lunes, 3 de agosto de 2020

Mensaje de un sacerdote anónimo



Esta foto no estaba en el contenido del mensaje de un sacerdote anónimo, pero me gustó. Bergoglio llega a rechazar y burlarse del Clero, a despreciar a los sacerdotes con sotana, que tienen verdadero espíritu apostólico. 

MENSAJE ANONIMO DE UN SACERDOTE CATOLICO
"Dios bendiga a los que tengan la paciencia de leer lo que voy a escribir aquí, les ruego una oración.
Después de analizar lo mejor posible la situación actual con la iglesia, diré: se están diciendo y decretando cosas que no deben obedecerse porque no corresponden a la verdad de Dios ni a la misión de la Iglesia, tanto de algunas autoridades civiles como eclesiásticas.
Hablando claro : muchos obispos sacaron decretos que mandan la celebración de la Santa misa sin participación de fieles, de dónde salió eso? Se les olvidó cuál es su misión? Francamente después de revisar seriamente la doctrina oficial de la iglesia (la santa Biblia, Concilio Vaticano II, Código de Derecho Canónico, Catecismo de la Iglesia Católica, y otros) no encuentro ni una sola letra o disposición que faculte a los obispos para emitir decretos que impidan a los fieles participar de la Eucaristía, ni siquiera para circunstancias como las actuales de pandemia. Con tales decretos ellos han cometido un gran abuso de autoridad, han decidido algo contrario a la misión que les compete, porque los verdaderos pastores de almas no harían eso, buscarían otros caminos ciertamente, pero no impedirían el bien de las almas por salvaguardar el cuerpo.
Un reconocimiento merecen aquellos pocos obispos que no han cometido tal irregularidad. Y, qué decir de los sacerdotes? Qué hacen encerrados - la mayoría - muertos de miedo? Los obispos sacan decretos para celebrar misa sin gente y muchos curas 'tan generosos' lo extienden también por su cuenta para no confesar, no bautizar, ni presenciar nupcias, ni salir a visitar a quien lo necesita....
Se les acabó a muchos el entusiasmo por aquello de 'oler a oveja'? Donde quedaron los que tanto hablan de esto? Era solo una emoción que se les esfumó ante el miedo por una pandemia? Se nos ha olvidado el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, él dice: ' quien quiera salvar su vida la perderá y quien la pierda por mi la salvará' pero tal parece que ya hoy, casi nadie está dispuesto a perder la vida para salvar almas, preferimos salvarnos solos que salvarnos con las ovejas, llegará esto realmente a salvación? Qué lástima, se ha quedado Jesús sin amigos dispuestos a dar la vida por él, ya no se le ama tanto como para eso. Él sigue diciendo : por qué tienen miedo hombres de poca fe. Y, las autoridades civiles? En su mayoría incrédulos, masones o ateos declarados, comunistas, o 'creyentes' pero mudos y cobardes. Muchos de ellos miran lo sagrado y la iglesia con desprecio, y en la iglesia esperando que ellos tomen decisiones favorables que den solución a la problemática actual...
La verdad, no me imagino a Jesús esperando decisiones favorables de Poncio Pilato o Herodes, Jesús trabajó una misión nada dependiente de poderes civiles y así debe actuar la iglesia. Pero, que dolor ya no se imita a Jesús, ya no se sabe esperar en él... Hago un llamado a la reflexión. Del poder civil, no mucho se puede esperar, la iglesia es autónoma en sus decisiones. Tenemos que ser valientes, los cobardes no sirven para el Reino de los Cielos.
Yo aprendí muy bien en el seminario que me formó para ser sacerdote y me quedó muy claro en las clases de moral y Derecho Canónico que recibí : que cuando una autoridad eclesiástica o civil manda algo que es contrario a la verdad y al bien de las almas, no podemos obedecer, hay que anteponer objeción de conciencia. Se ha dicho que la obediencia es ciega, pero no es verdad, la obediencia es a Dios y a la verdad y ni Dios ni la verdad son ciegos, al contrario, son luz. No se puede obedecer a los obispos - en este caso - porque han hecho algo contrario a lo que les manda la iglesia, que les dice que 'han de cuidar incesantemente de que los fieles que les están encomendados crezcan en la gracia por la participación en los sacramentos...' (Código de Derecho Canónico, C 387).
Pero ellos, ahora mismo, han impedido a los fieles esta participación, desobedeciendo así a la iglesia de la que son ministros. Un día los príncipes de los sacerdotes hicieron azotar al esposo: Jesucristo, y hoy también los príncipes de los sacerdotes (los obispos) hacen azotar a la esposa: la iglesia. NO SE PUEDE OBEDECER A LOS DESOBEDIENTES, eso no es obediencia, no podemos dejarnos guiar de estos 'príncipes' cuando actúan como ciegos, ya sabemos que iríamos todos al mismo abismo. Salvando, claro está, las pocas excepciones de obispos valientes que no han hecho eso. Por eso reconozco el valor de compañeros párrocos y otros sacerdotes que decididamente han seguido celebrando la Santa Misa y administrando los sacramentos - con los cuidados debidos y el orden preventivo, claro está, porque es necesario el cuidado básico - ya que no se puede detener el trabajo por las almas.
Se que muchos no estarán de acuerdo con esto, pero reto a esos que no están de acuerdo que demuestren, de manera oficial en la doctrina de la iglesia, donde se les manda o permite a los obispos hacer lo que hicieron, dónde se les manda que se escondan llenos de miedo - como apóstoles sin Espíritu Santo - mientras el rebaño que se les encomendó queda confundido y desprotegido....
El que pueda entender que entienda... Les pido siempre oracion por la iglesia, Dios les recompensará. La hermosa Madre del cielo nos proteja a todos. Ave María Purísima...
Si tienes sacerdotes conocidos compártele esto y ora por el. Muchas gracias, bendiciones."

