martes, 21 de abril de 2026

Debemos tener horror y rechazo a la blasfemia y a los blasfemos.

 martes, 21 de abril de 2026. 11:05:09

Eclesiástico XXIII, 10-17 

10*Tampoco tomes continuamente en boca el nombre de Dios; ni interpongas los nombres de las cosas santas; porque no quedarás libre de culpa si lo haces.



Straubinger: 
* 10. Vemos, pues, cómo debemos combatir no sólo el vano juramento, sino también la mala costumbre, harto difundida, de mezclar el Nombre de Dios en las expresiones vulgares. Sabido es que los judíos tenían tanto respeto al nombre de Dios, que no se atrevían a pronunciarlo, sino que lo sustituían por otros nombres. Véase Éxodo 3, 14 y nota.


11Pues así como un esclavo sometido a todas horas a examen, nunca está sin cardenales; así todo el que jura y repite aquel nombre, jamás estará limpio de culpa.

12El hombre que jura mucho, se llenará de pecados, y no se apartará de su casa la desgracia.

Mi comentario; debemos obedecer por encima de este mundo, las leyes de Dios, los que son débiles en la fe se someten "bajo juramento", pero seamos fuertes en Nuestro Señor, que no debemos jurar. Pues incluso los mentirosos pueden jurar como si pretendieran dar razón como verdad sus palabras mentirosas. Nosotros nos sometemos a Dios, a su Hijo Nuestro Señor Iesus. Si no nos creen cuando delante del Señor estamos diciendo la verdad, no es culpa nuestra.

13*Porque si no cumple el juramento tendrá sobre sí el delito; y si no hace caso, peca doblemente.

* 13. “Jurar en falso es muy dañoso, jurar con verdad es peligroso; y no jurar es lo seguro” (San Agustín). Igual doctrina se nos enseña sobre los votos en Eclesiastés 5, 3 s. Véase la gran lección de San Pedro en Mateo 26, 35.

14Si ha jurado en vano, no será tenido por inocente; antes bien, lloverán castigos sobre su casa.

15 Hay todavía otro lenguaje que confina con la muerte. Nunca se oiga entre los descendientes de Jacob.

16Así, todas estas cosas estarán lejos de los hombres piadosos, que no se envuelven en semejantes delitos.

17No se acostumbre tu boca al hablar indiscreto; porque siempre va acompañado de la mancha del pecado. 

Comentario Straubinger, Verso * 15. Se refiere a la blasfemia, cuyo nombre los judíos casi no osaban pronunciar, por lo cual decían “bendecir” en vez de maldecir y blasfemar (cf. Job 2, 9; Reyes 21. 13). El castigo de la blasfemia era la pena de muerte (Levítico 24, 14; Mateo 26, 65).

 

Para que no seamos merecedores de la condenación eterna, es necesario alejar de nosotros a todo blasfemo, aunque sea un familiar, de la que tenemos la necesidad de renunciar a tales. 



Mi comentario: Todo el que comete blasfemia, lo tiene por costumbre, al instante se atrae para sí la sentencia condenatoria que ha recibido de Dios. De los blasfemos sea en voz baja o alta, es culpa gravísima. 

Conocí a una persona que para terminar alguna frase de su conversación, en todos los momentos blasfemaba, aunque le intenté corregir, no podía, siempre acababa igual, y se podría decir de este desgraciado, hasta más de mil blasfemia en menos de veinticuatro horas, y así todos los días. 

Solía aconsejar a algunos, que en lugar de ofender a Dios, digan ¡Bendito sea Dios! Pero eran incapaces.

Una mañana después de comprar el pan, me dirigía a casa, un grupo de ciclistas iba por el carril de bicicleta, profirió una terrible blasfemia, comprendí que el demonio habla por boca de ellos, de los blasfemos. Pero grité fuertemente, para que ellos me oyeran: “Bendito sea Dios! Y ciertamente me oyeron, pues vi que uno de ellos giró su cabeza hacia mí. No puede ver a los demás, porque había farolas y árboles. 

Un día intenté corregir a una persona, y fue peor la cosas, pues blasfemaban más fuertemente. 

Por la década de los años 90, siglo XX, mientras yo cogía un atajo para la Misa de las 9:30 de la mañana. Oí a un niño, blasfemar, sin detenerme le decía, que no se debe cometer esas ofensas a Dios, El padre lo oyó, y me respondió que eso era una “cosa normal” y que todo el mundo lo decía, no quise seguir hablando continuaba mi camino a la iglesia. 

