sábado, 27 de junio de 2026 — 15:57:27
Actualmente tenemos un Gran Pontífice, que nos ama y cuida de su Iglesia, nos ha enseñado el camino de la verdad, es el Hijo de Dios. ¡siempre lo hemos tenido! Gracias a la Palabra de Dios, cuando atentamente lo meditamos lo comprendemos.
Los lobos rapaces,
mercenario que se disfrazan de “pontífices” y de “obispos”, ninguno hasta el
presente son siervos de Dios, no son verdaderos sucesores de los Apóstoles.
No sucederán como aquellos que piensan, “es el fin de la Iglesia”, porque la promesa de Dios nos anima:
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Aparición de Cristo resucitado en Galilea, San Mateo, 28:16-20 (Mc 16:15-18). |
Iesus lo es todo para nosotros: Redentor, Salvador, Gran Sacerdote: Gran Pontífice, Gran Obispo. Dios ha escogido a quienes deben ser sucesores de Pedro.
El demonio también ha escogido a algunos de los suyos, por medio de las autoridades masónicas para ser pastores y gobernar el falso conciliabulo vaticano II. Y los hacen obispos, cardenales, falsos pontífices para destrucción de la moral cristiana y la fe, pero no pueden derrotar a la verdadera Iglesia Católica, y en la medida que estos malvados dejan este mundo, nunca llegan al Reino de los cielos. Aunque las autoridades masónicas y ateas infiltrados, lo lleven a los altares, no están en el cielo, ni en el Purgatorio, porque el Señor los ha rechazado para siempre.
El Señor ha escogido a sacerdotes conforme a su Corazón divino, para nuestro bien y salvación, nos encamina hacia Cristo el Sumo Sacerdote y Pontífice. Y oramos por estos siervos de Dios, para que nunca les falten la ayuda y protección de Dios.
No sabemos cuando llegará ese momento tan deseado, y suplicamos al Señor que venga pronto, quedaremos purificados. Pero hemos de prepararnos para la gran ocasión, que no nos engañe el tentador, que también se disfraza del Señor y de los Santos. ¡Ojalá para ese momento estemos preparados en verdad.
Por derecho propio, debemos pensar en el Gran Pontífice. El Buen Pastor de nuestras almas.
Observar todo cuanto nos ha enseñado el Gran Pontífice: Iesus.
Los buenos pastores deben tener las mismas condiciones del Hijo de Dios. Sus mismos intereses, Y el Señor no complacia al mundo, ni a los fariseos hipócritas
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Advertencias dirigidas a los presbíteros, Primera Epístola de San Pedro, 5:1-5. 1 A los
presbíteros que hay entre vosotros los exhorto yo, copresbítero, testigo de
los sufrimientos de Cristo y participante de la gloria que ha de
revelarse: 2 Apacentad el rebaño de Dios que os ha sido
confiado, no por fuerza, sino con blandura, según Dios; ni por sórdido lucro,
sino con prontitud de ánimo; 3 no como dominadores sobre
la heredad, sino sirviendo de ejemplo al rebaño. 4 Así,
al aparecer el Pastor soberano, recibiréis la corona inmarcesible de la
gloria. 5 Igualmente vosotros, los jóvenes, vivid sumisos a los
presbíteros, y todos ceñidos de humildad en el trato mutuo, porque Dios
resiste a los soberbios, y a los humildes da su gracia Comentario
Bíblico: El premio que aguarda a los pastores fieles en el día de la parusía, cuando aparezca el Pastor soberano para juzgar a los vivos y a los muertos, será la corona inmarcesible de la gloria (v.4), es decir, la vida eterna en la gloria del cielo [Cf. 1 Cor 9:25; 2 Tim 4:8; Sant 1:12]. La corona simboliza aquí el premio eterno por los méritos adquiridos en este mundo. Como el griego lleva el artículo, indica que la promesa de una tal corona era conocida de los destinatarios de la epístola [Sant 1:12; 2 Tim 4:8. ]. El título de Pastor soberano tal vez haya sido sugerido por Jn 10:14 [Cf. 1 Pe2:25;Heb 13:20.]. La perspectiva del juicio divino motiva
(ομοίως = “igualmente”) las advertencias que siguen. Los jóvenes, a
los que el apóstol recomienda estar sometidos a los presbíteros, serían,
según varios autores (De Ambroggi, Felten, etc.), los ministros de grado
inferior en la jerarquía de la Iglesia. Sin embargo, a nuestro parecer,
indicarían más bien los simples oficios, por oposición a los pastores,
llamados ancianos (presbíteros) [Cf. 1 Jn 2:12-14]; o
también la gente joven, por oposición a los cristianos adultos. Sabido es que
los jóvenes siempre han sido más inclinados a la independencia, y por eso
necesitan que se les exhorte a la sumisión. Sin embargo, es preciso reconocer
que aquí no se trata de adolescentes contrapuestos a adultos, como en Tit
2:6. |
Cuando nuestros legítimos
pastores nos exhortan, tenemos que obedecer, y así obedecemos al Divino
Maestro.