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Reflexión:
Este mensaje anónimo que comienza esta "entrada", aquí arriba, fue compartido en la red social Facebook. Y esta es la reflexión mía que sigue:

Hubo un tiempo, en que muchos le había caído en gracia una frase, que Bergoglio solía decir, y muchos otros cristianos, decían lo mismo: "los pastores con olor a oveja"; "cristianos con olor a oveja"

Ya escribí una reflexión sobre este error: "el cristiano con olor a oveja", pues no es cristiano. Cristianos que quieren parecerse a otros cristianos. El olor a oveja como un rotundo no al amor y a la verdadera misericordia, y sembrar falsas esperanzas. 
Con olor a Cristo: un rotundo sí, porque queremos imitar su ejemplo, en una entrega confiada a Dios Padre, y así no le rechazamos, estamos pendientes de sus palabras de vida eterna. 
De nada ha servido que los lobos rapaces que el cristiano debe tener "olor a oveja", gracias a Dios que por el conocimiento de la Sagrada Biblia, no nos hemos dejado engañar por los ministros del maligno. Ellos han rechazado a Cristo, por eso, que muchos pastores han sembrado: el cierre de las iglesias, la anulación de los sacramentos, y la Jerarquía de la Iglesia Católica debería temer que serán juzgados por el Señor. Pero no tiemblan.

Debemos suplicar al Señor con el corazón humilde, con lágrimas, dolor de corazón que nos ayude, porque estamos rodeados de lobos. De cada cien sacerdotes, no llega a diez que uno es verdadero adorador de Dios, que le ama, que se esfuerza por imitar a Cristo en la mansedumbre y humildad. Son muchos sacerdotes, obispos, cardenales, y solamente un número muy limitado se han tomado en serio su vocación a la santidad y a la salvación de las almas.
Cuando un cristiano se siente maltratado por algún sacerdote, nunca debemos perder la calma, la paz, dejarlo todo en manos de Dios, que el Señor siempre hace maravillas. Sería grave para nosotros, si hacemos lo mismo que hacen con nosotros, los malos modos. No, pues siendo de Cristo debemos imitarle llevando nuestra cruz. Desear la conversión, aunque no siempre llegan a convertirse los sacerdotes. Mucho se puede rezar por los sacerdotes, pero siempre nos vamos a encontrar con algunos que siguen con los mismos errores, que no se convierten, y malo es para ellos si no se convierten. Oramos por los cristianos, pero cada cristiano debe orar y trabajar en la fe por sí mismo, no hay que esperar que otros lo hagan todo por nosotros, mientras apenas dedicamos tiempo para la oración y para el estudio de la Palabra de Dios. Estudiar las Sagradas Escrituras nos puede ayudar a que seamos humildes de corazón, y la oración, para no caer en la vanagloria, y tenemos fuerza para huir de los ruidos de este mundo.
Si ya no encontramos un sacerdote que ofrezca la Comunión en la boca, pues esto es grave ofensa al Señor, el recibirlo en la mano. Pues nos toca la Sagrada Comunión Espiritual, que también es efectiva.
La oración del Santo Rosario, preferiblemente en latín, todos los días, y suplicando al Señor que nos encuentre entre sus elegidos.
Los obispos no pueden obligarnos a comulgar en la mano, pues estaría atentando contra las enseñanzas de la Iglesia Católica, contra el Magisterio. Pero no olvidemos que ya solamente el Señor es quien les juzgará a ellos, nosotros debemos hacer el bien, alejar de nuestro corazón cualquier amargura y resentimiento.

Los cristianos, no pastores del rebaño de Cristo, no religiosos y religiosas. Una vez que han terminado esta etapa de confinamiento, muchos han vuelto a la iglesia, a oír la Santa Misa, pero son muy pocos que han sabido agradecer a Dios, a la Divina Providencia, esta nueva oportunidad. Los que quieren esforzar su vida en torno al Señor, en comunión con Cristo Jesús, con su amor, se les ve recogidos, orando al Señor, no disipándose ni riéndose. Pues en algunos de cuando en cuando, les da por reírse, hablar entre ellos. Siguen sin reconocer la santidad del templo como Casa de Oración, y así se van metiendo en una oscuridad más profunda, la pérdida de la fe. Las malas costumbres que muchos no tienen fuerza por romper, sino que los justifican.