Las personas que se acostumbran desde su niñez a blasfemar, lo harán hasta su muerte y estando condenados en el infierno.


33Más no os dejéis seducir: malas compañías corrompen buenas costumbres. 34Reaccionad con rectitud y no pequéis; porque —lo digo para vergüenza vuestra— a algunos les falta conocimiento de Dios

[Iº. Corintios, XV, 33-34] 


 Las blasfemias contra el Espíritu Santo, no son perdonados en la vida presente, ni después de su muerte.  

Los cristianos aprenden la maldad, en cuanto aceptan amistades ateas, heréticas, completamente corrompidos acaban, dejan de orar, de honrar a sus padres, humillan a sus propias familias, padres, hermanos, roban para pertenecer a algun grupo, y no es la maldad que aprendieron dentro de hu buen hogar cristiano, roban a sus propios padres y a otras personas, insultan, y es que cuando se abandona la oración, esos tales se relacionan con demonios visibles e invisibles. 

 Las ofensas contra la Santísima Madre de Dios, son ofensas terribles contra Dios; contra la Santísima Trinidad, ofenden al mismo tiempo al Padre, al Unigénito de Dios y al Espíritu Santo. Es lo que también comprendo.

 En ocasiones no sabemos quienes están en nuestra compañía cuando vamos por la calle, los vecinos, en el mercado o supermercado. Siempre he aborrecido a los blasfemos tal como son aborrecidos por Dios. 

Las lenguas blasfemas son propiedades de los demonios, y no tienen remedio, Dios los rechaza. Y por la justicia divina, no heredan el Reino de los cielos. 

Si tenemos un familiar que blasfema, pasan los años, y nunca se arrepentirán. A la blasfemia le une otros pecados y vicios abominables. 

Si cuando el judío comete blasfema contra el Hijo de Dios, tienen el infierno, sus tormentos eternos asegurado. Sus blasfemias contra el Mesías que vino a salvarnos.

 Pero si un bautizado, blasfema, su pecado es mayor que el de los judíos, y su, castigo será más insoportables. Porque habiendo conocido el Evangelio, habiendo recibido comuniones eucarísticas, se atreven a ofender a Dios. 

Ese bautizado que blasfema, ha renunciado a su fe, a su salvación eterna. La blasfemia no redime, sino que se une con el diablo. Todo pecado rompe con la semejanza con Dios, pero con el arrepentimiento y la penitencia, el alma puede volver a Él, menos el de la blasfemia que garantiza la ruina eterna.

Pero es más importante no cometer ninguna clase de pecado por pequeño que sean. 

He comprendido que los pecados veniales, siempre empuja a pecados mayores, es enseñanza de Santa Teresa de Jesús, de San Agustín y otros santos. 

En la pérdida del sentido del pecado, muchos se condenan. Se comienza por pecados mínimos, se acostumbran a ellos, y luego sigue toda blasfemia que cierra definitivamente la salvación eterna. 
Los cristianos que blasfeman no rezan o rezan mal. Las malas compañías corrompen las buenas costumbres, 

El ecumenismo en sí es una blasfemia y puerta del infierno. 

Son malas compías los herejes, los budistas, los judíos... los mahometanos, el deporte, el cine, el teatro, las manifestaciones callejeras, la política, y todo lo que Dios rechaza y condena. 

Si no se tiene horror a las blasfemias, a las palabras ofensivas, insultos, amenazas, los culpables siempre acaban mal. 

No hay que creer a aquellas personas que si le corrige diga que "se le ha escapado su blasfemia", y engaña porque no quiere perder esa amistad. Pero en su corazón habita el pecado mortal, sin llorar su maldad, sin pasar por el sacramento de la penitencia, sin oración, no hay en tales verdaderos arrepentimiento, no hay dolor en el corazón. Y no se le ha escapado, sino que es la mala costumbre que con frecuencia por su boca y en su corazón, sale las blasfemias. Iesus ya nos avisó, del corazón sale todo lo malo. Por el hecho de no haber guardado, custodiado su corazón en el amor de Dios, y por eso, como la puerta abierta totalmente, el demonio entra y ahí se queda. 

Pero nosotros no caminamos con los blasfemos, sino con los fieles hijos de Dios. Con personas guiadas por el Espíritu Santo, que nos ayudan a vivir conforme a la Voluntad de Dios. 

Las conversaciones de las almas espirituales nunca tiene el menor parecido del lenguaje del mundo, de los hombres corrompidos. 

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