viernes, 26 de junio de 2026

San Lucas XIII, 1-9. La Torre de Siloé

 

Sagrada Biblia Nácar-Colunga comentada por los Profesores de Salamanca

Textos de la Nácar Colunga. Evangelios II

Tomo V, Página 857

Biblioteca de Autores Cristianos, MCML XIV. 



 

Exhortación a la penitencia

San Lucas  XIII, 1-9

1 Por aquel tiempo se presentaron algunos, que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían, 2 y, respondiéndoles, dijo: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los otros por haber padecido todo esto? 3 Yo os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis. 4 Aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre de Siloé y los mató, ¿creéis que eran más culpables que todos los hombres que moran en Jerusalén? 5 Os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis. 6 Y dijo esta parábola: Tenía uno plantada una higuera en su viña y vino en busca del fruto, y no lo halló. 7 Dijo entonces al viñador: Van ya tres años que vengo en busca del fruto de esta higuera y no lo hallo; córtala; ¿por qué ha de ocupar la tierra en balde? 8 Le respondió y dijo: Señor, déjala aún por este año que la cave y la abone, 9 a ver si da fruto para el año que viene; si no, la cortarás.

 

Comentario Bíblico

El relato es propio de Lc. Está reflejando lo que Cristo rechaza, y que era creencia ambiental, incluso reflejada en los evangelios (Jn 9:2-3): que toda desgracia era castigo por un pecado (Jn 9:3).

Y cita dos casos, conocidos sólo por los evangelios. Uno fue una matanza de galileos que hizo Pilato en el templo mientras ofrecían sacrificios. Este tipo de brutalidades cometidas por los procuradores romanos en el templo, lo mismo que por Arquelao o por otros, no eran raros. Se conocen por Josefo varios casos afines l. Y Pilato era capaz de ellos.

También le hablaron de la “torre de Siloé,” que se desplomó y mató a dieciocho personas. En las excavaciones de 1914, Weil ha descubierto los cimientos de una torre en esta zona. Acaso era una de las torres para guardar el acueducto de Siloé.

La respuesta de Cristo hace suponer que la pregunta venía con esta mentalidad. Pero les dice que eso no es verdad: que su muerte no significa culpa, sino planes de Dios (Jn 9:3). No por morir éstos eran más culpables que los demás galileos o gentes de Jerusalén. Pero les hace una gran advertencia: en el plan de Dios hay horas señaladas para el ejercicio de castigos o desgracias colectivas. Por eso, si no hacen penitencia — galileos y jerosolimitanos — , todos perecerán de la misma manera que estos casos que le contaron. Probablemente esta penitencia (μετανοήτε) a que alude sea la rectificación moral de conductas para reconocerle como Mesías. Así el castigo llegó pereciendo Israel en la catástrofe del año 70, con la guerra de Vespasiano y Tito.

El anuncio es plastificado con una parábola. Una higuera infructuosa, que sistemáticamente no daba fruto. La higuera simboliza a Israel (Os 9:10) e incluso al que no da fruto (Jeremías VIII:13). Se la pensó cortar pronto, pero aún hubo paciencia, y se la cultivó con esmero por otro año. Mas no dio fruto. Y hubo que cortarla. Así se trató a Israel, cultivándolo repetidamente con avisos y profetas; luego el Bautista, y, por último, Cristo con su obra de enseñanzas y milagros. Pero Israel, los dirigentes, no le reconocieron por Mesías. Sólo fructificó. la muerte del Mesías. Y así perecieron en la catástrofe el 70 [Vosté Parabolae. (1933) II P.544-561]

A la hora de la inserción aquí por Lc puede tener ya una mayor amplitud “moral.

Podría proceder la parábola como una versión más de las varias que había de la historia de Ahiqar (s.V a.C.). Pero a la hora del kérigma cristiano acaso pudiese tener una parte “alegórica”: los “tres años” (v.7) y el dueño (Κύριε) podría ser Cristo (J. Jeremías).

Lc, que omite la maldición de la higuera estéril, encuentra aquí un equivalente — ¿duplicado? — “Vengo — el Mesías — en busca del fruto de esta higuera y no lo hallo; córtala” (v.7).

   


Mi comentario, 

Nosotros como bautizados, necesitamos sembrar frutos espirituales y no frutos de muerte..