Nosotros no somos de los que desobedecen a la Iglesia, es decir, a la Tradición de la Fe Apostólica del Señor. La desobediencia a los pastores, que no obedecen a Cristo, que no respetan sus intereses, sino las del mundo, los respetos humanos, a estos no les debemos obediencia. 
¿Qué clase de amor tengo al Señor si me entretengo en mí mismo, hablando con otros, o apresurándome a hablar por el teléfono móvil que está sonando? No, aquí no hay ningún amor a Dios, sino una vaciedad espiritual muy profunda que no puede sanar. 
Jesucristo nos ha rescatado, no somos del mundo, como Cristo nunca quiso serlo, tampoco queramos serlo. El que quiere ser del mundo significa oponerse al Reinado de Cristo. 

lunes, 20 de julio de 2020

La fe como un grano de mostaza. (San Mateo 17,14-21)



La fe como un grano de mostaza

Desde que conocí la belleza de la Palabra de Dios, es agradable encontrar las buenas traducciones bíblicas, parecían que todas eran buenas, desgraciadamente no lo son.

Muchas personas piensan que la Biblia de Jerusalén es una de las mejores Biblias, y podría serlo si no hubieran suprimidos algunos versículos que se encuentran a la Biblia de antes del Concilio Vaticano II.

En la edición preparada por la Conferencia Episcopal también le falta algún que otro versículo.

Respecto al ayuno, como remedio para expulsar a espíritus malignos, además de la oración:

Sagrada Biblia Nácar-Colunga (1958)
19Entonces se acercaron los discípulos a Jesús, y aparte le preguntaron, ¿Cómo es que nosotros no hemos podido no hemos podido arrojarle? 20Díjoles, por vuestra poca fe: Porque en verdad os digo que, si tuviereis la fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: vete de aquí para allá, y se iría, y nada os sería imposible. 21Esta especie no puede ser lanzada sino por la oración y el ayuno. (San Mateo 17, 19-21)

 Uno de los problemas es por la poca fe, entonces los espíritus malignos, permanecen ahí, no huyen. Pues la oración sin fe no hace temblar a los demonios, por el contrario, volverán a burlarse.

Cuando el alma recae en las mismas imperfecciones, y no se esfuerza por superarse así mismo, con la ayuda de Dios, el corazón está dividido, en el Señor, y con el mundo y los demonios, o sea, el pecado; la ira, los resentimientos, los malos modos, transgresiones a más de un mandamiento de Dios. Los demonios siguen ahí, sembrando malos pensamientos, y que, si el cristiano consiente, nunca vencerá a la propia tibieza. El cristiano no ha sido redimido para permanecer en la tibieza, sino caminar con Jesús, y poniendo por obra todo cuanto nos enseña en la Sagrada Biblia.

Tener la fe como un grano de mostaza, puede hacer incluso temblar a los espíritus malignos. Pues eso poco, es mucho para vencer el mal, más aún, cuando dejamos crecer esta fe en nuestra vida. El Señor nos dará todo cuánto pidamos, pues cuando pedimos ha de estar muy conforme a la Voluntad de Dios y no según este mundo y las concupiscencias. Conocer bien la Palabra de Dios, poner por obra todas esas enseñanzas que nos ayuda a santificarnos, a renunciar el pecado es conveniente, que las Sagradas Escrituras no supriman ninguno de los versículos.

El versículo 21 falta en la edición de la Conferencia Episcopal Española, ha sido corregido, añadiéndolo en la edición digital.

La cita del versículo 21, falta, pero está el número, en la edición Biblia de Jerusalén. Los lectores que se inician en la Sagrada Biblia, no tendrán en cuenta, y se olvidarán. ¿Qué podría decir el versículo 21?

En la Sagrada Biblia Straubinger, existe tanto la cita con el versículo,

Sagrada Biblia Straubinger:

San Mateo 17,14-21:

14Cuando llegaron a donde estaba la gente, un hombre se aproximó a Él, y, doblando la rodilla, le dijo: 15 “Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y está muy mal; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. 16Lo traje a tus discípulos, y ellos no han podido sanarlo”. 17Le respondió Jesús y dijo: “Oh raza incrédula y perversa, ¿hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os habré de soportar? Traédmelo acá”. 18Le increpó Jesús, y el demonio salió de él, y el niño quedó sano desde aquella hora. 19Entonces los discípulos se llegaron a Jesús, aparte, y le dijeron: “¿Por qué nosotros no hemos podido lanzarlo?” 20Les dijo: “Por vuestra falta de fe. Porque en verdad os digo: Que, si tuviereis fe como un grano de mostaza, diríais a esta montaña: ‘Pásate de aquí, allá’, y se pasaría, y no habría para vosotros cosa imposible”. 21[En cuanto a esta ralea, no se va sino con oración y ayuno.]

Comentario de la Sagrada Biblia Straubinger:

20 s. Falta de fe: en griego apistía. Algunos códices dicen: poca fe (oligopistia). La Vulgata dice: incredulidad. Lo que el Señor agrega en este v. y lo que dijo en el v. 17 parece confirmar esta versión, lo mismo que el paralelo de Lucas 17, 6. El v. 21, que va entre corchetes, falta en el Codex Vaticanus y todo el contexto de este pasaje muestra, como hemos visto, que se trata más bien de una lección de fe. Pásate de aquí allá, etc.: según San Crisóstomo, Cristo quiere enseñarnos la eficacia de la fe que vence todos los obstáculos. Las “montañas” más grandes son las conversiones de almas que Dios permite hacer a aquellos que tienen una fe viva. Cf. Lucas 17, 6.

Vemos aquí (v. 17), que el Señor no se complace en los tibios, estar tanto tiempo con Jesús, pero sin fe, es una desgracia para el alma. No debemos permanecer en nuestra tibieza, y Jesús no sentirá asco de nosotros. 