No necesitamos para nada de esos malos pastores ofenden al Señor, los rechazamos, porque no queremos condenarnos.
Mis ovejas escuchan mi
voz y me siguen , no siguen a los extraños
Los falsos pontífices no siguen a Cristo, pues tienen sus corazones abierto y dispuesto al mundo, simpatizando con brujos, hechiceros. Satanistas (en el caso de Bergoglio y prevost. En extremos son impíos e hipócritas. Hablan de Iesus pero no para llevar almas a Dios. La hipocresia se desborda en todo el falso concilio.
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San Juan X, 1-5: 1*“En
verdad, en verdad, os digo, quien no entra por la puerta en el aprisco de las
ovejas, sino que sube por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. 2Mas
el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas. 3*A
éste le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y él llama por su nombre a
las ovejas propias, y las saca fuera. 4*Cuando
ha hecho salir todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen
porque conocen su voz. 5*Mas al extraño no le seguirán, antes huirán de él, porque no
conocen la voz de los extraños.” San Juan X, 26-30 26Pero
vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. 27Mis ovejas oyen
mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. 28Y Yo les daré vida
eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. 29*Lo
que mi Padre me dio es mayor que todo, y nadie lo puede arrebatar de la mano
de mi Padre. 30*Yo y mi Padre somos uno.” |
Sagrada
Biblia Nácar—Colunga
Biblia comentada, tomo VI, Cristo, Sumo Sacerdote
Celestial
14 Teniendo, pues, un gran Pontífice que
penetró en los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, mantengámonos adheridos a
la confesión de nuestra fe.. 15 No es nuestro Pontífice tal
que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, antes fue tentado en todo a
semejanza nuestra, fuera del pecado. 16 Acerquémonos,
pues, confiadamente al trono de la gracia, a fin de recibir misericordia y
hallar gracia para el oportuno auxilio. Comentario
bíblico: Breve y conmovedora exhortación a la confianza. La idea fundamental es
que, teniendo un tal Pontífice, Jesucristo, Hijo de Dios, que ha entrado ya
en el lugar del descanso e intercede por nosotros ante el trono del Padre, no
deben desanimarnos las dificultades. En este sentido, la presente historia es
conclusión de lo que precede; así lo insinúa, además, la partícula
"pues" del v.14. Sin embargo, no parece caber duda que el autor de
la carta está pensando en ofrecer también una especie de introducción al tema
que va a desarrollar a continuación, el del sacerdocio de Jesucristo. Es
la conocida habilidad para las transiciones, que hemos hecho notar ya en
otras ocasiones (cf. 1:4-5; 2:17-3:2). De Cristo sumo sacerdote se había hablado ya
anteriormente, pero como de pasada (cf. 2:17; 3:1); ahora se va a hablar de modo
amplio y directo a lo largo de varios capítulos. En esta especie de
introducción se le llama "gran sumo sacerdote" (αρχιερέα μέγαν), título de doble grandeza, y se da a entender ya
desde un principio que el santuario donde ejerce su función sacerdotal medianera es el cielo, adonde subió, después
de haber padecido y muerto acá en la
tierra para llevar a cabo la obra redentora (v.14; cf. 1:3; 8:1-5). Se añade que, no obstante su grandeza (v.14), está
lleno de compasión hacia nosotros, dispuesto a ayudarnos en todo, pues en su
misma persona pasó por la prueba de nuestras debilidades, excepto la del
pecado (v.15; cf. 2:17-18). La conclusión, pues, se impone: con la presencia
allí de Jesucristo, acerquémonos con plena confianza al trono de Dios, el
cual será para nosotros, no tribunal de justicia, sino "trono de
gracia," de donde derivarán favores y ayudas para cada ocasión y
circunstancia (v.16). Tal es, en resumen, el contenido de esta perícopa. Añadamos únicamente,
dada su importancia, un breve comentario a la afirmación de que Jesucristo,
nuestro gran sumo sacerdote, fue "tentado en todo (πεπειρασμένον κατά πάντα) a semejanza nuestra,
fuera del pecado” (ν.15). La palabra
"tentación" equivale aquí prácticamente a prueba, que
al fin de cuentas eso es la tentación: algo que pone a prueba las fuerzas y
virtud del hombre (cf. Le 22:28). Jesucristo, igual que nosotros, padeció las
"tentaciones" o pruebas de cansancio, hambre, temor ante el
sufrimiento, etc. (cf. Mt 4:2; Mc 14:33-39; Jn 4:6); incluso fue tentado por
el diablo (cf. Lc 4:13). Sin embargo, cuando se metía de por medio el pecado,
hubo una gran diferencia: la de que El, no solamente no cometió pecado (cf.