Hay sucesos de que diversas naciones son castigadas con terremotos y otras calamidades mientras se divierten pecando mortalmente. Y son castigos de Dios contra los pecadores, contra naciones pecadoras, y esto lo vemos a la luz de las Santas Escrituras. La creación de Dios nunca fue hecha para el pecado, que es esclavitud en todos los sentidos, por alejarse de Dios y rebelarse contra Él. Y es castigo para unos, pero lección para otros para que no sigan pecando y sean más y más humildes de corazón.

En la Torre de Siloé trabajaban pecadores graves y otros menos graves:

 «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los otros por haber padecido todo esto? Yo os digo que no, y que, si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis» .

Hasta los menos culpables perecerán. Lo que nos hace justo, es hacer penitencia, y la oración y las buenas obras. Ahí es cuando rompemos con los pecados del pasado, y hacernos justos a los ojos de Dios.

La penitencia no da lugar a las diversiones y a los bailes, ni al deporte, ni a los juergos ni a los pecados graves y menos graves. Pues los pecados menos graves atrae para los culpables terrible castigo, pero mayores castigos para los más graves. Al pecador no le da tiempo un arrepentimiento sincero, y mueren angustiados, desesperados, los teólogos y apologistas modernistas, dicen que el ultimo momento, Dios le perdonará, pero han seguido pecando contra la Misericordia de Dios, y esas almas, ven a los demonios que le rodean en su lecho, y aumentan su desesperación.

El que no hace penitencia ni oración se pone de parte del demonio. 

Una gran mayoría de bautizados no se salvan porque son esclavos del pecado, y aman al mundo, rezan por el mundo, y esto ofende gravemente a Dios. Viven según el mundo, atados a las concupiscencias y quieren salvarse, pero conforme a la Santa Escrituras, Dios los rechaza.

En primer lugar Dios no ha creado al mundo para el pecado, sino para salvarnos, pero los malvados al escoger el pecado se olvidaron de que su ciudadanía solamente está en el cielo. El mundo nos aleja de Dios, la amistad con el mundo es enemistad con Dios, la amistad con el mundo, es la amistad con los malos, los herejes, los libertinos, los apóstatas, ateos, sodomitas, con el fraude, los asuntos de la política es un gobiernos sin Dios, etc., porque esto no viene de Dios sino del diablo. Cuanto más tiempo cometan injusticias, más aumenta la pena del castigo. 

Si un gobierno extirpase todo tipo de pecado, y la peor es la blasfemia. Promoviendo principalmente las leyes de Dios, el demonio no tendría ningún poder en esa nación

Otro detalle es que encuentro, que allí donde ha habido terremotos y le seguirá otras calamidades, los que no pierden la vida, tampoco tienen arrepentimientos como las olas gigantescas “Tsunamis” es que esas naciones han quedado desprotegida de toda ayuda de Dios, y están sometidas a la Justicia de Dios, ya que prefirieron la opción del pecado y siendo bautizados.

En las profecías se dice que habrán naciones que desaparecerán del mundo, y esto es verdad, porque leemos en las Santas Escrituras de naciones con grandes riquezas materiales, desaparecieron para siempre, se hundieron en los abismos. Habían rechazado al único Dios en la Santísima Trinidad. Lo mismo que desaparecerán para siempre todos los perseguidores de los hijos de Dios, perseguidores de la Iglesia Católica. 

Lo mismo en los campos con la sequia, granizadas, muchos agricultores son castigados, porque destrozan el cultivo que Dios les ha hecho crecer en su siembra, son desagradecidos con Dios, y por eso, no tienen la ayuda de Dios, y el demonio consigue convencerles a que destruyan todo lo que siembra.

San Isidro Labrador, en las primeras horas de la mañana y todo el día siempre se dedicaba a la oración.

El Señor nos busca, a ver como avanza los frutos buenos, pero el alma al olvidarse de Dios, no tienen en sí frutos de vida eterna, sino de muerte y acaban mal.

Israel cometió el grave pecado, de no reconocer al Mesías, pero es mayor pecado el que aquellos bautizados, que habiendo conocido a Iesus, por la escucha del Evangelio, o que lo han leído alguna vez, cometen apostasía por seducción del enemigo de las almas.  

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