Cuando vamos a la Santa Misa, pero tratamos con frialdad al Señor, con gran indiferencia, porque cuando el alma comulga, si luego se entretiene en asuntos que nada tiene que ver en la fe. Estamos haciendo las cosas en vano. Hay quienes dicen que el Señor nos ama tal como somos, esto es el pensamiento de cuando no se profundiza la Palabra de Dios, y el demonio nos engaña con lo que es falso: “Dios te ama tal como eres”. El demonio es mentiroso y padre de la mentira.

La fe comienza a partir de un grano de mostaza, pero esta fe siempre la debemos alimentar con la oración, la oración que complace a Dios debe ser completamente espiritual, no palabras vacías.

Las ediciones bíblicas a partir del Concilio Vaticano II ha cambiado con lenguaje modernistas, excepto la de Nácar Colunga, y la Sagrada Biblia Straubinger. Por lo menos, para mí, estas ediciones son las más importantes. Pues aunque en otras ediciones distintas, tampoco explican la ausencia de versículos en las Sagradas Escrituras.

Continuando reflexionando. Ciertamente todo queremos adelantar en la fe, crecer. El Señor nos ayuda a este crecimiento espiritual, y la Santísima Madre de Dios, siempre nos ayuda a perfeccionarnos. Debemos aprovechar el mayor tiempo de cada día, incluso por la noche, o madrugada, para orar con fervor, con devoción. La fe como un grano de mostaza ya es un buen comienzo. Pues hace temblar, como he dicho, y repito, temblar a los demonios.

Si cada bautizado, en todo el mundo, tuviese esta fe, como la de un minúsculo grano de mostaza, no habría pandemia, la caridad sería rebosante en todo el mundo, no habría apostasía ni sectas. Pero en este libre albedrío, Dios permite lo que está sucediendo para nuestra fe y salvación eterna. La pandemia no es causa de desesperación, sino de comprender lo que el Señor nos pide a cada uno de nosotros, es la oración, y cuanto mayor tiempo el alma dedique a orar, no conocerá lo que es el cansancio interior, ni cansará a los demás, más se complacerá en la vida de oración para bien de todos.

Tenemos todos los medios para este crecimiento de nuestra fe, la medida del amor, de la caridad, debe ser como la del mismo Señor Jesucristo. No según nuestra medida. Empezamos con poco, pero el Señor nos ayudará a crecer más y más conforme siempre a la Voluntad de Yahvé, nuestro amado Dios y Padre bueno.    

viernes, 19 de junio de 2020

Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Hoy, 19 de junio es la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y mañana sábado, día 20, la solemnidad del Corazón Inmaculado de María Santísima. Celebrar este tiempo de gracia, estas solemnidades con una vida limpia, intachable a los ojos de Dios, lo necesitamos, y el Señor nos ayudará a que no nos dejemos engañar por el príncipe de las tinieblas.

Estemos prevenidos para que el mal no venga repentinamente sobre nosotros y nos aplaste, que en el momento que notemos su presencia, al instante corramos a los Sagrados Corazones de Jesús y María. 

Un verdadero devoto no sucumbe ante el mal, y en el mal sucumbe cuando la vida es disipada, que las oraciones no tienen orden, que no se ha esforzado el alma, para ser verdaderamente espiritual. Pues con la vida espiritual estamos en comunión con el Señor nuestro Dios. La tibieza llega a atar a los respetos humanos. Los respetos humanos alejan de Dios, numerosas almas se condenan por causa de esos respetos humanos.  





Grande es el Señor, digno de alabanza, y queremos ser agradecidos toda la vida, y por toda la eternidad, pues nos rescató de la esclavitud del pecado, de la esclavitud del mundo, 


OFICIO DE LECTURA - VIERNES DE LA SEMANA XII - TIEMPO ORDINARIO
De la Solemnidad.



  • La devoción al Corazón de Jesús existió ya en los primeros tiempos de la Iglesia, pero en el siglo diecisiete, Nuestro Señor Jesucristo se apareció a Santa Margarita María de Alacoque, en Paray-le-Monial, Francia, solicitando, que se le venerase. Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz, entre tanto le dijo: «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio, de la mayor parte de los hombres no recibe nada más que ingratitud, irreverencia y desprecio, en este sacramento de amor.» 



SEGUNDA LECTURA DEL OFICIO DE LECTURA
LITURGIA DE LAS HORAS. 

De las Obras de san Buenaventura, obispo
(Opúsculo 3, El árbol de la vida, 29-30. 47: Opera omnia 8, 79)



EN TI ESTA LA FUENTE DE LA VIDA


Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuán grande es éste que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de compasión natural, se quebrantan. ¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!

Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán a quien traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar vida eterna.

Levántate, pues, alma amiga de Cristo, y sé la paloma que labra su nido en los agujeros de la peña; sé el pájaro que encuentra su casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.

Corre con vivo deseo a esta fuente de vida y de luz quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:

«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad!

¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!

De ti procede el río que alegra a la ciudad de Dios. Recrea con el agua de este deseable torrente los resecos labios de los sedientos de amor, para que con voz de regocijo y gratitud te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz.»

RESPONSORIO    Sal 102, 2. 4; 33, 9

R. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. * Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.
V. Gustad y ved que bueno es el Señor.
R. Él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura.

Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.

Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:

Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.

A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:

Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.

Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.

Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.

Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.

Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.

Tú vendrás algún día,
como juez universal.

Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.

Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.

La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.

Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.

Sé su pastor,
y guíalos por siempre.

Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.

Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.

Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado. 

ORACIÓN.

OREMOS,
  • Te pedimos, Dios todopoderoso y eterno, que, al celebrar la grandeza del amor que resplandece en el corazón de tu Hijo, recibamos de esta fuente divina gracias cada vez más abundantes. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

Himno Tedeum

A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia santa, extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que vendrás como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.
Te Deum laudámus: te Dóminum confitémur.
Te ætérnum Patrem, omnis terra venerátur.
Tibi omnes ángeli, tibi cæli, et univérsæ potestátes.
Tibi chérubim et séraphim incessábili voce proclámant:
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus Deus Sábaoth.
Pleni sunt cæli et terra maiestátis glóriæ tuæ.
Te gloriósus Apostolórum chorus, te prophetárum laudábilis númerus, te mártirum candidátus laudat exércitus.
Te per orbem terrárum sancta confitétur Ecclésia:
Patrem imménsæ maiestátis, venerádum tuum verum et únicum Fílium: Sanctum quoque Paráclitum Spíritum.
Tu rex glóriæ, Christe.
Tu Patris sempitérnus es Fílius.
Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem, non horruísti Vírginis uterum.
Tu, devícto mortis acúleo, aperuísti credéntibus regna cælórum.
Tu ad déxteram Dei sedes in glória Patris.
Iudex créderis esse ventúrus.
Te ergo quæsumus, tuis fámulis súbveni, quos pretióso sánguine redemisti.Ætérna fac cum Sanctis tuis in glória numerári.
Salvum fac pópulum tuum, Dómine, et bénedic hereditáti tuæ.
Et rege eos, et extólle illos usque in ætérnum.
Per síngulos dies benedícimus te; et laudámus nomen tuum in sæculum, et in sæculum sæculi.
Dignáre, Dómine, die isto sine peccáto nos custodire.
Miserére nostri, Dómine, miserére nostri.
Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos, quemádmodum sperávimus in te.
In te, Dómine, sperávi: non confúndar in ætérnum.

domingo, 24 de mayo de 2020

La ascensión de Jesús a los cielos (Hch 1,1-11)

Feliz Solemnidad de la Ascensión del Señor. 


Ascensión del Señor

 (Hechos de los Apóstoles, 1,1-11)

1 Escribí el primer libro, querido Teófilo, sobre todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por el Espíritu Santo a los apóstoles que él había elegido, fue elevado al cielo. 3 También después de su Pasión, Él se presentó vivo ante ellos con muchas pruebas: se les apareció durante cuarenta días y les habló de lo referente al Reino de Dios. 4 Mientras estaba a la mesa con ellos les mandó no ausentarse de Jerusalén, sino esperar la promesa del Padre:
—La que oísteis de mis labios: 5 que Juan bautizó con agua; vosotros, en cambio, seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días.

Los que estaban reunidos allí le hicieron esta pregunta:
—Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel?

7 Él les contestó:
La iglesia católica celebra la Ascensión del Señor—No es cosa vuestra conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.

Y después de decir esto, mientras ellos lo observaban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos. 10 Estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, cuando se presentaron ante ellos dos hombres con vestiduras blancas 11 que dijeron:



—Hombres de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera a como le habéis visto subir al cielo.