Jn 8:46; 2 Cor 5:21; 1 Pe 2:22; 1 Jn 3:5), sino que ni lo podía cometer, y
las tentaciones en este sentido no podían provenir sino del exterior (cf. Mt
4:8-10), nunca de su interior, donde no existía esa lucha entre carne y
espíritu que tantas veces a nosotros nos arrastra al pecado (cf. Gal 5,
16-25). Mas esa "impecabilidad," que le coloca aparte y por encima
de nosotros, en nada disminuía su "compasión de nuestras flaquezas"
(v.15); antes al contrario, más bien la hacía más elevada y pura, ya que
jamás podía mezclarse ahí el egoísmo. |
* 1.
Como expresa la perícopa de este Evangelio en el Domingo del Buen Pastor (II
post Pascua), Jesús habla aquí “a los fariseos”, continuando el discurso
precedente (cf. 9, 4! y nota), cosa que debe tenerse en cuenta para entender
bien este capítulo. La puerta es Jesús (v. 7; 14, 6; cf. Salmo 117, 20 y
nota). Aprisco: corral común donde varios pastores guardan sus rebaños
durante la noche.
* 3.
¿Quién es
este portero tan importante, sino el divino Padre? Él es quien abre la puerta a
las ovejas que van hacia el Buen Pastor. Porque, así como nadie va al
Padre sino por Jesús (14, 6). nadie puede ir a Jesús si el Padre no lo elige
(v. 37) y no lo atrae (6. 44 y 65). Y nótese que
Jesús no sólo es el Pastor bueno (v. 11) sino
que Él es también la puerta (v. 7 ss.). Esa
puerta que el Padre nos abre, es, pues, el mismo Hijo, porque el Padre nos lo
dio para que por Él entremos a la vida (3, 16) y para que Él mismo
sea nuestra vida. Véase 1, 4; I Juan 4,
9; 5, 11-13.
* 4
s. Las almas fieles no pueden desviarse: Jesús las va conduciendo y se
hace oír de ellas en el Evangelio y por su Espíritu. Él es la puerta abierta
que nadie puede cerrar para aquellos que custodian su palabra y no niegan su
Nombre (Apocalipsis 3, 8).
* 5.
¡Privilegio de los que están familiarizados con el lenguaje de Jesús! Él les
promete aquí un instinto sobrenatural que les hará reconocer a los falsos
maestros y huir de ellos. Entonces se explica que puedan “ir y venir” (v. 9),
porque las Palabras del Buen Pastor les habrán dado la libertad, después de
prepararlas para ella, como lo explica Jesús en 8, 31 ss.
* 29.
Esta versión muestra el inmenso aprecio que Jesús hace de nosotros como don que
el Padre le hizo (cf. 11 s.; 17, 9 y 24; Mateo 10, 31, etc.). Otros traducen:
“Mi Padre es mayor que todo”, lo que explicaría por qué nadie podrá
arrebatarnos de su mano. Según otros, lo que mi Padre me dio sería la
naturaleza divina y el poder consiguiente (cf. 17, 22; Mateo 11, 27; 28, 18).
* 30.
El Hijo no está solo para defender el tesoro de las almas que va a redimir con
Su Sangre; está sostenido por el Padre, con quien vive en la unidad de un mismo
Espíritu y a quien hoy ruega por nosotros sin cesar (Hebreos 7, 24 s.).
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