hacemos divinos” (Santo Tomás).

* 19. “La impureza es un materialismo grosero, un sacrilegio que deshonra los miembros de Cristo, una degradación del propio cuerpo, una profanación que viola el templo del Espíritu Santo, una injusticia que desconoce los derechos de Cristo sobre nosotros” (Bover).

* 20. Por un precio grande: El texto dice solamente: por un precio: el Apóstol quiere recalcar que en esa compra el precio fue enteramente pagado, de modo que no puede dudarse que ya no somos nuestros. Véase en 7, 23, cómo insiste en esa misma verdad para convencernos de que no podemos esclavizar tampoco a otros hombres. “No contento con purificarnos, el Salvador nos ha enriquecido, pues nos mereció con su muerte la gracia santificante y la felicidad celeste. Por lo tanto, considerando que la Sangre de Cristo ha sido el precio de nuestro rescate, ¿no nos sentimos inducidos a guardarnos más cuidadosamente de toda caída?” (Santo Tomás).

domingo, 19 de julio de 2026

VIII Domingo después de Pentecostés, San Lucas XVI.

 

VIII Domingo después de Pentecostés

Textos sagrados: Sagrada Biblia Straubinger

San Lucas XVI 

1Dijo también, dirigiéndose a sus discípulos: “Había un hombre rico, que tenía un mayordomo. Este le fue denunciado como que dilapidaba sus bienes. 2Lo hizo venir y le dijo: « ¿Qué es eso que oigo de ti? Da cuenta de tu administración, porque ya no puedes ser mayordomo»*[1]. 3Entonces el mayordomo se dijo dentro de sí mismo: « ¿Qué voy a hacer, puesto que mi amo me quita la mayordomía? De cavar no soy capaz; mendigar me da vergüenza. 4Yo sé lo que voy a hacer, para que, cuando sea destituido de la mayordomía, me reciban en sus casas». 5Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: « ¿Cuánto debes a mi amo?» 6*Y él contestó: «Cien barriles de aceite». Le dijo: «Aquí tienes tu vale; siéntate en seguida y escribe cincuenta». 7*Luego dijo a otro: «Y tú, ¿cuánto debes?» Éste le dijo: «Cien medidas de trigo». Le dijo: «Aquí tienes tu vale, escribe ochenta». 8*Y alabó el señor al inicuo mayordomo, porque había obrado sagazmente. Es que los hijos del siglo en sus relaciones con los de su especie, son más listos que los hijos de la luz.

 

San Lucas XVI

Sagrada Biblia Comentada Nácar—Colunga.

 

La trama es sencilla. Un administrador infiel va a ser destituido. Con ello, su fama y porvenir se hunden. La narración no resalta otros detalles intermedios, que podían suponerse; pero son elementos que no interesan a la finalidad propuesta. Este hombre, antes de ir a su dueño a rendir cuentas, se previene para el futuro, haciendo favores con fraude, ya que debe ser hombre débil que no puede ponerse a trabajar, y el mendigar le avergüenza: les rebaja en las cuentas parte de lo que debían.

 


El administrador infiel son los lobos rapaces, usurpadoras de los Apóstoles y de la sucesión del Apóstol Pedro. Obispos que pierden el Reino de Dios por su codicia terrenal que son muchas. Más en los tiempos del conciliábulo Vaticano II, y muchas almas se pierden por las enseñanzas de los pastores.


[1]

*1 Nácar Colunga, Nuevo Testamento, primera edición septiembre 2002:

Segunda impresión, octubre 2010

 

El administrador, cuando se enteró le iba a su cargo razonó así: para otros trabajos no valgo, voy a congraciarme con los que deben algo a mi amo quito la tasa que él había añadido al precio que había puesto su amo, así ganaría amigos entre los deudores de su amo. El amo cuando se enteró de los hechos por el administrador, alabó su astucia.  

Comentario Biblia de Jerusalén, 5ª Edición.

 

16 8 (a) Según la costumbre entonces tolerada en Palestina, el mayordomo tenía derecho a autorizar préstamos de los bienes de su amo y, como no percibía sueldo, a resarcirse aumentando en el recibo la cantidad prestada, para que en el reembolso pudiera beneficiarse de la diferencia como de un excedente que representaba su interés. En el caso presente, sin duda no había prestado en realidad más que cincuenta medidas de aceite y ochenta cargas de trigo; al rebajar el recibo a su cantidad real. no hace más que privarse del beneficio ciertamente usurario que había negociado. Su «injusticia», v. 8, no está, pues, en la reducción de recibos, que no es más que el sacrificio de sus intereses inmediatos. hábil maniobra que su amo puede alabar, sino más bien en las malversaciones anteriores que han motivado su despido v. 1.

 

Mi reflexión, el mayordomo habría añadido un precio distinto al que su amo tenía, encarecer el producto en su propio beneficio.

Hoy día se encarece mucho con el IVA, y los pobres muchas veces no pueden comprar lo necesario en alimentación, Y son malas acciones. Uno compra poca cosa y en el momento de pagarlo, la factura es demasiado alta.

Las personas pobres que van a la compra en supermercados, son victimas de los empresarios codiciosos. Incluso pagar la luz, el agua.

La codicia, la rapiña, la usura, los impuestos son senderos que acaban en ruina eterna. Los prestamos bancarios es el peor de toda codicia. Lo sufren las personas que caen en sus trampas.

Ser piedra de tropiezo para el débil, el alma se perjudica así misma.

 

Notas Straubinger

* 6. El barril corresponde al bat hebreo = 36,4 litros.

* 7. Cien medidas hebreas son 364 hectolitros.

* 8. Los hijos de la luz son los hijos del reino de Dios. Jesús no alaba las malas prácticas del administrador, sino la habilidad en salvar su existencia. Como el administrador asegura su porvenir, así nosotros podemos "atesorar riquezas en el cielo" (Mateo 6, 20) y no hemos de ser menos previsores que él. Aun las “riquezas de iniquidad” han de ser utilizadas para tal fin. Es de notar que no se trata de un simple individuo sino de un mayordomo y que las liberalidades con que se salvó no fueron a costa de sus bienes propios sino a costa de su amo, que es rico y bueno. ¿No hay aquí una enseñanza también para los pastores, de predicar la bondad y la misericordia de Dios, que viene de su amor (Efesios 2, 4), guardándose de “colocar pesadas cargas sobre los hombros de los demás?” (Mateo 23, 4). Cf. Jeremías 23, 33-40 y nota; Catecismo Romano III 2, 36; IV, 9, 7 siguientes