Como en el evangelio (cfr Lc 1,1-4), San Lucas inicia su narración con un prólogo semejante al que empleaban los historiadores profanos. En este segundo volumen de su obra enlaza con los acontecimientos narrados al final del evangelio y comienza a relatar los orígenes y la primera expansión del cristianismo, efectuados con la fuerza del Espíritu Santo, protagonista central de todo el escrito. La dimensión espiritual del libro de los Hechos, que forma una estrecha unidad con el tercer evangelio, encendió el alma de las primeras generaciones cristianas, que vieron en sus páginas la historia fiel y el amoroso actuar divino con el nuevo Israel que es la Iglesia. Así, la forma de narrar de Lucas es la de los historiadores, pero la significación del relato es más profunda: «Los Hechos de los Apóstoles parecen sonar puramente a desnuda historia, y que se limitan a tejer la niñez de la naciente Iglesia; pero, si caemos en la cuenta de que su autor es Lucas, el médico, cuya alabanza se encuentra en el Evangelio (cfr Col 4,14), advertiremos igualmente que todas sus palabras son medicamentos para el alma enferma» (S. Jerónimo, Epistulae 53,9).
«Teófilo» (v. 1), a quien va dedicado el libro, pudo ser un cristiano culto y de posición acomodada. También puede ser una figura literaria, pues el nombre significa «amigo de Dios».
El tercer evangelio narra las apariciones de Jesús resucitado a los discípulos de Emaús y a los Apóstoles, refiriéndolas al mismo día (cfr Lc 24,13.36). Aquí, San Lucas dice que se les apareció «durante cuarenta días» (v. 3). La cifra no es solamente un dato cronológico. El número admite un sentido literal y uno más profundo. Los períodos de cuarenta días o años tienen en la Sagrada Escritura un claro significado salvífico. Son tiempos en los que Dios prepara o lleva a cabo aspectos importantes de su actividad salvadora. El diluvio inundó la tierra durante cuarenta días (Gn 7,17); los israelitas caminaron cuarenta años por el desierto hacia la tierra prometida (Sal 95,10); Moisés permaneció cuarenta días en el monte Sinaí para recibir la revelación de Dios que contenía la Alianza (Ex 24,18); Elías anduvo cuarenta días y cuarenta noches con la fuerza del pan enviado por Dios, hasta llegar a su destino (1 R 19,8); y Nuestro Señor ayunó en el desierto durante cuarenta días como preparación a su vida pública (Mt 4,2).
La pregunta de los Apóstoles (v. 6) indica que todavía piensan en la restauración temporal de la dinastía de David: la esperanza en el Reino parece reducirse para ellos —como para muchos judíos de su tiempo— a la expectación de un dominio nacional judío, bajo el impulso divino, tan amplio y universal como la diáspora. Con su respuesta, el Señor les enseña que tal esperanza es una quimera: los planes de Dios están muy por encima de sus pensamientos; no se trata de una realización política sino de una realidad transformadora del hombre, obra del Espíritu Santo: «Pienso que no comprendían claramente en qué consistía el Reino, pues no habían sido instruidos aún por el Espíritu Santo» (S. Juan Crisóstomo, In Acta Apostolorum 2).
Cuando el Señor corrige a sus discípulos, sí les especifica claramente cuál debe ser su misión: ser testigos suyos hasta los confines de la tierra (v. 8): «El celo por las almas es un mandato amoroso del Señor, que, al subir a su gloria, nos envía como testigos suyos por el orbe entero. Grande es nuestra responsabilidad: porque ser testigo de Cristo supone, antes que nada, procurar comportarnos según su doctrina, luchar para que nuestra conducta recuerde a Jesús, evoque su figura amabilísima» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 122).
Después (vv. 9-11), el Señor asciende a los cielos. Así se explica la situación actual del cuerpo resucitado de Jesús: «La Ascensión de Cristo al Cielo significa su participación, en su Humanidad, en el poder y en la autoridad de Dios mismo. Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. (...) Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia que es su Cuerpo. Elevado al Cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su Iglesia» (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 668-669). [Comentario de la Sagrada Biblia Eunsa, Nuevo Testamento]


Reflexionando:
Mis buenos hermanos, no pertenecemos a la tierra, que como cristianos, no llamamos, "madre tierra", porque no somos idólatras, y no queremos condenarnos. Si Jesucristo, claramente nos dijo, que su reino no es de este mundo, tampoco debe interesarnos el reinado de este mundo, pues va a desaparecer para siempre en el último día. Y los que se han mantenido firmes en Cristo Jesús, permanecerán con el Señor en el tiempo presente y en la eternidad. 

Los problemas de dejar de mirar al cielo, y me refiero sobre todo, cuando hacemos mal nuestras oraciones, el alma comienza a preocuparse de las cosas terrenales, su amor a Dios se enfría y hasta desaparece, y en el peor de los casos, dejan de creer en Dios, no creen en la Palabra de Dios, por eso, no les interesa conocer ni consultar a Dios. La mayoría de los bautizados cuando pierden la fe,  buscan remedios terrenales, como "hay que firmar, buscar firmas para tal propósito...", ya no rezan son sincero corazón. Otros se afanan por las diversiones terrenales, ¡no aman la Palabra de Dios", y aceptan a los pecadores en su pecado, no para corregirlos, sino para hacerse amigo de algún depravado, libertino, blasfemo, etc. tipo de amistad que les preparan la condenación eterna. 

El destino final de cada bautizado, es escoger lo que quiere, la felicidad eterna o los tormentos eternos, siempre ha sido una opción personal y voluntaria. 

Qué importante es mirar al cielo, esperándolo todo en el Señor. Los Apóstoles tenían una misión importante, recordemos el martirio de San Esteban, que estando en la tierra, no dejaba de mirar al cielo, y veía a Jesús a la derecha del cielo. El cielo abierto,

San Esteban
«Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios» 
(Hechos de los Apóstoles 7, 55)

Mirar al cielo, hacer de nuestra vida una posada digna para que el Señor permanezca dentro de nosotros, la Santísima Trinidad. San Esteban, lleno del Espíritu Santo, a pesar de lo terrible del martirio, entró gloriosamente en el Reino de los cielos. 

El alma no se prepara para la vida eterna siempre que comulga poniendo en la mano, pues esto es voluntad ajena a la Voluntad de Dios, y el que no ame sinceramente a Dios recibe sentencia condenatoria. Que lo mismo es una opción personal de la comunión en la mano con relación al castigo eterno. 

Anunciar el Evangelio hasta en los confines de la tierra, y eso estamos haciendo nosotros desde las redes sociales, cuando no buscamos intereses terrenales, sino exclusivamente los de Nuestro Señor Jesucristo. Que en algunas partes del mundo, siempre hay fieles cristianos, fieles cristianas, siempre obedientes a la Voluntad de Dios. 

Es más complicado anunciar el Evangelio desde nuestra propio pueblo, porque no hacen caso del Señor, y eso entre los bautizados. 
Hay cristianos que cuando mostramos la verdad por Internet, también se ríen de nosotros, nos desprecian, nos odian, como lo hicieron con Cristo. Son cristianos en la medida del hombre viejo, o sea, que auténticamente no se les podría decir que son cristianos, porque no llevan ese Espíritu de Dios.

Fue el deseo de Cristo, deseo de Dios, de que el anuncio por la verdad de Jesús, todos los confines de la tierra, la conociera, y actualmente el Evangelio ha sido llevado incluso a los pueblos perdidos, los indígenas, para que los paganos comenzaran una vida de verdad en la fe de Cristo. El Evangelio ha llegado, pero no todo el mundo, no todas las naciones las han aceptado, el que crea se salva, el que no crea, ya está condenado. 

Las promesas del Señor, y Dios nuestro Jesucristo se cumplen siempre, sobre todo el que quiere permanecer todos los días con su Iglesia. A pesar de las dificultades, nuestro Pastor, Jesucristo, siempre está con nosotros, cuando no renunciamos a sus enseñanzas, que perseveramos en la Voluntad de Dios.
Ascendió al cielo, pero no nos dejó huérfanos, (San Juan 14,18). Muchos bautizados sucumben ante la situación de la Iglesia Católica, como si estuvieran abandonados de Dios, pero la realidad, es que ellos se alejaron de Cristo, ignorando sus palabras, y se imaginan que la Iglesia puede desaparecer de un momento a otros, porque no han creído en la Palabra de Dios. Si edifican sobre arena, la situación es demasiado trágica.
Jesús está en nuestro corazón, cuando nos vaciamos de las cosas terrenales, de la mundanidad, de nuestro egoísmo, de nuestra soberbia y malas intenciones. Alejándonos de todo tipo de pecado, murmuración. Las murmuraciones no nos ayudan a tener nuestro corazón bien dispuesto a la Voluntad de Dios. 

Nosotros, como los Apóstoles queremos recibir al Espíritu Santo, pero esto tiene un significado para que suceda esta realidad, que hemos de cortar radicalmente con el espíritu del mundo, que el alma debe arrojar a lo profundo de los abismos, cualquier tipo de idolatría, la abominación del "pachamama", ya que procede del maligno. Eso es opción voluntaria para escoger sentencia condenatoria, pero claro, el tentador le hace pensar que no sucederá tal cosa. 

Meditemos a continuación, lo que el Papa Benedicto XVI, nos enseña la Ascensión del Señor a los cielos.



Solemnidad de la Ascensión del Señor
Cassino, Plaza Miranda
Domingo 24 de mayo de 2009

Queridos hermanos y hermanas:

Queridos hermanos y hermanas:

Fue elevado
«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1, 8). Con estas palabras, Jesús se despide de los Apóstoles, como acabamos de escuchar en la primera lectura. Inmediatamente después, el autor sagrado añade que «fue elevado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9). Es el misterio de la Ascensión, que hoy celebramos solemnemente. Pero ¿qué nos quieren comunicar la Biblia y la liturgia diciendo que Jesús «fue elevado»? El sentido de esta expresión no se comprende a partir de un solo texto, ni siquiera de un solo libro del Nuevo Testamento, sino en la escucha atenta de toda la Sagrada Escritura. En efecto, el uso del verbo “elevar” tiene su origen en el Antiguo Testamento, y se refiere a la toma de posesión de la realeza. Por tanto, la Ascensión de Cristo significa, en primer lugar, la toma de posesión del Hijo del hombre crucificado y resucitado de la realeza de Dios sobre el mundo.

Pero hay un sentido más profundo, que no se percibe en un primer momento. En la página de los Hechos de los Apóstoles se dice ante todo que Jesús «fue elevado» (Hch 1, 9), y luego se añade que «ha sido llevado» (Hch 1, 11). El acontecimiento no se describe como un viaje hacia lo alto, sino como una acción del poder de Dios, que introduce a Jesús en el espacio de la proximidad divina. La presencia de la nube que «lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9) hace referencia a una antiquísima imagen de la teología del Antiguo Testamento, e inserta el relato de la Ascensión en la historia de Dios con Israel, desde la nube del Sinaí y sobre la tienda de la Alianza en el desierto, hasta la nube luminosa sobre el monte de la Transfiguración. Presentar al Señor envuelto en la nube evoca, en definitiva, el mismo misterio expresado por el simbolismo de «sentarse a la derecha de Dios».

Comunión profunda con Jesús
En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El “cielo”, la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros.

Se abren las puertas de la vida eterna
Desde esta perspectiva comprendemos por qué el evangelista san Lucas afirma que, después de la Ascensión, los discípulos volvieron a Jerusalén “con gran gozo” (Lc 24, 52). La causa de su gozo radica en que lo que había acontecido no había sido en realidad una separación, una ausencia permanente del Señor; más aún, en ese momento tenían la certeza de que el Crucificado-Resucitado estaba vivo, y en él se habían abierto para siempre a la humanidad las puertas de Dios, las puertas de la vida eterna. En otras palabras, su Ascensión no implicaba la ausencia temporal del mundo, sino que más bien inauguraba la forma nueva, definitiva y perenne de su presencia, en virtud de su participación en el poder regio de Dios.

Precisamente a sus discípulos, llenos de intrepidez por la fuerza del Espíritu Santo, corresponderá hacer perceptible su presencia con el testimonio, el anuncio y el compromiso misionero. También a nosotros la solemnidad de la Ascensión del Señor debería colmarnos de serenidad y entusiasmo, como sucedió a los Apóstoles, que del Monte de los Olivos se marcharon “con gran gozo”. Al igual que ellos, también nosotros, aceptando la invitación de los “dos hombres vestidos de blanco”, no debemos quedarnos mirando al cielo, sino que, bajo la guía del Espíritu Santo, debemos ir por doquier y proclamar el anuncio salvífico de la muerte y resurrección de Cristo. Nos acompañan y consuelan sus mismas palabras, con las que concluye el Evangelio según san Mateo: “Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20).

Presencia permanente en su Iglesia

Queridos hermanos y hermanas, el carácter histórico del misterio de la resurrección y de la ascensión de Cristo nos ayuda a reconocer y comprender la condición trascendente de la Iglesia, la cual no ha nacido ni vive para suplir la ausencia de su Señor “desaparecido”, sino que, por el contrario, encuentra la razón de su ser y de su misión en la presencia permanente, aunque invisible, de Jesús, una presencia que actúa con la fuerza de su Espíritu. En otras palabras, podríamos decir que la Iglesia no desempeña la función de preparar la vuelta de un Jesús “ausente”, sino que, por el contrario, vive y actúa para proclamar su “presencia gloriosa” de manera histórica y existencial. Desde el día de la Ascensión, toda comunidad cristiana avanza en su camino terreno hacia el cumplimiento de las promesas mesiánicas, alimentándose con la Palabra de Dios y con el Cuerpo y la Sangre de su Señor. Esta es la condición de la Iglesia —nos lo recuerda el concilio Vaticano II—, mientras «prosigue su peregrinación en medio de las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva» (Lumen gentium,8).


Presencia real de Jesús en la historia
Hermanos y hermanas de esta querida comunidad diocesana, la solemnidad de este día nos exhorta a fortalecer nuestra fe en la presencia real de Jesús en la historia; sin él, no podemos realizar nada eficaz en nuestra vida y en nuestro apostolado. Como recuerda el apóstol san Pablo en la segunda lectura, es él quien «dio a unos el ser apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros, (...) en orden a las funciones del ministerio, para edificación del Cuerpo de Cristo» (Ef 4, 11-12), es decir, la Iglesia. Y esto para llegar «a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios» (Ef 4, 13), teniendo todos la vocación común a formar «un solo cuerpo y un solo espíritu, como una sola es la esperanza a la que estamos llamados» (Ef 4, 4). En este marco se coloca mi visita que, como ha recordado vuestro pastor, tiene como fin animaros a «construir, fundar y reedificar» constantemente vuestra comunidad diocesana en Cristo. ¿Cómo? Nos lo indica el mismo san Benito, que en su Regla recomienda no anteponer nada a Cristo: «Christo nihil omnino praeponere» (LXII, 11). [Homilía en la concelebración eucarística de la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Plaza Miranda. Domingo 24 de mayo de 2009]

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No antepongamos nada a Cristo, pues Él expuso su vida al sufrimiento y a la misma muerte, porque nos amó, y cada día siempre hemos de agradecer al Señor todo el bien que nos a hecho, rompiendo nuestras cadenas que estábamos sujetos al pecado. Necesitamos aborrecer nuestro pecados y vicios. 

San Agustín nos enseña lo mismo que San Pío de Pietrelcina, que Jesús continuará sufriendo hasta el fin del mundo. No seamos entonces colaboradores del mal, para que siga sufriendo, tantas almas que se pierden porque rechazaron al Salvador del mundo. El mundo no quiere salvarse, se niega a escuchar la voz de Dios, por lo que ya la tierra entera, se está haciendo pedazos por causa de la corrupción de los pecadores impenitentes.

Liturgia de las Horas, Segunda lectura
San Agustín de Hipona, 
Sermón sobre la Ascensión del Señor (Mai 98, 1-2: PLS 2, 494-495)
Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo
Nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo tal día como hoy; que nuestro corazón ascienda también con él.
Escuchemos al Apóstol: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Y así como él ascendió sin alejarse de nosotros, nosotros estamos ya allí con él, aun cuando todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que nos ha sido prometido.
El fue ya exaltado sobre los cielos; pero sigue padeciendo en la tierra todos los trabajos que nosotros, que 1 somos sus miembros, experimentamos. De lo que dio testimonio cuando exclamó: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Así como: Tuve hambre, y me disteis de comer.
¿Por qué no vamos a esforzarnos sobre la tierra, de modo que gracias a la fe, la esperanza y la caridad, con las que nos unimos con él, descansemos ya con él en los cielos? Mientras él está allí, sigue estando con nosotros; y nosotros, mientras estamos aquí, podemos estar ya con él allí. El está con nosotros por su divinidad, su poder y su amor; nosotros, en cambio, aunque no podemos llevarlo a cabo como él por la divinidad, sí que podemos por el amor hacia él.
No se alejó del cielo, cuando descendió hasta nosotros; ni de nosotros, cuando regresó hasta él. El mismo es quien asegura que estaba allí mientras estaba aquí: Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.
En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: «Así es Cristo», sino: así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros.
Bajó, pues, del cielo, por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la dignidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza.

Homilía de mons. Demetrio Fernández.

"La Eucaristía es el sacramento que nos anticipa el cielo"